FC Juárez se subió al tren de la Liguilla en un partido que no ganó con claridad, pero sí con oportunismo: dos goles a puro rebote le dieron la vuelta a Tigres en el último suspiro. El 2-1 no fue elegante, pero sí efectivo.
El arranque fue todo felino. Tigres salió enchufado y en su primera llegada pegó primero. Joaquim apareció sin marca en un tiro de esquina y cabeceó con autoridad para silenciar momentáneamente el estadio. Gol tempranero y partido cuesta arriba para los Bravos.
Pero el futbol tiene sus caprichos. Juárez respondió rápido, más con suerte que con elaboración. Denzell García sacó un disparo que parecía controlable, hasta que Estupiñán metió la cabeza y desvió la pelota, descolocando por completo a Nahuel Guzmán. El empate llegó sin pedir permiso.
El juego se calentó de más. Tigres se quedó con diez tras la expulsión de Diego Sánchez y el partido se volvió una batalla también en las bancas: Caixinha y Pizarro vieron la roja antes del descanso. Con uno menos, los universitarios resistieron, mientras Juárez intentaba, sin mucha claridad, aprovechar la superioridad.
El complemento fue parejo, tenso y sin dueño. Ni Bravos supo imponer condiciones, ni Tigres cedió del todo. Incluso el VAR asomó para revisar un posible penal, pero todo quedó en nada. Cuando el empate parecía cantado, llegó el caos.
Tiro libre de Monchu, rebote en Marcelo Flores y otro desvío más… gol. Así, sin libreto y con fortuna, Juárez firmó la remontada. Tres puntos que saben a resurrección en la tabla. Tigres, en cambio, dejó escapar una oportunidad de oro para afianzarse en la zona alta.

