Entre los barrios de Ciudad Juárez, donde la música oldies aún despierta recuerdos de tardes tranquilas y reuniones entre vecinos, la cultura pachuco sigue viva como parte de la identidad fronteriza. Para mujeres como Sandra Sánchez Miranda y Claudia García Ramírez, integrantes del colectivo Pachucos Clásicos de Juárez, esta tradición representa historia, comunidad y orgullo por sus raíces.
Inspirada por figuras como Germán Valdés “Tin Tan” y por las raíces mexicoamericanas de los años treinta y cuarenta, la cultura pachuco encontró en la frontera un lugar donde mantenerse presente. En Juárez, los trajes amplios, los sombreros fedora y la música forman parte de una expresión cultural que conecta generaciones. Para quienes la preservan, ser pachuco significa identidad, convivencia de barrio y compromiso con la comunidad que los vio crecer.
Recuerdos de barrio y música oldies
Sandra Sánchez Miranda es miembro activo del grupo Pachucos Clásicos de Juárez, colectivo que busca preservar la tradición y cultura pachuco en la ciudad. Desde niña, su vida estuvo marcada por la convivencia familiar y el ritmo de la música y el baile. Recuerda su infancia en Ciudad Juárez como una época tranquila y llena de alegría: “Tuve una niñez muy bonita. Cuando fuimos creciendo, nuestra vida era mucho baile y también apoyar a la gente”, comenta.

Durante su adolescencia, Sandra frecuentaba lugares emblemáticos en la zona Centro de Juárez, donde acudía a bailar desde su barrio, caminando sin temor y regresando igual, en un tiempo que recuerda como seguro y sin los peligros que hoy caracterizan a la ciudad. Con sus amigos, las tardes se llenaban de música y camaradería en las calles del barrio, consolidando la identidad y la cultura juvenil que más tarde la llevaría a formar parte del colectivo que defiende la herencia pachuco en Juárez.

Cuéntanos sobre tu vida en el barrio, la música que escuchaban y tu familia
“En el barrio nos juntábamos a escuchar música, especialmente en estaciones como La KeBuena y La Pantera, donde sonaban puras canciones oldies que nos transportaban a otra época. Los domingos eran especialmente de convivencia; nos reuníamos con amigos y vecinos, compartiendo risas, charlas y momentos que fortalecían los lazos del barrio. La música oldies no solo acompañaba esos encuentros, sino que marcaba el ritmo de nuestra vida cotidiana, haciendo que cada reunión tuviera un sabor único y lleno de recuerdos que aún hoy permanecen vivos en nuestra memoria.

Tengo hijos; siempre cuento tres, aunque dos viven conmigo y uno ya falleció. Mi hijo mayor tiene 42 años, y el que falleció tenía 38; ya casi se cumplen 10 años desde su partida. También tengo un hijo más joven, que ahora tiene 39 años.
Tengo que decir que soy sobreviviente de cáncer y doy gracias a Dios por esto, y aprovecho para decirle a las mujeres que lo padecen, que tenga fe y que saldrán adelante, que hay que ser siempre positivas”
¿Cómo descubriste y te involucraste en la cultura pachuco?
“Comencé hace unos diez años, motivada por mi pasión por la cultura pachuca. Desde pequeña me interesé por ella, viendo películas de Tin Tan y aprendiendo sobre la historia de los pachucos, una subcultura mexicoamericana de los años 30 y 40, originada en nuestra región y consolidada en Los Ángeles como una forma de resistencia juvenil frente al racismo y la marginación.

Me fascinaba especialmente la vestimenta: los trajes exagerados con sacos largos y hombreras anchas, pantalones de cintura alta, amplios arriba y ceñidos al tobillo, completados con sombreros fedora con pluma, zapatos bicolor, cadenas largas y tirantes. Todo el conjunto me parecía muy elegante y representativo de esta cultura que tanto admiro. A nosotros nos hace la ropa un saste que trabaja en el Mercado Hidalgo, se llama Rafita, él nos hace la ropa a mi esposo y a mí”
¿Qué experiencia tienes al representar la cultura pachuco y cómo reacciona la gente ante su presencia?
“Lo que más me gusta es que la gente nos pide fotografías. Nunca cobramos por tomarnos fotos ni por asistir a eventos; todo lo hacemos de corazón. La gente suele expresar diferentes opiniones, algunas buenas y otras no tanto, pero nuestra intención siempre es colaborar y apoyar a quienes nos invitan.

