La escritora y guionista Liza DiGeorgina dio un paso importante en su trayectoria creativa al participar en la realización de Un León Marino Llamado Arturo, la primera película animada producida en Ciudad Juárez. El proyecto, con duración de una hora con 20 minutos, fue desarrollado junto a sus hijas y está basado en un libro del mismo nombre escrito por la autora y publicado tres años antes.
El interés de DiGeorgina por el cine nació desde su afinidad por las historias y la narrativa audiovisual. No obstante, fue en 2001 cuando vislumbró una posibilidad real de incursionar en este ámbito, al escuchar una entrevista con el productor y director Héctor Ramón Molinar Apodaca, quien manifestaba su intención de trabajar con talento local. Ese mensaje marcó un punto de inflexión para la autora, quien identificó en ese momento una oportunidad concreta.
Poco después, una llamada de la conductora Rocío Stanley derivó en un encuentro con Molinar, luego de que el director conociera su obra literaria. Durante la reunión, se le planteó el reto de escribir una historia dirigida a jóvenes que transmitiera un mensaje significativo. A partir de ahí, DiGeorgina desarrolló Espejo retrovisor, una obra con enfoque social que aborda temas como la desigualdad, la violencia y la responsabilidad colectiva.
Ante la falta de herramientas técnicas en ese momento, la autora escribió el proyecto a mano en un cuaderno, estructurándolo inicialmente como novela. Más tarde, con el apoyo del fotógrafo Luis Pegut, logró trasladar su trabajo a formato digital y recibir orientación para adaptarlo al lenguaje cinematográfico.

Este proceso marcó el inicio de su incursión en el cine, que años después derivó en la realización de su primer proyecto animado. Con Un León Marino Llamado Arturo, Liza DiGeorgina y sus hijas lograron concretar una propuesta independiente que representa un esfuerzo local por abrir camino en la producción audiovisual en Ciudad Juárez.
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—¿Cómo se transforma una novela escrita a mano en una película premiada?
“Luis Pegut me dio una clase de guionismo en apenas 15 minutos. Se lo agradecí, todavía emocionada. Encendió la computadora y se fue a una salita de televisión, donde se recostó en un sillón con la programación del canal 2 de fondo. No recuerdo si tardé dos o tres días, pero logré transformar mi novela en un guion y dejarla en formato digital. Durante todo ese proceso, Luis me acompañó desde aquella salita.
Después de registrar el guion, se lo presenté a Héctor Molinar. Recuerdo que le sorprendió que lo hubiera terminado en tan poco tiempo. Tres días después me llamó. Estaban en plena preproducción de otra película, pero decidieron detenerla para iniciar con Espejo retrovisor. Un joven de la productora, Joel Santillán, había leído el guion, le gustó mucho y convenció a Héctor de llevarlo a la pantalla. Así comenzó mi historia en el cine.
Espejo retrovisor fue un parteaguas para mí. En 2002, durante su estreno, Héctor me permitió involucrarme en la organización de la premier. Conseguí patrocinadores, cumplí el sueño de tener una alfombra roja, gestioné la presencia de los actores principales y convoqué a los medios de comunicación para cubrir el evento, incluso con transmisiones en vivo. Fue una experiencia inolvidable.
Además, traduje y subtitulé la película trabajando de madrugada en las computadoras de Cineproducciones Molinar, cuando no estaban en uso. Gracias a ese esfuerzo, logramos llevarla al Festival de Cine de New Brunswick, en Canadá, donde recibimos los premios a mejor guion y mejor dirección. Al final de la función, el público se puso de pie y aplaudió mientras muchos se limpiaban las lágrimas”.
—¿Cómo continuaste escribiendo guiones y qué papel jugaron tus hijas en tu proceso creativo?
“Mi sueño siempre fue seguir escribiendo guiones. Incluso estudié en un taller de guionismo en El Paso con Rob Edwards, guionista de La princesa y el sapo, producida por Disney. Fue una experiencia que significó mucho aprendizaje y un gran impulso personal. Sin embargo, hacer cine implica procesos complejos, costos elevados y el trabajo de todo un equipo. Al no contar con esas condiciones en ese momento, decidí continuar escribiendo y enfocarme en la publicación de mis libros.
Mis hijas han formado parte de mi proceso creativo desde que eran muy pequeñas. Paris pintó la portada de mi libro La pintora de sueños cuando tenía siete años, mientras que Clio realizó la contraportada con apenas cinco. Con el tiempo, ambas se convirtieron en mis directoras creativas, aportando ideas para enriquecer las historias, así como el formato y el contenido de cada obra”.
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Desde 2021, Paris DiGeorgina se ha integrado como ilustradora en diversos proyectos editoriales enfocados al público infantil, consolidando una participación activa en la producción de libros dirigidos a niñas y niños. A lo largo de este periodo, ha ilustrado un total de 10 obras, entre las que destaca también un título de su propia autoría.
