Giancarlo Esposito entra a escena con una presencia que domina la habitación. La pausa, la mirada fija y una tensión silenciosa anuncian que algo importante está por ocurrir. Así ha sido su carrera y así se cuenta mejor, como una serie donde cada temporada afila el ejercicio del poder.
Nacido en Copenhague, Dinamarca en 1958, de raíces italianas y afroamericanas, Esposito se curtió lejos del estrellato rápido. En los años ochenta y noventa caminó junto a Spike Lee, aprendiendo que el diálogo se discute, se rompe y se vuelve a armar si es necesario. Do the Right Thing, Malcolm X, Mo’ Better Blues: ahí entendió que actuar también es tomar postura. “No dejar tu opinión atrás”, se volvió una regla de vida. Como en Better Call Saul, nada es gratuito.
Luego vino el mundo nocturno del cine de autor. Jim Jarmusch, Paul Auster, Wayne Wang. Personajes que parecen secundarios pero cargan el pulso moral de la historia. Esposito aprendió a escuchar, a dejar silencios largos, a incomodar. Ese entrenamiento invisible fue la antesala perfecta para Gustavo Fring.
Gus observa y se mueve a plena vista. En Breaking Bad y Better Call Saul, Esposito construyó uno de los villanos definitivos de la televisión desde la calma y la precisión quirúrgica. El método fue tan exacto que lo llevó a dirigir episodios, afinar ritmos y comprender el poder también desde detrás de la cámara. Como en esas series, el control se extiende por cada detalle.
Después llegaron otros imperios. Stan Edgar en The Boys, Moff Gideon en The Mandalorian. Ejecutivos, burócratas del mal, hombres que mandan sin mancharse las manos. Fríos, carismáticos, letales. El mismo ADN, distintos universos.
En cine, Esposito transita por franquicias y proyectos personales como The Usual Suspects, Okja, Megalopolis y MaXXXine. Entre 2024 y 2026 encadena nuevos trabajos mientras escribe, produce y desarrolla ideas propias. The Only Living Pickpocket in New York funciona como un thriller y como una declaración pública: desde Sundance, articuló un llamado a una revolución ética frente a la migración, el racismo y la violencia de Estado.
Como en las mejores series, Giancarlo Esposito no ha llegado al final. Está en ese punto donde el personaje ya sabe quién es y el público apenas empieza a entenderlo. Y eso, en televisión y en la vida, es cuando la historia se pone realmente buena.
-Tu carrera realmente comenzó a destacar con tu papel de estudiante universitario en la película School Days de 1988, de Spike Lee. ¿Cómo surgió esa oportunidad?
Sí. Conocí a Spike Lee cuando estaba haciendo una obra de teatro en una nueva compañía llamada New Ensemble Company, se llamaba Zoo Man and the Sign. Spike Lee fue a ver la obra y me lo describieron como un joven de espíritu muy creativo al que le encantó la obra. Vino a mi camerino y hablamos durante horas. Luego me dio el guión que eventualmente se convertiría en School Days. En ese momento, estaba escrito como una posible comedia musical. Me preguntó qué pensaba y a mí me pareció un guión genial, y muy provocador en su escritura. Porque sentí que, en palabras de Spike, era un guión que iba a «lavar los trapos sucios de los afroamericanos en público». O al menos eso dijeron los críticos. Él estaba tratando de investigar las tensiones y diferencias entre los negros de piel clara y los de piel oscura.
-¿Cómo se desarrolló tu relación con Spike Lee? Ya que en los años siguientes hicieron tres películas más juntas: Do the Right Thing (1989), Mo’ Better Blues (1990) y la gran Malcolm X (1992). ¿Cómo surgió esa conexión tan especial?
Spike y yo realmente nos entendíamos. Aunque yo soy de herencia mixta, entendía su forma muy visionaria de hacer cine. Nuestras conversaciones eran políticas, a veces espirituales y a veces raciales. Creo que porque mi relación con Spike comenzó mucho antes de School Days. Al principio, Spike quería hacer una película llamada The Messenger. Él sabía que yo era ciclista. La película trataba sobre un mensajero en bicicleta en Nueva York. Empezamos a ensayarla pero nunca pudimos filmarla. Creo que Spike en ese entonces me veía como una extensión de sí mismo. Nuestras ideas eran muy similares. Él era un joven negro guapo. Yo era un joven negro guapo. Y aunque él en ese entonces hacía algo de actuación, no era el actor que yo soy. Así que siento que yo lo representaba como él se veía a sí mismo. Éramos muy cercanos porque yo andaba en bicicleta y él también lo hacía a veces, pero no era realmente un ciclista… ¡sólo se vestía como uno! Llevaba la gorra de los Brooklyn… yo usaba una gorpa Nike de correr hacia atrás. Creo que Spike tuvo algo de experiencia un mes o dos como mensajero en bici, yo también. Así que teníamos una gran sincronía, lo que lo llevó a pedirme ser un colaborador en sus películas. Spike es el capitán del equipo y si tú eres el mejor, eso prevalece. Creo que lo que le gustaba de mí es que a veces desafiaba su diálogo y quería mejorarlo. A veces improvisaba, a veces funcionaba, a veces no.
