El PAN fue el primero en levantar la mano… no para pagar, sino para explicarse. Ulises Pacheco, dirigente municipal, apareció con gesto solemne y mentiroso para aclarar que los 9.5 millones de pesos de predial que debe el partido no son realmente culpa del PAN. Son culpa del pasado, de Cruz Pérez Cuéllar, de decisiones heredadas, de administraciones extintas y, si se estira el argumento, hasta de la alineación de los planetas.
El partido que se vende como guardián de la legalidad y la austeridad lleva años sin cumplir con un impuesto básico. El panismo juarense aparte de evadir impuestos, evade responsabilidades. Y mientras predica orden fiscal, su edificio acumula polvo, intereses y una memoria selectiva digna de manual. Ya nadie le cree.
Luego entra el PRI, siempre con ese aire de reliquia que se niega a aceptar que el tiempo pasó. Alejandro Domínguez reconoce, con una honestidad que sorprende, que el tricolor debe 5.3 millones de pesos. Pero calma, dice, sí se va a pagar… eventualmente… después de analizarlo. El PRI analizando pagos es como un fósil estudiando la modernidad: confuso, lento y fuera de época.
El partido que gobernó durante décadas, que administró presupuestos nacionales y estatales como si fueran suyos, hoy batalla para cubrir el predial de su propio inmueble, que luce abandonado y ni siquiera cuenta con papel higiénico en los baños. Aun así, Domínguez presume que cinco mil personas quieren afiliarse. No se sabe dónde están, pero quizá hacen fila junto a los recibos extraviados y las glorias del pasado. El PRI ya no roba como antes; ahora simplemente no alcanza para pagar. Tampoco nadie le cree.
Y entonces la escena se amplía y aparece Ricardo Salinas Pliego, el espejo de lujo donde PAN y PRI pueden verse reflejados sin rubor. Debe más de 54 mil millones de pesos al SAT y ha decidido que pagar impuestos es opcional cuando uno tiene micrófono, redes sociales y amigos en la Corte. Es evasor, aunque diga que es perseguido político. Cada notificación fiscal se transforma en conspiración, cada resolución judicial en un atentado contra la libertad. Salinas grita, acusa, señala y agrede, incumple. Su defensa es performática y se ejecuta a golpe de tuit. Por supuesto que ya nadie le cree.
La comparación es inevitable y brutal. PAN, PRI y Salinas Pliego no discuten si deben, lo que hacen en realidad es preguntarse si tienen derecho a cobrarles. Para ellos, la ley es válida hasta que el recibo llega a su nombre. El Estado es necesario mientras subsidie, rescate o tolere. Cuando exige, se vuelve dictadura. Por eso el prianismo lo quiere de candidato presidencial en el 2030. Nada es coincidencia, sino causalidad. ¿no?
Cambian los discursos, cambian los montos, pero la lógica es la misma. Unos deben millones, otro miles de millones. Todos se asumen víctimas. Todos claman injusticia. Y todos practican con maestría el deporte favorito de la vieja élite mexicana, que no es otro que deberle al Estado, negarlo con cinismo y escandalizarse cuando la cuenta toca la mesa.

