Yo me esperaba que Elijah se metiera en broncas de drogas, ya que a eso se dedicaba en Austin, y por eso se fue a refugiar al Lago Travis.
Pero planear y participar en el secuestro de su padre eran palabras mayores, y eso era un delito muy penado… y una atrocidad.
Es un hecho que Elijah tuvo que decirles a sus amigos rufianes cómo se podía llevar a cabo el secuestro… Tuvo que decirles las rutinas de su padre y si la casa contaba con sistemas de alarmas.
En el argot criminal, Elijah “puso” a su padre… y se llevó de corbata a su madre y a mi vecina, ya que ellas, en un principio, fueron sospechosas de la desaparición del papá.
(Continúo con la llamada con mi vecina).
—Vecino, fue una experiencia muy fea… Todo empezó cuando la madre de Elijah llegó a mi traila a las cuatro de la mañana de ese jueves, como queriéndose ahogar. No le entendía mucho, porque aullaba y lanzaba unos gritos; al mismo tiempo era un mar de lágrimas… y me pedía ayuda. Éramos vecinos. La casa de ellos está como a 150 metros de la traila que nos prestaron a Elijah y a mí. La casa enorme está al frente de una propiedad (terreno) muy grande, donde hay tres garages donde el padre guarda un yatecito y otros vehículos… y más al fondo está la traila donde nos hospedábamos. (El papá, como no se lleva bien con Elijah, no quiso que nos quedáramos en su casa y por eso nos prestaron esa traila… La mamá fue la que nos acondicionó el lugar, en un dos por tres, para vivir ahí). De inmediato le abrí la puertita de la traila. Entró deprisa y cayéndose, como si alguien la siguiera.
—¡Cálmese!… no le entiendo nada… ¿Se peleó con su esposo?
—“Se lo llevaron unos hombres… ya hablé al 911… Me vine a refugiar aquí, porque no sé si siguen en la casa”, me dijo entre sollozos. La señora estaba descalza y en bata para dormir.
—¿Está usted bien?… ¿La golpearon?
“Yo estoy bien. A mí me encerraron en mi recámara y me dijeron que no hiciera nada, porque si no me mataban… Yo me salí por una ventana y corrí hacia aquí”, me dijo.
—Los padres de Elijah duermen, desde hace mucho, separados. Cada quien tiene su recámara… una está enseguida de la otra. No es que estén peleados o distanciados. Él ronca escandalosamente, esa es la causa.
—Pasaron unos diez minutos desde que llegó la señora cuando arribó a la propiedad una troca-patrulla con luces y sirena encendidas. La patrulla se estacionó frente al porche de la casa. Yo salí corriendo de la parte trasera y les informé a dos agentes de lo que estaba pasando.
—Los agentes no lo podían creer. Me hicieron preguntas y les repetí lo que me dijo la mamá de Elijah. Los dos oficiales se pusieron nerviosos. ¿Ya no hay nadie dentro de la casa? Espero que no. La señora está atrás, pero en la traila donde vivo yo. De inmediato me di cuenta de que los patrulleros del Lago Travis nunca habían atendido un incidente de esta magnitud. Vecino, de todo esto mi hermana no sabe nada.
—Debería de contarle a su hermana; al cabo usted no tuvo vela en ese entierro.
—No me animo.
—Si le oculta eso a su hermana, si lo llega a saber, va a aparecer usted como cómplice del secuestro.
—Pues viera que eso no me deja en paz.
—Por eso mismo… así se quita ese peso de encima.

