una vez más me siento a escribir, al calor de un vasito de lechuguilla que viajó desde la sierra de Chihuahua.
escribo justo cuando estoy a punto de dejar esta ciudad que, en medio del caos, se reinventa cada día sin pedir permiso.
retomaré este texto al volver, lo sé, y ese regreso ya me intriga: siempre vuelvo a esta frontera siendo otra, como si la ciudad exigiera transformarnos junto con ella.
por hoy haré una lista de ideas, por no decir tareas pendientes, que enmarcan algunas de mis formas de ver a esta ciudad juárez, dentro de la insistencia de que para la colectividad es la número uno, la nomber guan, como lo dijo juanga, y que al escribir intentaré al menos por ahora saldar algunas deudas pendientes que tengo para con esta frontera que sí quiero pero que también me duele y valdría la pena resaltar al menos esto:
la número uno en su clima extremo:
la tarde cae derritiéndose con un sol radiante a pesar del viento suave, pero a veces tan áspero que sentimos cómo la finura de la arena nos lacera la piel y logra filtrarse hasta lo más recóndito de nuestro ser, el de nuestros objetos y el de otros existires que hay por doquier.
los vientos de semana santa son una muestra fiel de que somos más que resistencia en un desierto desafiante: tanto por ese aironazo con arenales incluidos en esa época como por idolatrar a nuestro cristo crucificado de los días santos, porque lo enunciamos y lo adoramos incluso sacrificando nuestras redes sociales, cerrándolas unos días en señal de fidelidad, respeto pero sobre todo penitencia. también pausamos el consumo de carne roja en medio de una comunidad casi cien por ciento carnívora. aún así, la cuaresma se vuelve conveniente: fomenta, sin querer queriendo, el consumo del pescado, del atún, del salmón y de la comida rica en omega 3 que a todos nos hace más que bien. buscamos los platillos de temporada aunque vivamos lejos del mar, dejando para después las necesarias carnes asadas.

el cambio de estación —de un largo verano a un corto otoño— es tan literal que hay que sacar suéteres, calcetines gruesos y cobijas deshilachadas del año anterior y del antes del anterior; lavar todo para empalmarnos de inmediato. en esta época recupero la bella y certera expresión: “siempre hay un verano en octubre”, incluso “puede existir otro verano en noviembre”, porque es verdad que hay días templados que parecen ignorar los frentes fríos del otoño.
por otro lado, pensamos en colaborar con los albergues llevando ropa de invierno y cobijas, y conseguimos más con los vecinos que cada año transforman su hogar, cambian adornos y guardarropa y se deshacen de artefactos avejentados pero funcionales. hay vecinos instalados en un sistema de consumo tan intenso que agradecemos su generosidad para soltar cosas… pero también es gratificante el no tener esa compulsión, porque no podríamos con la angustia ecológica de vivir así en el planeta que queremos.
en esta frontera hay de todo: pensamiento, sentimiento, iniciativas colectivas. se piensa (y se siente) en colectivo aunque las acciones se hagan en solitario, como en cualquier ciudad.
hay una impronta aquí: la sensación de no poder tenerlo todo siendo ciudadanos americanos o simples mortales mexicanos con visa. en las largas líneas para cruzar porque eso sí, nadie escapa a la espera —a menos de pertenecer al programa sentri y gozar de la línea express— ni del solazo del verano, ni del aironazo de temporada, ni del frío de fin de año, ni de la lluvia torrencial repentina.
de las alergias ni hablamos: tienen relación directa con el polvo y el sol. siempre decimos que en un solo día en ciudad juárez se pueden presentar todos los climas posibles, y lo hemos constatado más de una vez, más de cien veces, durante nuestra vida aquí.
ciudad juárez: la frontera más fabulosa del mundo:
entender que el paso no es para todos: las visas son caras y a veces no te la dan por razones necias o lógicas, a veces son arbitrarias las decisiones: por tu perfil, por mentir o por no mentir en la entrevista, o por no tener arraigo en esta tierra fronteriza, o porque odias a trump. ya ni se diga si la perdiste por traerla todo el tiempo en la bolsa trasera de tu pantalón y se te cae al cruzar de vuelta o porque se te pierte la cartera.
