Déjame divagar de madrugada
cuando sobre las nubes
en soledad la luna va pasando,
porque la tierra gira y son magníficas
las horas de su gracia arbitraria.
¿Cómo puedo gozar si gritan
millones de personas
de Gaza al Congo, siempre como imágenes,
como datas virales, desgarradas?
No hay paz en esta calma soterrada.
Lágrimas secas arden en la noche,
por infancias sin casa,
por hombres y mujeres deshacidos
de un sentido vital, en la desgracia
que procuran los hombres de la guerra.
Hoy no escucho a los pájaros, un grillo
insomne en mi recámara
le avisa a un cacomixtle que saldré
a barrer la azotea antes del alba.
La vida es la que importa, dice Aquiles.
Las columnas de fuego dejan ruinas
en la mente y el cuerpo,
un tatuaje del hoy que nos embarga
al mirar en pantallas repitiendo
lo que algunos pretenden ocultar.
Los locos del poder queman las urnas.
Me impactan las imágenes,
me llevan y me traen los pensamientos,
las palabras que riman su lenguaje
de signos que persiguen referentes.
Un sollozo perpetuo es la zozobra.
—–

Josué Ramírez. Poeta. Autor de más de una docena de libros publicados, el más reciente es Gonzalo Rojas en Villa Olímpica. Es miembro del SNCA. Fue editor de La Gaceta del FCE y Saber Ver entre otras publicaciones periódicas, escribe reseña literaria y comentarios sobre arte, e imparte cursos y talleres de escritura creativa y poesía.

