Mientras en Washington se debatía la legalidad de los aranceles, en México la conversación tomó otro rumbo: ¿qué tan fuerte llega el país a la renegociación del T-MEC en medio de este reacomodo político en Estados Unidos? Más que la decisión judicial en sí, lo que importa es el nuevo equilibrio que se dibuja en la relación bilateral y el margen de maniobra que se abre para la economía mexicana.
El doctor Isaac Leobardo Sánchez, especialista en economía e investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), considera que el escenario favorece a México. La resolución que limitó los aranceles resta presión a la estrategia comercial de Donald Trump y modifica la correlación de fuerzas en las mesas de negociación.
En ese contexto, dice, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, podría llegar con mayor capacidad de interlocución frente a empresarios y autoridades estadounidenses. Sin la amenaza inmediata de medidas punitivas, las conversaciones tienden a centrarse más en la competitividad regional que en la confrontación.
“Ese es el impacto, que podría revertirse, porque las empresas ya no van a tomar tan en serio sus amenazas. Se van a mantener en su línea de trabajo, que es minimizar costos teniendo operaciones en países de bajo costo, como México y Ciudad Juárez”, agregó Sánchez.
Los efectos comienzan a reflejarse en las expectativas internacionales. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ajustó su previsión de crecimiento para México, que inicialmente se ubicaba por debajo del 1 por ciento, y ahora la coloca entre 1.4 y 1.6 por ciento. El cambio responde, en buena medida, a la percepción de que el T-MEC continuará y que las renegociaciones no derivarán en una ruptura abrupta. La certidumbre comercial, aun relativa, impacta directamente en decisiones de inversión y producción.
En la frontera norte, donde la industria manufacturera depende de la integración con Estados Unidos, el posible beneficio es tangible. Ciudad Juárez podría observar un repunte en el empleo formal hacia agosto, especialmente en el sector exportador y en actividades vinculadas al comercio y los servicios.
Sin embargo, el panorama no está exento de riesgos. El proceso electoral intermedio en Estados Unidos podría alterar nuevamente la balanza política. Si el partido de Trump recupera fuerza, la narrativa proteccionista podría regresar con mayor intensidad.
“Si se vuelve a recargar, las amenazas las haría con más fuerza, sería más contundente. Y el escenario de recuperación de empleos ya no se observaría porque, otra vez, volvería esta lógica de tratar de hacer a América grande de nuevo. Todo estaría condicionado a su fortaleza política”, indicó el especialista de la máxima casa de estudios de esta ciudad.
Por ahora, México navega un momento de oportunidad, consciente de que la estabilidad depende tanto de la economía como de la política.

