FURIA, de Clyo Mendoza
(Una de mis lecturas del año, sin orden
cronológico ni obediencia a la novedad)
No leo en fila ni por temporada. Leo por sacudidas. Leo cuando un libro se queda rondando incluso después de haberlo cerrado, cuando el lenguaje no termina de irse y algo —una incomodidad, una imagen, una rabia espesa— sigue caminando conmigo. Furia, de Clyo Mendoza, fue uno de esos libros que no llegaron por calendario editorial ni por urgencia crítica, sino por necesidad, porque apareció en el momento justo en que el cuerpo estaba listo para recibirlo.
Y lo que entrega no es consuelo.
Furia es un libro que trabaja con materiales calientes como la violencia heredada, los cuerpos marcados, el territorio, el deseo, la precariedad y el poder. La escritura se instala en esa materia y avanza sin tomar distancia, porque todo aparece embarrado, atravesado por una experiencia directa. El lenguaje se hunde en lo que nombra y acompaña esa inmersión. Clyo Mendoza escribe desde un sur convertido en campo minado, un espacio donde la violencia se vive como una atmósfera permanente.
Hay algo profundamente faulkneriano en la manera en que este libro concibe el territorio como un organismo vivo. El lugar pesa, condiciona y enferma. Los personajes no habitan ese espacio, quedan atrapados en él. Como en Yoknapatawpha, la tierra guarda memoria y esa memoria no perdona. Todo se repite, todo se hereda y todo se paga con el cuerpo.
En Furia la violencia se acumula. Frases que avanzan como corrientes densas, párrafos orientados a la precisión, una escritura dispuesta a ensuciarse. El ritmo sostiene esa acumulación, con un avance sostenido que no concede alivios fáciles. Mendoza entiende la violencia como un pulso constante, más cercana al latido que al estallido.
Los personajes de Furia operan como presencias abiertas, atravesadas por fuerzas que los exceden. Funcionan, entonces, como canales por donde circulan el deseo, la rabia, la humillación y la necesidad de control. Hay cuerpos que desean, cuerpos que resisten y cuerpos que aprenden a endurecerse porque esa es la única forma de permanecer. La furia del título se manifiesta como una persistencia que se instala y no cede.
Uno de los grandes aciertos del libro es la manera en que trabaja el cuerpo como un espacio donde se inscribe la violencia. El cuerpo aparece marcado, observado y cargado de historia, especialmente el cuerpo femenino. No hay intención pedagógica ni voluntad de señalar con el dedo. Mendoza confía en el lector y en la potencia de la materia que pone en juego, y esa confianza pide algo a cambio, atención sostenida, incomodidad y tiempo.
En Furia el lenguaje no está pensado para agradar. Se ocupa de decir aquello que suele ocultarse. Hay una conciencia nítida de clase, de género y de territorio que nunca se transforma en consigna. Todo pasa por el cuerpo. La escritura permanece cerca de sus personajes, a la altura de su experiencia, incluso cuando el contacto resulta doloroso.
Leer este libro dentro de mis lecturas del año —sin importar cuándo fue publicado— confirmó algo que cada vez tengo más claro: los libros importantes no envejecen ni dependen de la novedad, es decir, dependen de su capacidad de seguir diciendo algo cuando el ruido baja. Furia no se agota en la primera lectura. Deja restos. Y esos restos son los que importan.
Clyo Mendoza escribe para mostrar la grieta y sostener la mirada en los lugares que suelen evitarse. Su escritura se mantiene firme en esa exposición. En un panorama donde muchas narrativas se suavizan o se vuelven administrables, Furia se afirma en una posición que no cede ni se acomoda.
Eso, hoy, es un gesto radical.
***
Ficha del libro
Título: Furia
Autora: Clyo Mendoza
Editorial: Almadía / Sigilo
Año de publicación: 2021
Países de publicación: México, España y Argentina
Género: Novela
Sobre la autora
Clyo Mendoza (Oaxaca, México, 16 de marzo de 1993) es una de las voces más potentes y singulares de la narrativa y la poesía mexicana contemporánea. Su escritura dialoga con la violencia de género, los territorios desolados, el erotismo, la conciencia y la recuperación de voces históricamente desplazadas, particularmente aquellas vinculadas a los pueblos originarios.
Es licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana y fue becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) entre 2015 y 2016. En 2017 obtuvo el Premio de Poesía del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés, convirtiéndose en la escritora más joven en recibirlo. Ha sido residente de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, España, y su obra ha sido presentada en espacios internacionales como el Festival de Poesía de Trois-Rivières (Québec) y la Feria Internacional del Libro de La Habana.
Ha colaborado en revistas como Poesis International, AirFrance Magazine y Tierra Adentro, y sus textos forman parte de diversas antologías. Su trabajo también se expande hacia la transdisciplina: es co-guionista del cortometraje Mil ojos me observan, seleccionado en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
Furia es su primera novela y marca un punto de inflexión dentro de una obra que cruza poesía, prosa y experimentación formal con una claridad ética poco común.