hay personas que nunca han cruzado y están felices en la tierra del divo, yendo a centros comerciales locales sofisticados y suficientes como para sentir y vivir el sueño americano de este lado y cumplir así sus expectativas.
de anapra o de los campos elíseos, con privilegios o no, mujeres jóvenes o no tan jóvenes, embarazadas, cruzan a el paso a tener a su bebé allá; no siempre por voluntad, puede ser por obviedad siendo fronteriza, o por comunicación, o comodidad, o por el derecho de hacerlo y/o por conveniencia.
también compramos la idea de que cruzar al chuco es abastecerse de lo mejor por menos dinero y aseguramos a veces que compramos mayor calidad; suele ser cierto, pero si no es cierto al final nos sentimos felices y satisfechos con lo que se consigue para sí y para su familia… aunque implique la larga espera en la línea del puente. pero si uno se sienta a pensarlo, siempre hay un espejismo —aterrador y tranquilizador a la vez— entre el imaginario y la obtención de ese algo tangible o intangible en nuestra búsqueda permanente de lo que creemos que nos hace felices.
la número uno en baches y grietas:
una ciudad con asfalto agrietado y baches por todos lados, además del exceso de topes de todas las especies. calles que da pena pisar con llantas nuevas de un auto recién estrenado, o un auto donde transita la señora gobernadora en esta frontera; el caso de que si pasas por la zona de inundaciones por lluvia, entonces se salpican esas grandiosas llantas de lodo con olor a drenaje. la lluvia aquí es un absurdo intolerable: a veces tememos que llueva y no que vaya a parar. bromeamos con sacar las lanchas para no llorar ante la catástrofe incipiente. lo que realmente nos inunda es la incertidumbre de lo que pasará mañana si no dejara de llover en una cuantas horas.
la problemática es siempre la misma: el nulo drenaje pluvial, la falta de mantenimiento, la sordera de autoridades para implementar acciones emergentes que eviten estos accidentes y peor aún, pérdidas humanas. cada alcalde llega tarde al plan contingente. y aparte, la falta de imaginación de algunos ciudadanos que creen que la calle es bote de basura. yo pensaba que rumbo al plan 2030 ya estaríamos todos conscientes de la emergencia de cuidar nuestro entorno, de ser buenos y limpios ciudadanos… pero no. aún hay quienes lanzan basura por la ventana del auto en las avenidas, como en la del bordo. los he visto; no los entiendo ni los disculpo, por mucho que justifiquen la acción diciendo que siempre pasa el viejo del costal a recolectar las latas.
la número uno en cafres al volante y tráfico insoportable:
el orden se vuelve insuficiente. el tráfico de un viernes de quincena especialmente frío puede hacerte perder la conciencia si vas ensimismada en una crisis alérgica y solo quieres llegar a aplicarte una inyección de corticoides o adrenalina pues. y mueres un segundo. luego regresas: regresas a tí porque sientes el impacto: chocaste con una troca vieja de fierro fuerte, tan fuerte que tu carro nuevo quedó ante la compañía de seguros como pérdida total. agradeces no haber atropellado a nadie: una buena noticia en medio de las malas y del caos.
la ciudad está colmada de confusiones, entre los cuales hay muros de contención por obras, líneas emergentes para cruzar al chuco, o para seguir aquí. pintas de acotamientos en pleno día, altos arbitrarios, anuncios mal ubicados y que confunden, un BRT y línes de autobuses alimentadoras que no cumplen con lo prometido ni con las necesidades de conexión específicas para esta urbe. los gobernantes siempre nos salen debiendo bienestar y transporte eficaz. otro detalle característico de esta ciudad es la de los cruces de los cuatro altos y del famoso “uno y uno”: un código que solo quien vive aquí o pasa por aquí entiende y una vez comprendido este fenómeno hay una fuidez exacerbada.