Participamos en eventos como quermeses o actividades para personas con cáncer, como hoy que iremos a una quermesa en el Mercado Hidalgo. No cobramos ni un peso; consumimos allí y, además, los miembros del grupo hacemos una pequeña aportación que se entrega directamente a quien estamos apoyando. La gente nos responde con gratitud y reconocimiento, y eso nos motiva. Para nosotros, esta labor social tiene mucho más sentido que simplemente caminar por las calles disfrazados; es una manera de servir y acercar la cultura pachuca a la comunidad.
Sandra asegura que lo que le gusta más de la gente de Juárez, es su resiliencia, solidaridad y que es muy trabajadora, cálida y alegre, y por eso se siente orgullosa de la ciudad que habita.
————————-
Herencia familiar y orgullo por la cultura pachuco
Claudia García Ramírez también forma parte del mismo colectivo. Creció en la colonia Anáhuac, donde vivió una niñez tranquila y llena de recuerdos felices. Desde pequeña estuvo rodeada del legado de su padre, un pachuco de toda la vida, y aunque tiene cuatro hermanos, ella fue la única que decidió seguir y preservar esa cultura.

A pesar de la mala fama que históricamente han tenido los pachucos, Claudia recuerda cómo su familia y su comunidad demostraron que no todo lo que se dice sobre ellos es cierto. La vestimenta extravagante y el estilo particular de los pachucos no define su carácter: son personas solidarias, comprometidas con la comunidad y orgullosas de apoyar a quienes lo necesitan. Desde esa experiencia, Claudia ha hecho de su pasión por la cultura pachuco una forma de vida, transmitiendo valores de identidad, respeto y servicio a los demás.
-Cuando eras niña y veías a tu papá vestido de pachuco, tan diferente a los demás, ¿qué pensabas y cómo lo percibías?
“De niña, no me gustaba cómo mi papá se vestía. Me parecía muy diferente a los demás; yo no podía entender cómo la gente se veía ‘normal’ mientras él llamaba tanto la atención con sus pantalones sueltos y sus tablitas. Para mí, era alguien completamente distinto, alguien fuera de lo común.

Mi papá todavía vive y sigue vistiendo como pachuco; actualmente tiene 74 años y mantiene viva la tradición que tanto admiro.”
-¿Qué conoces sobre la cultura pachuco y cómo la entiendes hoy?
“La cultura pachuco viene de Estados Unidos y llegó a Ciudad Juárez a través de personas como Tin Tan, que trajeron este estilo y forma de vida. Al principio no lo entendía; veía a mi papá y pensaba que era raro por cómo se vestía. Ahora sé que ser pachuco no es ser malo ni problemático, como algunos piensan, sino que es una cultura hermosa, llena de historia y orgullo.
Nos reconocen por los trajes amplios, sombreros y zapatos llamativos, pero no se trata solo de vestirse diferente. Ser pachuco significa respetar la historia, apoyar a la comunidad y mantener vivas las tradiciones. Es gente de barrio que celebra su identidad, marcando la moda, la música y la forma de relacionarse en la ciudad.”
***
Claudia tiene dos hijos, quienes siempre han mostrado interés y admiración por su labor como representante de la cultura pachuco. Antes de involucrarse plenamente en este mundo, Claudia trabajó como publicista y relacionista de artistas de Televisión Azteca, experiencia que le ha servido para desenvolverse con naturalidad ante el público.
Sus hijos disfrutan ver cómo su madre interactúa con la gente, se toma fotos con quienes se acercan y comparte la historia de los pachucos. Aunque les atrae su pasión y la forma en que conecta con la comunidad, no sienten interés por vestirse como ella; valoran y respetan la tradición, pero mantienen su propia manera de ser. La influencia de Claudia sobre ellos es más en valores y orgullo por la cultura que en la vestimenta, transmitiéndoles respeto, identidad y compromiso con su comunidad.
***
-Sabemos que ustedes también realizan actividades sociales y participan en eventos para apoyar a personas enfermas o en situación vulnerable. ¿En qué consiste esa labor y qué significa para ti poder ayudar a la comunidad de esa manera?
“Para mí es un orgullo y una gran satisfacción poder ayudar a la gente. Como grupo hemos viajado a diferentes partes del país para apoyar a personas que padecen cáncer y a otras que necesitan ayuda. Muchas veces las familias organizan actividades para recaudar fondos y nosotros acudimos como pachucos para colaborar.

Cada integrante del grupo hace una aportación personal y, cuando la gente se toma fotografías con nosotros, les pedimos que, si pueden, den un apoyo que se destina directamente a la persona que está enferma. También visitamos orfanatos, apoyamos comedores comunitarios y organizamos colectas de juguetes que luego regalamos a niños y familias en el centro de la ciudad.
Todo esto nace del cariño que la gente nos brinda. Nosotros buscamos corresponder de alguna manera y devolver un poco de todo lo que recibimos.

A la gente le diría que no nos vea como personas malas. Los invito a que se acerquen, a que nos conozcan, convivan con nosotros y hasta bailen con nosotros. Aunque es un espacio donde mostramos la cultura pachuco, también es un ambiente abierto para toda la comunidad, para que disfrute y se sienta parte de él.”

