Como ha ocurrido en otras caídas de altos jefes del narcotráfico, no fue una traición interna ni un error táctico lo que abrió la puerta al operativo, sino un vínculo personal. La comunicación del líder criminal con su entorno más cercano —en este caso, una de sus parejas sentimentales— terminó por convertirse en la pieza clave que permitió al Ejército Mexicano ubicar y cercar a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”.
El secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo, relató que el punto de quiebre ocurrió el 20 de febrero, cuando inteligencia militar detectó el desplazamiento de un hombre de confianza ligado a la mujer. El seguimiento condujo a un inmueble en Tapalpa, Jalisco, donde el operador se reunió con el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Ese movimiento permitió confirmar la presencia del capo en la zona.
De acuerdo con el mando castrense, no se trató de un golpe improvisado. Durante semanas se trabajó en el análisis de la red de vínculos personales y logísticos del jefe criminal, con intercambio de información entre instancias nacionales y cooperación internacional. Sin embargo, fue la reunión privada la que permitió fijar el punto exacto donde se encontraba.
Para el 21 de febrero, la mujer abandonó el inmueble y se confirmó que Oseguera Cervantes permanecía en una cabaña con su círculo de seguridad. De inmediato se activó el plan operativo, diseñado por Fuerzas Especiales del Ejército y por la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional, con apoyo aéreo.
El despliegue derivó en un enfrentamiento de alta intensidad. Al advertir la presencia militar, “El Mencho” intentó huir hacia una zona boscosa tras abandonar el complejo de cabañas. En su retirada disparó contra las fuerzas federales y buscó ocultarse entre la maleza. El intercambio fue directo. Él y dos de sus escoltas resultaron gravemente heridos.
Tras ser asegurado, fue trasladado en una aeronave rumbo a Morelia, Michoacán, con la intención de llevarlo posteriormente a la capital del país. Sin embargo, murió durante el trayecto a consecuencia de las lesiones sufridas en el enfrentamiento.
Durante la conferencia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el general Trevilla reconoció que la operación tuvo un costo doloroso: elementos de las Fuerzas Armadas perdieron la vida en cumplimiento de su deber. Con la voz entrecortada, destacó que el éxito del operativo no sólo radicó en la neutralización del líder criminal, sino en el mensaje institucional de que el Estado mantiene capacidad operativa frente a organizaciones consideradas entre las más violentas del país.
Así, como en otros episodios de la historia reciente del narcotráfico en México, fue un lazo afectivo —un encuentro aparentemente íntimo— el que rompió el cerco de invisibilidad de uno de los hombres más buscados. La vida en la clandestinidad volvió a demostrar que, incluso para los capos más herméticos, los vínculos personales pueden convertirse en el eslabón más vulnerable.

