Mientras Donald Trump vuelve a sacudir el debate comercial con declaraciones incendiarias contra el T-MEC, ya sea en redes sociales o en espacios de la derecha estadounidense, en el terreno del poder económico ocurre algo distinto. El tratado es defendido con firmeza por los grandes empresarios de Estados Unidos, no por afinidad política, sino por conveniencia productiva y financiera.
Así lo sostuvo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo al responder a los señalamientos del exmandatario, quien calificó al acuerdo como irrelevante. Para la mandataria, más allá del ruido político, la integración económica entre México, Estados Unidos y Canadá sigue operando y generando beneficios mutuos, incluso en un contexto de tensiones y restricciones comerciales.
Sheinbaum subrayó que ambas economías están profundamente entrelazadas y que esa relación explica por qué el empresariado estadounidense es uno de los principales defensores del tratado. Recordó que numerosas empresas de ese país mantienen plantas de producción en México en sectores estratégicos como el automotriz, el electrónico y diversas ramas industriales.
Destacó que esa integración explica por qué “quienes más defienden el tratado son los empresarios estadunidenses; por supuesto, México también”.
Como ejemplo de esa confianza, mencionó la reciente compra de una empresa mexicana de transformadores por parte de una firma estadounidense, una operación de alto valor que confirma la continuidad de la relación comercial. A ello se suma el crecimiento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos durante 2025, pese a la imposición de aranceles en sectores como el acero, el aluminio y los vehículos.
La presidenta también aludió a la fortaleza de las cadenas de suministro compartidas. Recordó que el cierre temporal de un puente fronterizo en Ciudad Juárez provocó solicitudes inmediatas desde Estados Unidos para reabrirlo, debido a las afectaciones directas en su propia producción industrial.
Sin confrontar directamente a Trump, Sheinbaum adelantó que buscará retomar el diálogo después del 20 de enero, en el marco de la revisión del tratado prevista para este año. Mientras tanto, México promoverá la continuidad del modelo comercial en foros internacionales, acompañado por representantes del sector empresarial.
En contraste con los desquicios discursivos del expresidente estadounidense, la realidad económica se impone. El T-MEC se defiende no desde la tribuna política, sino desde las fábricas, las inversiones y los intereses que sostienen el motor productivo de América del Norte.