la número uno en vialidades absurdas, anuncios, letreros, señalética y nombres de negocios inverosímiles:
una ciudad donde se construyó al revés un puente al que llamamos, por obviedad, “puente al revés”. la ciudad del burrito y sus expendios: “el burro medallas” y su logo es un burrito campeón con varias medallas colgando de su cuello; las hamburguesas “wero burger” aludiendo a la whataburger del chuco utilizando la imagen en colores y diseño también. hace años hubo una tienda chiquita en el centro llamada “liverpul”, una simpática analogía kitsch de la conocida tienda departamental con un slogan único en su tipo, y exitoso porque sabemos que ha sido usado desde 2006 y no falla: “Liverpool es parte de mi vida”. otras pintas para denunciar feminicidios y desapariciones de mujeres se encuentran en puntos concretos del centro de la ciudad, o en las cuadras cercanas a los domicilios de las familias de ellas, o en los postes de los libramientos; las cruces negras sobre fondo rosa, la bicicleta de isabel cabanillas justo en el poste y la acera donde fue asesinada aquella fría madrugada del 18 de enero de 2020. También están los muros del arte y la resistencia de cara a estados unidos unos que son de índole poético que lidereó arminé arjona con su poesía y que su frase más conocida ha sido “la poesía se voló la barda”, pinta que hace poco ha sido borrada sin motivo aparente y solo se sospecha que es el tiempo y la intemperie quienes la borraron: debemos ir a repintarla, aunque ella ya no se encuentre entre nosotros. no hay que olvidar su creación ni su esencia humanista, pacifista y en constante empatía con el dolor humano siempre bajo el cobijo de la poesía. otras manifestaciones en el bordo, y frente al río bravo y vista directa y política al muro de trump son los murales ubicados cerca del puente negro. hay un festival cada vez más concurrido llamado under the bridge que por convocatoria anual lo gestiona el artista yorch pérez junto con otros artistas y colectivos urbanos, para habitar el bordo y pintar su expresión y recordarnos y recordarle al chuco de frente que la organización y la identidad fronteriza están aquí en resistencia a través del arte y la libre expresión. así que estas manifestaciones lucen en buen estado gran parte del año cerca del puente internacional santa fe para luego actualizarse y aumentar los murales hacia el poniente u oriente del puente negro.
hay letreros por todos lados, signos de cansacio, enojo, repudio, y todas son manifestaciones de voces ciudadanas que emergen desde muchas de sus capas, consignas y emergencias sociales, políticas y culturales. existen desde luego porque aquí también hay narrativas del sistema que intentan borrar memoria e historias de lucha. siempre que paso por el cruce de la lópez mateos y el rivereño de poniente a oriente veo el alto grande y rojo como es la señalética clásica para reiterar el texto que dice ALTO al miedo, que sobrepuso un elocuente e inteligente ciudadano para alertar de que en efecto, no vivamos con miedo en esta ciudad. Evitemos el miedo que la misma autoridad nos quiere imponer hasta con la línea editorial del periodismo local y nacional.

juaritos rifa: sus letreros bellos, absurdos, sarcásticos, perfectos en ocasiones para memes. grafitis que son sensores de una gran pulsión sociocultural.
y en el cabús de las rutas de pasajeros, el nombre o apodo del chofer tiene que ir, o el nombre de su nena en turno. y si no, va el nombre o apodo de ese personaje camarada que ya no está en este plano y que acompaña el viaje a manera de homenaje. entre la idiosincrasia y la noche intensa —bares, cantinas, la juárez y el noa noa –que ya no existe más que en la memoria de algunos y que ya solo queda un estacionamiento y la placa en la acera frente a él–.