Con Larry Fishburne, durante School Days, en la escena del diálogo entre nosotros en el campus, no sentimos que estuviera a la altura de nuestro estándar o dijera todo lo que queríamos. Fishburne vino a mí y dijo: “¿Qué hacemos?” Y yo le dije: “Creo que lo que hacemos es que vamos a irnos a la hora del almuerzo y lo reescribimos”. Él dijo: “Al entrenador no le va a gustar eso”. Y yo le dije: “No, al entrenador puede que no le guste, pero te digo qué, ¿por qué no vas a la hora del almuerzo y escribes tu versión en tu cabeza y la guardas para ti? Y yo haré lo mismo. Y cuando la cámara ruede, simplemente diremos lo que queramos, de manera diferente». Él pensó que era brillante. No lo ensayaríamos. No le diríamos a Spike. Tú dices lo que quieras y yo reaccionaré en el momento con lo que yo haya escrito. Así que lo hicimos. Spike estaba en una escalera de doce pies con un megáfono y había cien extras. E hicimos la escena y casi la logramos. Y él dijo: “¡Corten, corten!”. Y hubo silencio porque todos sabían que no decíamos las líneas escritas. Y él dijo: “¿Quién dijo eso?». Y hubo más silencio. Y nadie lo admitía. Y yo dije: “Yo fui”. Y hubo más silencio. Y él dijo: “Eso estuvo genial. Díganlo de nuevo”. Y así era nuestra relación.
La historia opuesta a esa es en Do the Right Thing. Cuando su hermana, Joie, vino a mí y dijo: “Tenemos una escena» (la famosa escena donde me limpio la zapatilla después de que John Savage la pisa). Ella me dijo: “Estas líneas no funcionan”. Yo dije: “Reescribámosla”. Usé mi vieja táctica y la reescribimos, rodamos la escena, y Spike la cortó inmediatamente. “¿Qué están haciendo? Eso es demasiado expositivo. No, no pueden decir eso”. Así que iba uno por uno. Funcionó una vez bellamente, a él le encantó. Años después, en Do the Right Thing, él estaba como: “No, di la línea, di la línea». Y yo me reí y dije: “pike, lo que necesites”. Así que lo adoro. Y esa adoración y respeto es por un hombre que escribe sus guiones a mano. Me presentaba cosas escritas a mano y yo pensaba: “Este tipo es con quien quiero estar, a quien quiero contribuir, por quien quiero inspirarme y a quien quiero inspirar”. Porque él me decía: “Giancarlo, ¿qué piensas?» Y yo le decía la verdad. A veces ganabas, a veces perdías con las sugerencias. Pero creo que es un genio. Me encanta trabajar con él. Ciertamente me ha enseñado a no dejar mi opinión atrás. Spike es opinión y no la deja atrás.
– Veo una relación mágica allí. Realmente mágica.
Mira, hace ocho días, yo estaba en Nueva York filmando Godfather of Harlem. Y él me envió un mensaje: “¿Dónde estás? ¿Dónde vas a estar mañana por la mañana?”. Yo le dije: “Estaré en el set a las 5:30 a.m.”. Él dijo: “Voy para allá”. A la mañana siguiente, él me escribió a las 6:15 a.m.: “¿Dónde estás? ¿Llegas tarde?» (porque eso es lo que él siempre decía cuando trabajaba conmigo: «No llegues tarde”). Le dije que ya casi llegaba. A las 6:30 de la mañana, él estaba en el estacionamiento en una Escalade blanca. “Sal ahora». Y salí. Él me trajo el libro de David Lee (su libro, con mi foto) y me lo firmó. ¿Cómo lo firmó? “Stay Black”. «Sé negro”. Spike Lee. Y lloré, hombre. Estaba parado en el estacionamiento. Él no quiso entrar. Sólo me trajo una bolsa de amor y de su espíritu. Y charlamos unos minutos. “¿Cuándo vamos a cenar?”. Y se fue. Tiene una relación muy especial. Él había cenado la noche anterior con Denzel y estaba pensando en mí y en Bill Nunn, que falleció, y en todo el equipo. Él me mira y dice: “Todavía estamos aquí, todavía estamos aquí”. Es una relación muy especial. Sólo le canto alabanzas.