Su trabajo artístico ha acompañado principalmente las publicaciones de la escritora Liza DiGeorgina, con títulos como Un león marino llamado Arturo, El viaje de Tita, Tita, la tortuga voladora, La casa al final de la historia, Mi amigo Modesto, Din din, Martha, deditos verdes y Gigi, la gallinita. Además, participó en la ilustración de Algodón de azúcar, de Clio British Rojero.
Dentro de su trayectoria, también figura ¡Quiero ser una luciérnaga!, obra de su autoría, con la que amplía su participación más allá de la ilustración y se incorpora al ámbito creativo como autora.
Con estos proyectos, Paris DiGeorgina ha contribuido al desarrollo de contenidos infantiles que combinan narrativa e imagen, fortaleciendo propuestas editoriales desde un enfoque creativo y familiar.
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—¿En qué momento un sueño comienza a tomar forma real?
“En 2023, Paris tuvo la iniciativa de realizar una película animada que pudiera estrenarse para conmemorar mis 30 años como escritora. Yo no podía creerlo. Era más que un sueño hecho realidad, era un sueño que nunca me había permitido imaginar: ver uno de mis cuentos convertido en una película animada. Pero Paris y Clio, mis hijas, no dudaron ni un momento. Así comenzó este proyecto.
Primero, teníamos que decidir entre las tres qué historia llevaríamos a la pantalla grande. ¿Una historia nueva? ¿Una basada en un libro ya publicado? Tenía que ser algo especial, con profundidad y con alma, para que el proyecto tuviera una base sólida. Lo pensamos con detenimiento y Un león marino llamado Arturo apareció como opción, aunque aún no estábamos completamente seguras. De pronto, comenzaron a aparecer señales curiosas: leones marinos en calcomanías en distintos puntos de la ciudad, un llavero por aquí, un video por allá, incluso una fotografía de nuestro viaje a Puerto Peñasco para conocer al verdadero Arturo que reapareció en los recuerdos de Facebook. Todo resultaba tan peculiar como significativo.
Hasta que una tarde, mientras íbamos las tres en el auto para dejar a Paris en la universidad, ocurrió algo inesperado. En un semáforo en rojo, un adolescente se asomó por la ventana de una camioneta donde viajaba como copiloto junto a su madre.
—¿Usted es escritora?
—Sí —respondí sorprendida.
—¡Yo la conozco! Usted escribió el libro de Un león marino llamado Arturo. Yo lo tengo, me gusta mucho —El semáforo se puso en verde, la madre del joven avanzó— ¡Adiós! —apenas alcanzó a decirme.
—¡Adiós! —agité la mano y sonreí. No creo que me haya escuchado. Pero en ese momento mis hijas y yo supimos que teníamos la respuesta a nuestro dilema, supimos qué historia sería la que llevaríamos a la pantalla grande, la que sería la primera película animada de Ciudad Juárez: Un león marino llamado Arturo”.
—¿Cómo se conformó el equipo y el proceso de producción de la película
“Nuestro equipo de producción es reducido: está conformado por tres personas. Paris DiGeorgina Rojero Villegas se desempeñó como directora y animadora del filme; Clio British Rojero estuvo a cargo de la producción, así como de la dirección de audio y sonido; y Liza DiGeorgina participó como guionista y productora ejecutiva.
El proceso comenzó con la adaptación de la historia al formato cinematográfico mediante la elaboración del guion. Aunque se conservó la esencia original, se incorporaron diálogos y nuevos personajes. Además, el protagonista, Arturo, funge también como narrador, lo que aporta un tono fresco y dinámico a la película.
Paris se encargó del desarrollo visual del proyecto: realizó el storyboard, diseñó los personajes y elaboró más de 100 mil dibujos digitales para la animación, además de dirigir la narrativa visual de la historia.
Por su parte, Clio coordinó el trabajo de los 13 actores de voz, incluidos tres niños de entre 5 y 9 años. También se encargó de sintetizar horas de grabación en los diálogos finales de cada personaje, así como de la edición de voces, integración de sonidos ambientales y efectos sonoros, en un proceso técnico detallado y exigente”.
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Dentro del elenco de voces que dieron vida a los personajes de la película se encuentra Mateo Ávila García, de 9 años, quien interpreta a Arturo, protagonista y narrador de la historia. También participa Valentina Saucedo Lemus como Pulpi, un pulpo creado especialmente para la película.

El reparto incluye a Héctor Ramón Molinar Apodaca en el papel de Heriberto, un sabio pescador; Jesús Antuñano Burciaga como Carlos, personaje que aporta comicidad; y José Iván Acevedo Purón como Juan, un joven pescador que encuentra a Arturo perdido en el mar.
Asimismo, Liza DiGeorgina da voz a Sara, una joven que cuida de Arturo en el centro marino, mientras que Ricardo Cantú de la Rocha interpreta a Matías, guardia del mismo lugar. A este elenco se suman Martha Adriana Lazcano como veterinaria del centro marino y Hortencia Rodríguez López como visitante.