Siguen naciendo referentes todo el tiempo, como el ya conocido mural de juanga pintado por damasco ubicado a un costado del club 15, que es otro bar emblemático que ahora se expandió y se ha convertido en otro concepto distinto al que fue en otra época en la que solo cabían 15 bancos en la barra del pequeño espacio, de ahí su nombre original con monas sexys desnudas en el techo.
tenemos otro espacio qué nombrar, y es la casa de juanga con sus grandes letras del nombre del divo, para identificarlo hoy como el museo que ya es una pujante asociación civil lanzado a la vorágine de una notable campaña mediática para hacer que todo fan del divo compre desde aquí o a distancia y con tiempo su boleto de entrada a un costo de moderado a alto sin descuento alguno. Proyecto cultural bastante acompañado por la presente administración del municipio, y que por cierto dieron una vida y recuperación al pasaje juan gabriel ubicado en la calle lateral de la casa museo. La sombra del divo de juarez nos alumbra ahora más que nunca y por si fuera poco se unió a esta celebración la proyección del primer concierto en bellas artes de Juan Gabriel replicado en la plaza de la mexicanidad conocida como la X. así es: netflix en cofradía con este municipio nos traslada bellas artes a la plaza de la mexicanidad así que miles de juarenses estallaron en emociones y nostalgia el pasado sábado 29 de noviembre.
ciudad juárez: la número uno en cerveza light gringa y en tamaño caguama:
todos somos parte internalizada de esta ciudad número uno: del graffiti más grande, del pan más rico, del six más barato y helado para la carne asada más memorable del domingo más esperado. la tecate sudando frío recién abierta; la carta blanca en caguama bien helada para la conversación en el calaveras, en el bombín, el faro o en el patio de la casa propia o del compadre o en la plaza más socorrida. todos vamos a la party aunque no estemos invitados.
Para recordar a nuestros queridos difuntos, grupos de amigos se mandan hacer camisetas de su camarada caído y le llevan al panteón para el 2 de noviembre una tecate light recién abierta. 24 años. demasiado jóven se les fue y lo lamentan y lo abrazan con los abrazos entre ellos y se van. no importa si fue pandemia o violencia el móvil de su muerte; ya ni se pregunta nada. solo se les llora, se les honra y se les extraña.
aún así en esta ciudad de las fachadas roídas, cayendo a pedazos, cantamos “buenos días a la vida”, reiteramos que juárez es la frontera más fabulosa del mundo, y seguimos: a trabajar, a llevar a los chamacos a la escuelita, al museo a pesar del temor de que nos cobren la entrada o que no nos dejen entrar con el manado, vamos al mall, a los elotes del borunda, a la tardeadita en el chamizal cuando comienzan a dorarse los árboles del poniente. todos añoramos el noa noa y lo compensamos con alguna experiencia con cerveza y chuchupastle con una rockola que apenas recibe monedas de 5 pesos o sobrevive la mesa de billar para quien guste, le ponemos tiza al taco y cuidamos el fieltro que apenas cubre la mesa vieja y las buchacas: bombín, el faro o el club 15 siguen ahí al pie del cañón y nos arropan por largas temporadas.
la número uno en escultura monumental:
todos formamos parte identitaria de la X aunque no queramos: nos la impusieron entre política y artefacterías burocráticas. fieles admiradores la rodean; es escenario de eventos multitudinarios. Es un testigo de la comunalidad, es sorpresa de bicicletas y familias paseando por la explanada. Ese espacio fue escenario del primer concierto en bellas artes de juanga acá en esta frontera y eso lo consagró para la memoria colectiva. nostalgia a cielo abierto como la de las ferias de cada año y así por los lustros y décadas y siglos de los siglos porque ese monumento nos sobrevivirá.
desde ahí miramos al norte: el bordo, el muro oxidado de trump, el imaginario de lo que sería estar del otro lado, comer la hamburguesa, comprar los tenis, manejar por el freeway siguiendo cada ley gringa. Y desde el lado gringo se ve igual de imponente la x, punto de referencia, una tacha roja como las cruces rojas electrónicas que marcan el error. Un error en la frontera, en el bordo, en la poética del despilfarro pero un acierto en la identidad fronteriza, aunque no lo quisimos se logró. una equis inserta en las publicidades más cuadradas y convencionales como es también el lema del cerro de “la biblia es la verdad léela” que nos condicionan a creer que eso somos en ciudad juárez, esos juarenses orgullosos de una equis gigante y un cerro con tal frase de esperanza que en medio de esta identidad iconográficamente fronteriza, nos proponen imaginar a una ciudad que se restaura todos los días, una ciudad que nos regala la posibilidad de soñarnos otros, y que queremos sobrevivir a todo lo malo con lo bueno que seremos todos en comunidad.
