Lo que comenzó como la detección de una lancha rápida en aguas territoriales cubanas terminó por convertirse en un episodio con repercusiones diplomáticas y políticas que reavivan viejas tensiones en el Caribe. Para Moscú, no se trató de un hecho aislado ni de un incidente fortuito: la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, calificó lo ocurrido frente a las costas de Cuba como una “provocación agresiva” de Estados Unidos con el propósito de escalar el conflicto.
De acuerdo con Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el señalamiento ruso se produjo luego de que el Ministerio del Interior cubano informara que una lancha con matrícula de Florida, folio FL7726SH, ingresó en la mañana a aguas territoriales de la isla, a una milla náutica al noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio de Corralillo, provincia de Villa Clara. Al aproximarse una unidad de las Tropas Guardafronteras para proceder a su identificación, los ocupantes de la embarcación abrieron fuego contra los efectivos cubanos, hiriendo al comandante de la nave oficial.
Según el parte oficial, tras la respuesta de las fuerzas cubanas se produjo un enfrentamiento que dejó cuatro agresores abatidos y seis lesionados, quienes fueron evacuados y recibieron atención médica. Las autoridades detallaron que los diez ocupantes eran ciudadanos cubanos residentes en Estados Unidos, varios con antecedentes relacionados con actividades violentas y presuntos vínculos con acciones de carácter terrorista. En la embarcación se incautaron fusiles de asalto, armas cortas, explosivos artesanales, chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje.
Para Zajárova, el episodio encaja en un patrón de presión creciente contra La Habana. “Se trata de una provocación cuyo propósito es detonar el conflicto”, subrayó, en un contexto internacional marcado por sanciones, recrudecimiento del embargo y una retórica confrontativa desde Washington. Aunque no presentó pruebas adicionales, la diplomacia rusa enmarcó el incidente dentro de lo que considera una estrategia de desestabilización.
En el Caribe, la lectura fue similar desde sectores políticos aliados a la isla. El Partido Comunista del Trabajo de la República Dominicana expresó su respaldo al derecho de Cuba a defender su soberanía y calificó la incursión como resultado de un “clima de hostilidad” alentado por el discurso del presidente Donald Trump. En Italia, la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba condenó el ataque y alertó sobre el riesgo de que se utilicen este tipo de episodios como pretexto para una agresión mayor.
Más allá de las declaraciones, el incidente ocurre en un momento de alta sensibilidad regional. La relación entre Washington y La Habana atraviesa uno de sus puntos más tensos en años, con sanciones económicas reforzadas y un endurecimiento del discurso político. En ese escenario, cualquier chispa adquiere dimensión estratégica.
La Habana, por su parte, reiteró que la defensa de sus aguas territoriales es un pilar de su seguridad nacional y aseguró que actuó conforme a protocolos de legítima defensa. Las investigaciones continúan para esclarecer responsabilidades.

