Las personas de entre 18 y 29 años representan el grupo con mayor incidencia de violencia familiar en Ciudad Juárez. De acuerdo con la Radiografía Socioeconómica del Municipio de Juárez 2025: Así comenzó 2026, elaborada por el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP), este sector concentra el 47.8 por ciento de las víctimas registradas durante 2025, al sumar hombres y mujeres afectados por este delito.
El estudio revela que la violencia familiar golpea de manera desproporcionada a las mujeres, quienes representan el 84 por ciento del total de las 7 mil 387 víctimas contabilizadas, mientras que los hombres constituyen el 16 por ciento. Entre las mujeres, el grupo de 18 a 29 años es el más afectado, con el 34.2 por ciento de los casos, seguido por las de 30 a 34 años con 14.8 por ciento y las de 35 a 39 años con 11.3 por ciento.
Las cifras también muestran una realidad preocupante para la infancia. En los hombres, el grupo de 0 a 11 años concentra el porcentaje más alto de víctimas, con 26.4 por ciento, mientras que otro 10.7 por ciento corresponde a adolescentes de 12 a 17 años. Estos datos evidencian que una parte importante de la violencia ocurre dentro del entorno donde niñas, niños y adolescentes deberían encontrar protección.
El análisis del IMIP permite observar que la violencia familiar no se limita a un solo sector social. Aunque las mujeres jóvenes son las principales víctimas, también existe una presencia importante de menores de edad y personas adultas mayores, lo que refleja un fenómeno que atraviesa distintas generaciones y tipos de hogar.
La publicación también identifica que el 28 por ciento de las víctimas son personas empleadas, el 18 por ciento amas de casa y el 9 por ciento estudiantes, lo que confirma que este delito alcanza tanto a quienes trabajan como a quienes permanecen en el hogar o cursan estudios.
Más allá de los porcentajes, la radiografía plantea un desafío para las políticas públicas. La concentración de casos entre jóvenes en edad productiva y la elevada presencia de menores afectados sugieren la necesidad de fortalecer la prevención, la atención psicológica, la educación para la resolución pacífica de conflictos y los mecanismos de denuncia, con el fin de romper los ciclos de violencia que continúan reproduciéndose al interior de miles de hogares juarenses.