la número uno en cruces de tradición fronteriza simbólica:
cada estación trae su desafío. halloween y luego el 20 de noviembre marcan el inicio del frío. miles de personas cruzan caminando al chuco a pedir dulces, gozando el privilegio migratorio. llega el jueves de thanksgiving y con él sigue el black friday; largas líneas impulsadas por la necesidad de unión para la cena de pavo, surgida de una que otra urgencia de comprar algo a una ganga y que al final resulta innecesario, pero que da la ilusión de seguridad y felicidad por el costo sorprendentemente bajo.

la número uno en potencia económica:
ciudad juárez, durante décadas, la frontera industrial más importante: maquiladora como motor y gran imán para buscadores de sueños, del sueño americano al sueño guajiro. recibe migrantes de múltiples geografías. Una ciudad que un tiempo se llamó la ciudad de paso, pero que se convirtió en la ciudad destino, porque fue el punto final de una gran caravana a lo largo de muchas décadas que caminaron hasta acá con la idea de cruzar y se fueron quedando y se fueron quedando y que aquí siguen habitando y echando raíces, mientras se van, mientras siguen a ese espejismo americano que finalmente quedan en el imaginario de tantos soñadores.
la número uno en atardeceres y amaneceres:
juárez es esa ciudad que se reconoce al instante en que clarea y se revela un naranja único en las nubes del este. no siempre aparece, pero cuando sucede corro por mi cámara para eternizar el momento efímero.
Juárez: una ciudad de inicios y de cierres
y así es juárez: una ciudad que hiere y que cura, que abrasa y arroja, que se reinventa sin pedir permiso. una ciudad que nos obliga a regresar siendo otros, porque ella nunca es la misma. una ciudad que se nos mete bajo la piel como la arena del viento: persistente, finísima, inevitable.
una ciudad que canta, que llora junto al bravo, que ríe en los recovecos de las sombras, que recuerda y olvida con igual intensidad.
una ciudad que, a su modo, nos enseña a resistir, a improvisar, a sobrevivir y a celebrar.
una ciudad número uno, no por soberbia, sino por insistencia: la insistencia de quienes la habitamos, la narramos y la soñamos incluso cuando la dejamos por un rato. una ciudad juárez que en su contradicción entre la dureza, el maltrato y la luminosidad de su gente, es absurda y solidaria también. algo en esta frontera se desvanece mientras sus líneas y grietas en los muros desaparecen con el directo sol del verano y la música de los ruiseñores en el otoño y el vendaval de los meses, la polinización necesaria y sus desvaríos. somos entes vivientes en una frontera dificil en el asfalto, y amorosa por sus atardeceres, que se pintan siempre de colores ocres y naranjas hasta no poder más.
la ciudad de las nubes, de los cielos intensos: paisajes celestiales memorables y registrados por la cámara. frontera de nuestra luna grande y blanca y brillante y en todas sus fases: eterna y solidaria.

geografía norteña: lugar de un amplio horizonte, tan amplio que sigue la linea para admitir que hay un gran valle con río sin agua y con agua lleno de historia revolucionaria y una sierra de juárez que hay que andar y hay que cuidar, más allá de lo visible.
una ciudad con ese fulgor de las batallas diarias que acompañan, disuelven y nutren, con su lluvia de arena a esos cielos que en su condición efímera existen también en la eternidad y en la memoria fiel de nuestro caminar de ida y de vuelta, de norte a sur al mismo tiempo, para volver a esta frontera una vez más, y efectivamente regresamos siendo otros.

