Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.
“POEMA LIX”
RAMÓN DE CAMPOAMOR, 1846
Con frecuencia nos planteamos conocer las dos –o más– voces de un mismo punto. Se trata de un proyecto literario histórico, que las voces sean variadas al contar una historia.
Esta escucha o visión del otro y, al mismo tiempo, del yo es expuesta por la autora Ana Fuente en su libro, La ley Campoamor. Ella, licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, autora de diversos ensayos, cuentos y autora de tres libros, ganó el Premio Dolores Castro de Narrativa en 2019 justo con esta obra. El sello editorial Nitro/Press se encargó de traer este galardón a los aparadores y al lector, para inaugurar su colección “Habitaciones Propias” que publica a mujeres de diferentes generaciones, geografías y estilos.
Y así mismo, observamos cómo el libro, ya desde el índice, nos recibe con los textos divididos en “Cóncavo” y “Convexo” con 10 relatos en cada sección. Por extraño que suene, no comparten protagonistas ni situaciones sino el mundo.
Los cuentos de “Cóncavo” están escritos principalmente en primera persona, lo cual nos sumerge en los pensamientos, recuerdos y conversaciones de los personajes principales. A ellas y ellos podemos sentirnos cercanos ya sea a nivel personal o por nuestro contexto –y nada tienen de desabridos–, como: la hija de un narco vendida por su padre; una señora vuelta viral en redes por algo que ella no defiende; un chico poco talentoso para el futbol que busca impresionar a la niña que le gusta; una joven de mecha corta quien recibe correos no deseados.
Hasta aquí, los personajes de La ley Campoamor son complejos y no por ser los protagonistas sino por la humanidad contenida en los mismos.
«Extrañé sus ojos de inocencia, sus ligeros ronquidos y su forma de ladrar cuando lo sacaban a pasear. Tal vez la enfermedad me haya vuelto nostálgico ahora que el dolor no me deja ni moverme y no tengo otro entretenimiento que mis recuerdos». (Pág.90)
La estructura lineal de los cuentos nos absorbe con el paso natural de su tiempo, y no es compartida como una charla cotidiana. La autora, con un equilibrio entre la sátira y los pasajes reflexivos, nos conduce por un fragmento de las vidas de sus personajes donde no están estáticos, sino que se perciben en el continuo de sus vidas.
La lectura de “Cóncavo” se siente ligera, familiar, posee un ritmo constante y envolvente desde las problemáticas de sus cuentos.
Por otro lado, “Convexo” se presenta como un espejo, tal cual, de lo anterior. Hay un reflejo en la disposición de los textos y en la forma de presentar la otredad, pues el relato da inicio donde es el final de su reflejo. El narrador ahora también lo encontramos como omnisciente y también protagonista, pero toma los ojos menos esperados, lo cual genera una atmósfera donde la búsqueda de un final se vuelve responsabilidad del lector. Además, su primera tarea es reconocer quién es ahora el personaje principal, la pieza de unión entre ambas historias. Y ésta no como un accesorio de su correspondiente: se afirma, a su vez, como única.
La ley Campoamor –spoiler alert– finaliza con la muerte de alguien o algo, pero su destrucción es el nacimiento de algo más, algo sin posibilidad de ser presenciado.
«Su respiración agitada se mezcla con una sonrisa que se asemeja a un jadeo de perro hambriento. El brillo de sus ojos encendidos confirma mi temor más grande: está poseído. De súbito, escucho en la distancia un sordo disparo, observo la sangre negra que comienza a recorrerme y reconozco su huella: mi característica pureza ha sido violentada y me ha alcanzado hasta el tuétano. Yo soy la víctima». (Pág.110).
La maestría de la autora con las letras es innegable en su forma de reflejar las historias, los chistes y sarcasmos, y las situaciones irónicas ocupadas a favor para generar una conexión con el mundo. La narrativa del texto logra retratar la cotidianidad de muchos mexicanos quienes, considerados números de una estadística, son humanizados.
Contiene una exposición de la violencia cotidiana sin posibilidad de ser rechazada, la vuelve una herramienta de supervivencia ante una realidad aún más violenta. Los relatos no son una búsqueda de justificar estos actos, sino una forma afirmar como sujetos independientes y únicos a sus actores.
Así, Ana Fuente nos brinda el camino para descubrir a cada personaje como protagonistas de su propia vida, no deslindadas de las de los otros. De igual manera, el análisis del cómo cambia la interpretación de un mismo hecho conforme a los ojos que lo miren lo hace sin un juicio moral, como una muestra cotidiana de la naturaleza del ser humano; desde cada una de sus aristas como el amor, el egoísmo, la empatía, el rencor, la nostalgia, el arrepentimiento… cualidades mostradas con el esplendor de su mera existencia.
La lectura de este libro nos hace testigos de la cotidianidad del otro, quien no te excluye sino te arropa en las telarañas de sus pensamientos, no en una búsqueda de justificar sus actos, sino en una forma de afirmarse como sujeto independiente y único. Su lectura trae consigo al lector la responsabilidad de descubrir los secretos que guarda cada suceso, diálogo o paisaje, y el descubrimiento consumado te hace adicto a continuar la lectura.

La ley Campoamor; Ana Fuente. Premio Nacional «Dolores Castro», 2019. Cuentos. Col. Habitaciones Propias, núm. 1. Nitro/Press – EFIARTES. México, 2023.

Ana Fuente estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. En 2015 fue beneficiaria de Jóvenes Creadores (FONCA) en cuento. Ha publicado cuento y ensayo en revistas y en diversas antologías publicadas en México y el extranjero, como Resistencia (Endira, 2018), Frontera norte. Antología de narrativa chilena y mexicana (Cinosargo/Mantra, 2020), Ni una sola palabra (UANL, 2021), Los cuerpos que habitamos. Ficción y no ficción sobre nuestro derecho a decidir (ANALFABETA/UANL, 2021) y Mexicanas 2: infancias perdidas (Fondo Blanco, 2022). Es autora de los libros Chicharrón de oso y algunos cuentos del fracaso (FETA, 2018) y Mosaico de lo insólito (La Rumorosa, ICBC 2021). En 2019 recibió el Premio Dolores Castro de Narrativa por La ley Campoamor. Baja California la adoptó desde hace doce años. (Fuente: Nitro/Press)

