Echémosle un poco al chismesillo literario: el día de ayer, el autor regiomontano David Toscana fue acreedor al premio Alfaguara de novela 2025.
Lo anterior fue celebrado por todos aquellos a quienes nos interesan las letras, ya que David es, con mucho, uno de los mejores escritores mexicanos vivos. Su potencia narrativa y su originalidad hacen incuestionable el fallo y lo colocan como un serio contendiente para galardones más importantes como el Rómulo Gallegos, el Princesa de Asturias o, si me apuran, hasta el Nobel de Literatura (con la ganancia de que Toscana no lo andaría regalando a Trump).
Ahora, el chismesillo: David Toscana es uno de los autores de la editorial convocante desde hace años, lo cual sólo confirma el rumor de que Alfaguara usa su premio para premiar a sus propios autores, ya sea para pagarles regalías sin que sean fiscalizadas por los servicios tributarios correspondientes o para cubrir compromisos previamente adquiridos. (No estoy diciendo que sea el caso de Toscana, es sólo que así dice el run run).
El premio Alfaguara ha sido también, según la vox populi, otorgado a autores de otros sellos editoriales (pocas, en realidad), y cuando eso ocurre, se murmura en las calles que en esas ocasiones la transnacional editorial usa su premio para chapulinearle los empleados a Random y a Planeta.
Pensemos esto: Alfaguara puede hacer lo que quiera con su premio y otorgárselo a Bugs Bunny si se le pega la gana, sólo que sea sincera en sus empeños. Sería ideal que no le juegue a publicar una convocatoria abierta para que los autores más noveles e inocentes manden sus manuscritos, pensando que la deliberación será honesta y que tienen oportunidad de ganar.
Muchos hace años que no les creemos sus cantos de sirena, pero otros de los que inician el camino literario sí consideran que tienen chance de llevarse el premio (y no, no es por sus méritos artísticos, sino porque así es el juego de los grandes consorcios) y gastan su dinero y tiempo en un esfuerzo inútil.
Este año, se lo lleva alguien que sí lo merece. David Toscana es un grande (y ver el berrinche de Volpi lo hizo más gozoso), pero en otros años el premio ha sido otorgado a autores muy medianitos que solo tenían la gracia de ser parte de Alfaguara. De cualquier manera, lean al Toscana y no se arrepentirán.
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Omar Delgado, escritor, periodista y docente, irrumpió en el panorama literario en 2005 con Ellos nos cuidan, publicada por Editorial Colibrí. Su talento narrativo volvió a brillar el pasado 26 de noviembre, cuando fue galardonado con el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero por su obra Los mil ojos de la selva.
En 2011, su pluma conquistó dos escenarios: obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Siglo XXI Editores-UNAM-Colegio de Sinaloa con El Caballero del Desierto y, en ese mismo noviembre, ganó el concurso nacional de cuento Magdalena Mondragón, convocado por la Universidad Autónoma de Coahuila.
Su narrativa continuó expandiéndose con Habsburgo (Editorial Resistencia, 2017) y la inquietante El don del Diablo (Nitro Press, 2022). Delgado, con una carrera marcada por la crítica y los reconocimientos, reafirma su lugar entre los imprescindibles de la literatura contemporánea.