También participan Christian Ameyali Rodríguez, quien tenía 5 años al momento de la grabación, así como Jesús Alfredo Rivera y María Jazmín Ávila García, ambos en el papel de turistas que acuden al centro marino. Finalmente, Paris DiGeorgina Rojero Villegas da voz a Gigi, la gallinita.
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—Tienes un proyecto de narración de cuentos en escuelas, ¿puedes contarnos en qué consiste?
“Desde hace 30 años me dedico a escribir y publicar libros, pero también he desarrollado un proyecto de narración gratuita en escuelas de Ciudad Juárez llamado Candil de mi casa. Surgió como una forma de compartir el amor por la lectura y promover valores en niñas y niños. Es la manera que encontré de contribuir, desde mi profesión, a la construcción de una sociedad más armoniosa.
Este proyecto no cuenta con apoyo económico de gobiernos, instituciones ni empresas, por lo que lo sostengo colocando una mesa de exhibición donde quienes lo deseen pueden adquirir mis libros. A lo largo del tiempo, he observado algo muy particular en escuelas de mayor vulnerabilidad. Casi siempre hay un niño o una niña que se queda cerca de la mesa, abraza los libros, los observa con detenimiento y, en ocasiones, se acerca a platicar conmigo. Yo procuro darles palabras que les ayuden, que los motiven a estudiar, a esforzarse, a confiar en que pueden llegar lejos. Después, las maestras suelen acercarse para decirme que ese niño o niña ha vivido situaciones muy difíciles. Al notar este patrón, decidí regalarle un libro a ese pequeño o pequeña que se quedara junto a la mesa. Para ellos, ese gesto significa mucho, y así se volvió parte de mis actividades.
Un día, fui invitada a narrar un cuento en la primaria Nicolás Bravo, en el turno vespertino. Al finalizar, 12 niñas rodearon la mesa de libros, los abrazaban y decían que querían uno. Era algo inusual. Regalar un libro es posible para mí, pero regalar 12 representaba un reto mayor, ya que todo lo financio personalmente. En ese momento no pude darles un libro a cada una, lo reconozco. Minutos después, llegó una monja por ellas y una maestra me explicó que eran niñas de La Casa de Jesús, una casa hogar. Sentí una profunda tristeza por no haber podido darles lo que deseaban.
A partir de esa experiencia nació El regalo de Monse. Con el apoyo de mis hijas y de personas que se suman donando libros, útiles escolares, ropa y otros artículos, comenzamos a visitar albergues, hospitales, centros de detención para migrantes y casas hogar para contar cuentos y entregar obsequios. El primer lugar al que acudí fue La Casa de Jesús, donde finalmente cada niña recibió el libro que tanto había anhelado”.
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Cuando el esfuerzo se convierte en alfombra roja
El proyecto contó con apoyos clave que permitieron su realización. A través de la gestión de Ricardo Cantú, quien acercó la iniciativa con Sandy Hernández, conocida como “La Socia”, se logró el respaldo del Ayuntamiento de Ciudad Juárez para utilizar de manera gratuita el estudio de grabación municipal “El Sótano”. Este apoyo resultó fundamental, ya que el costo de un estudio profesional habría sido inaccesible debido a las largas jornadas requeridas.

Para la presentación oficial, el equipo organizó la premier en el Museo La Rodadora, donde el 25 de marzo se llevó a cabo una gala dirigida a medios de comunicación, actores, familiares e invitados especiales. La logística del evento estuvo a cargo de Liza DiGeorgina y sus hijas Paris y Clio, quienes asumieron cada detalle, desde la organización general, el diseño y entrega de invitaciones, hasta la recepción de invitados y la cobertura en la alfombra roja, en un proceso que implicó jornadas intensas de trabajo.
Entre los invitados especiales destacaron las niñas de La Casa de Jesús, institución que inspiró la historia hace una década. Aunque las primeras generaciones ya no se encuentran en el lugar, la presencia de nuevas niñas fue significativa para el equipo. Gracias al apoyo de Alonso López y Flor María Suárez, juarenses radicados en Kentucky y Nuevo México, se logró obsequiar un ejemplar del libro Un león marino llamado Arturo a cada una de ellas. El momento estuvo marcado por la emoción, especialmente tras las palabras de la madre superiora, quien reconoció el valor del proyecto en la formación de valores en la infancia.















El evento también contó con la presencia de Erika Donjuan, directora general de Tecmilenio Campus Juárez, así como de Maye González, mentora universitaria, institución donde Paris cursa el octavo semestre de su carrera.
Tras la presentación, de acuerdo con Liza, la película recibió comentarios positivos por parte de los asistentes. Actualmente, el equipo se encuentra en espera de concretar su llegada al circuito de cine comercial en los próximos meses. La producción representa un logro inédito al tratarse de la primera película animada realizada en Ciudad Juárez, creada por un equipo conformado por tres mujeres, dos de ellas jóvenes. El proyecto fue desarrollado completamente con talento local, mediante animación 2D con dibujo digital, sin el uso de inteligencia artificial, incluyendo también la composición musical.