-Gracias, Giancarlo. La siguiente pregunta es muy importante para mí porque yo también soy escritor. Y cuando noté que Paul Auster te dirigió en Blue in the Face (1995), es algo enorme para mí. En esa película, tuviste la fortuna de interpretar a Tommy Finelli junto a actores como Harvey Keitel, Lou Reed, Michael J. Fox, Jim Jarmusch, Madonna y Roseanne. ¿Cómo fue esa gran experiencia?
-Fue una gran experiencia porque, ya sabes, primero hicimos Smoke, dirigida por Wayne Wang. Paul Auster me llamó y fui a almorzar con él, ¡y allí también estaba Wayne Wang! Me dijeron: “Nos encanta tu energía. ¿Vendrías a abrir nuestra película?”. Y yo ya había hecho Night on Earth para Jim Jarmusch. Todo el mundo quería que yo fuera la energía de su película en la primera escena. Entonces hicimos Smoke. Y luego pasamos a hacer Blue in the Face con Paul al mando. Conseguimos el dinero extra de Harvey Weinstein y Miramax. Fue genial ver a un autor estirarse y tener la experiencia de dirigir, de ver sus palabras traducidas de manera tan hermosa por grandes artistas. Y hacer una película que no estaba guionizada. Eso fue lo principal. Tomamos las mismas ideas y personajes de una película y nos permitió estirarnos y que diferentes personas pasaran por esa puerta y jugaran con nosotros en una situación completamente nueva cada vez. Me entusiasmó mucho esa película añadida que se convirtió en un filme de género por derecho propio.
– ¿Fue en el 91, Night on Earth?
Sí. Así que ya había trabajado con Jim Jarmusch. De hecho, acabo de hacer una pieza con Julian Rosenfeldt en Berlín, una derivación de Night on Earth que Jim aprobó. Hace dos meses estuve en Berlín repitiendo el rol de YoYo como un hombre mayor. ¡Y luego Julian me pidió que consiguiera un actor para el asiento trasero! Pensamos en Vincent Cassel, etc. Y de repente pensé: «¿Quién es más reconocible que yo? Debería ser YoYo. Y luego debería cambiarme y ser el hombre de negocios en el asiento trasero. ¡Es el mismo tipo!”. Y todo eso surge de esta creatividad que vino de mis primeras películas. Trabajar en piezas como Blue in the Face y, por supuesto, Do the Right Thing con Spike, tienes espacio para jugar, para inspirar y ser inspirado. Y de eso se trata.
¿Qué nos puedes contar de YoYo o no?¿Vivías en Queens en ese entonces?
No, vivía en Manhattan. Nunca olvidaré a Armin (Mueller-Stahl) llegando. Yo había encontrado esa chaqueta de búfalo en California, todavía la tengo. Era una chaqueta muy cara. Se la mostré a Jim y él dijo: «Creo que es demasiado cara para ti», porque sentía que YoYo era un chico B-boy de Brooklyn. Pero yo insistí en que era perfecta. Luego conseguí ese gorro. Armin llegó un día con el mismo gorro. Yo dije: “Espera un minuto, tenemos el mismo gorro. ¡Me estás copiando!”. Armin y yo teníamos una sincronía que era como ninguna otra. Y me di cuenta: «Lo que resistes, persiste». No resistí. Y él tenía el mismo gorro, y creó un sentimiento muy amoroso entre nosotros. Fue un gran momento. Hace seis meses, hicieron un documental para honrar a Armin por su 90º cumpleaños, y me entrevistaron durante cuatro horas. Pude hablar con él después de años sin hacerlo. Tiene 90 años y está retirado en la costa del Báltico.
Cuéntame sobre Breaking Bad (2008-2013) de Vince Gilligan. Una serie donde eres una estrella como el gran Gustavo Fring. ¿Cómo cambió tu vida esta producción?
Breaking Bad fue una experiencia muy especial. Me pidieron hacer un rol de invitado. Fui a hacerlo, me pidieron otro, lo hice, e inmediatamente me ofrecieron un contrato. Porque tenían villanos, pero no un personaje permanente que fuera el contrapunto. Yo seguía diciendo que no hasta que dije que sí, porque no quería interpretar el estereotipo. Quería hablar con Vince Gilligan. Si este tipo iba a ser algo más que un clon de Tony Soprano con ropa diferente, no funcionaría. De mi conversación con Vince surgió la razón por la que hice la serie. Y de mi relación en el set, en esos primeros episodios con Bryan Cranston, supe que teníamos una sincronía maravillosa. Así que sentí que podía ser ese tipo. Porque antes de mí, tenían malos que entraban y morían. Siempre era el tipo de piel morena, el malo, el mexicano, el hispano… lo mataban. Pero este tipo necesitaba ser diferente. Vince me dijo que todos querían el rol, desde Philip Seymour Hoffman hasta actores más famosos que yo en ese momento. Y él no los sentía. Cuando la directora de casting me llamó y dijo: «Él realmente te quiere, pero sólo quiere que leas”, supe que si leía, lo conseguiría. Y así fue.
