—Estoy googleando a Anthony Quinn y, por lo que veo, era un peso pesado del cine internacional.
—Sí… gran actor de talla mundial.
—¿Y qué tiene de especial esa entrevista, vecino?
—Es una simpática anécdota, porque se hizo un gran reportaje y se publicó en toda la portada de GENTE, pero yo no redacté la entrevista; lo hizo otro compañero reportero… Pero primero déjeme leerle una nota periodística:
“Anthony Quinn, nacido en esta ciudad capital el 21 de abril de 1915, ganó dos premios de la Academia de Ciencias Cinematográficas, así como un Globo de Oro. Actualmente, tiene su estatua en el parque El Palomar de la ciudad de Chihuahua, donde aparece representando al emblemático personaje de ‘Zorba, el griego’, película que también lo catapultó a la fama.
Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca, su nombre real, fue hijo de Manuela Oaxaca, soldadera de la Revolución Mexicana, y de Francisco Quinn, un aventurero irlandés que seguía a Francisco Villa. El artista se mudó en 1919 a California, Estados Unidos, donde creció y desarrolló su carrera.
Prácticamente toda su vida transcurrió en el país vecino y se dice que solo venía a Chihuahua a festejar su cumpleaños en reuniones privadas. Su última visita a la capital fue el 29 de abril del año 2000. Murió el 3 de junio de 2001, a los 86 años, y sus restos se encuentran en su finca, en el estado de Rhode Island. Se dice que una parte fue incinerada y las cenizas fueron esparcidas en las Barrancas del Cobre.
Oficialmente, participó en 169 filmes y series de televisión. Obtuvo dos Óscar, el primero en 1952 por la película ‘¡Viva Zapata!’, producción norteamericana protagonizada por Marlon Brando, en la que ganó como actor de reparto por su interpretación de Eufemio Zapata, hermano del Caudillo del Sur.
Participó en varias películas, no solamente hollywoodenses, sino también italianas, españolas, francesas, inglesas, brasileñas, alemanas, canadienses, sudafricanas y, por supuesto, mexicanas.
Tuvo tres matrimonios y procreó 13 hijos. También se dedicó a la pintura y a la escultura en mármol y bronce, e incluso llegó a tener exposiciones importantes en galerías de arte”.
—Pues sí que ese tal Anthony era talentoso, pero sígame contando de esa entrevista ¡que no escribió usted!
—Ese día del año 2000…
—Yo era una bebé, vecino.
—Llegó un pitazo al Diario de que habían visto a Anthony Quinn en El Paso, Texas. Ese día me tocaba descanso y yo estaba muy tranqui en mi casa… Ya no estaba en GENTE, sino en la sección B… Y recibo una llamada del director, quien me comenta que un reportero y un fotógrafo andan buscando a Anthony Quinn para entrevistarlo, pero no lo localizan en ningún hotel…
El Dire me pide que me una a la búsqueda, porque le dijeron que yo era muy bueno para “cazar” gente famosa… De prisa, me uno a la misión imposible…
Al señor Quinn lo habían visto en el estacionamiento del lujoso e histórico hotel “Paso del Norte”, pero a mi compañero reportero (Igmar Prieto) le habían dicho que no se hospedaba ahí.
—Ese hotel está muy bonito y es antiguo… Mi hermana hospeda ahí a los meros meros dueños del corporativo de su maquila (de las muchas que tienen por toda la frontera), por eso sé.
—Sí… en ese hotel se hospeda la crema y nata… como Luis Miguel cuando da sus conciertos en el Chuco o aquí en Juárez…
Sabíamos que Quinn andaba en esta zona porque en Chihuahua se le iba a hacer un homenaje e iba a develar una estatua…
Yo, con triquiñuelas, logré que el “botones” me soltara la sopa y me confirmó que Anthony Quinn estaba alojado ahí con su familia y dos gorilas (guardaespaldas), pero a los empleados del hotel les habían ordenado máxima secrecía…

Yo creo que le caí bien al “botones”, porque me dijo que había escuchado a Anthony Quinn en el elevador decir que quería comer un buen corte de carne y comprarse un traje…
Con esa valiosa información, Igmar Prieto se quedó haciendo guardia en el hotel, mientras un fotógrafo (Ricardo Muñoz) y yo salimos como locos en su búsqueda.

