México volvió a colocar sobre la mesa su tradición diplomática. En la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no solo habló de ayuda humanitaria para Cuba, sino de abrir rutas, tender puentes y, si las condiciones lo permiten, convertirse en mediador entre La Habana y Washington. La propuesta combina logística y política exterior: un puente aéreo para facilitar suministros y una mesa de diálogo sustentada en el principio de soberanía.
“Si lo pide Cuba”, afirmó la mandataria, México —por su ubicación geográfica— podría habilitar un puente aéreo para que otras naciones hagan llegar ayuda a la isla. “Habría esas condiciones, por supuesto. No están cerrados los vuelos”, sostuvo, y añadió que, si las aeronaves requieren combustible, “pueden venir a cargar a México; tienen que pagar, por supuesto”. También precisó que los vuelos de aerolíneas mexicanas a Cuba “no están cerrados, porque está muy cerca y aquí hay turbosina”.
En paralelo, el gobierno federal presentó formalmente al Departamento de Estado y a la embajada de Washington en México el planteamiento para proponerse como mediador entre Estados Unidos y Cuba. Sheinbaum subrayó que cualquier acercamiento debe darse con base en el respeto a la soberanía de la isla, principio histórico de la diplomacia mexicana. “Estamos insistiendo en que México puede funcionar como el Estado, la nación, que abra las puertas para que se desarrolle este diálogo. Depende de que las partes se pongan de acuerdo”, puntualizó.
La presidenta insistió en que ningún país debería ser sancionado por enviar petróleo a Cuba, al considerar que los energéticos son indispensables para el funcionamiento de sectores clave en la isla. En el plano inmediato, informó que tras la llegada del primer cargamento de ayuda humanitaria, ya se prepara un segundo envío. México, dijo, mantiene abiertos los canales: en el aire, en el suministro y en la diplomacia.