Luego, después de un par de apariciones como invitado, no quería seguir porque pensaba que era otra serie de roles de invitado. Y yo ya había sido el rey de los roles de invitado. Me ofrecieron un contrato al final de una temporada y dije: “No. ¿Por qué no se toman cinco meses, y si sienten lo mismo cuando regresen, lo consideraré?”. Y lo hicieron. Y ese fue el trato. Es un rol que cambió mi vida. La línea que me inspiró fue «esconderse a plena vista». Eso fue lo que tomé. “¿Qué tal el tipo que vive al lado? ¿Qué sabes de él o ella? No sabes lo que realmente hace, pero es afable, es amable, dona a las carreras benéficas…”.Vince se asombró con esa idea. Le dije: “Fue tu inspiración la que me inspiró a ser real”. Algunas cosas eran por venganza, otras porque él sentía que podía manejar todo mejor que nadie. Pero no tenía ego por eso. Sólo sabía que era un genio, cinco pasos por delante. Todo eso se desarrolló para mí a partir de estar lo suficientemente tranquilo para escuchar, dejando espacio para ser escuchado. Porque cuando realmente dejas espacio, realmente prestas atención a la gente. De repente, es incómodo para ellos. Empiezas a mirar realmente su alma. Y luego le quitas la sonrisa y dejas la realidad de la verdad, que es simplemente mirar, lo que no es ni feliz ni triste, sino específico. La gente se siente incómoda, es incómodo. Y eso es lo que guió a Gus. Me guió en la creación, la profundidad de este personaje en particular. La personalidad se aprende, ¿verdad? La esencia no se aprende. La esencia es alma. Y eso es lo que impregné en Gus, y cambió mi vida para siempre interpretar a ese personaje. Años después, pensaría en él. Es un tipo bajito. Finalmente, después de años y años, me di cuenta de que era un poco raro. Pero está bien. Todos somos un poco raros. Sólo tenemos miedo de mostrarlo.
¿Qué puedes contarme sobre Better Call Saul?
Todo. ¿Qué quieres saber? Te lo diré. Tengo recuerdos muy bonitos de la sexta temporada. Lo que puedo decirte es que esta fue una temporada diferente a las otras. Gus estuvo en un lugar diferente. Lo que me encantó de esta temporada es que el personaje estuvo incómodo. Nunca lo habías visto así. Está bajo presión de los Salamanca. Lalo es la perdición de su existencia. Y nunca lo habíamos visto incómodo. Siempre controló el caos, cinco pasos por delante. Pero en esa sexta temporada, estaba preocupado. “Dime otra vez. Dime otra vez”. Ve fotografías. Algo le molestaba. Es un Gus que no has visto. “Dime otra vez”. Mira por la ventana y está pensando. Está un poco nervioso. No tenía miedo de morir. Estaba Nervioso de que quizás no ganara eljuego. La serie trató sobre Saul. Si ves Better Call Saul primero y luego Breaking Bad, lo entiendes. Si ves Breaking Bad primero, como muchos hicimos, y luego ves Saul y encaja, por eso fue un conjunto de series magnífico, diferente una de la otra pero que se recuerdan mutuamente, de todos los tiempos.
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Al final, contó que sí había dirigido un episodio, aunque al principio ni siquiera lo había mencionado. Explicó que dirigió Axe and Grind, el episodio seis, escrito por Ariel Levine, la misma guionista que años atrás había creado los videos de entrenamiento que él realizó para Gus en Breaking Bad, trabajo por el que ganó un Emmy. Dijo que la idea de dirigir surgió de él y que la experiencia había sido extraordinaria.
Comentó que su visión había encajado dentro del esquema más amplio de lo que la serie expresaba y representaba. Señaló que Peter Gould, quien realmente llevaba las riendas de Better Call Saul, y todo el equipo le habían dado muchos elogios. Reconoció que siempre le había gustado dirigir y que en esta serie tuvo un respaldo enorme, considerando que era la mejor televisión posible para hacerlo, como sucedió al convertirse en productor ejecutivo en la serie Parish (2024), donde también fue protagonista.
Recordó con orgullo que, junto con Rhea Seehorn, fueron los dos primeros actores en dirigir la serie. Destacó que la confianza que depositaron en él de esa manera había sido un honor enorme, un verdadero privilegio, y que se sintió profundamente agradecido de formar parte de algo así.

