Pasaron ocho días y la vecina ni sus luces. Quizá no se comunicaba porque estaba resentida por mi negativa a vernos en el patio. Esa medida la tomé para cuidarme más del Covid.
Al menos tomó los libros que le dejé en la canastilla que colgaba de la azotea.
Ese día sonó el tono de WhatsApp de mi celular; era ella.
—¿Qué hace, vecino? ¿Lo agarré ocupado?
—Precisamente pensaba en usted… Creí que no se comunicaba porque estaba enojada conmigo.
—Nop… Estuve muy ocupada con mi sobrina; es muy demandante… da mucha carrilla.
—Me imagino… Eso de que una niña esté encerrada a piedra y lodo ha de ser difícil.
—Quiere salir al parque, pero mi hermana no quiere que asomemos ni las narices fuera de la casa.
—Estamos igual.
—Le hablo para decirle que Cien años de soledad es una obra maestra… ¡Qué novelón me prestó!
—De los mejores libros que se han escrito.
—Sin duda… Ya mandé pedir dos títulos más de García Márquez.
—¿Cuáles?
—Ya los ha de tener; pedí La increíble y triste historia de Cándida Eréndira y su abuela desalmada y El coronel no tiene quien le escriba.
—Sí las tengo… ¿A dónde las mandó pedir?
—Se las encargué al “corre, ve y dile” que trabaja para mi hermana.
—¿El mismo que fue por usted al Lago Travis?
—Ese mero.
—Hablando de Lago Travis… No me ha comentado la fechoría que cometió su ex, Elijah, y que lo tiene tras las rejas.
—Sí, pero no me vaya a juzgar… porque yo no tuve nada que ver en ese asunto tan delicado, que involucró a los padres de Elijah, a él y a tres de sus amigos rufianes.
—¿Los mafiosillos del Lago Travis?
—Sí, esas malas compañías.
—Cuénteme… y no tengo por qué juzgarla.
—Pues Elijah está acusado de secuestro e intento de asesinato, más otros cargos.
—¡Ah, caramba!, esos son delitos graves.
—Sí. Lo malo es que a mí los dos detectives encargados del caso me querían involucrar en el secuestro, simplemente porque vivía con Elijah.
—¿A quién secuestraron esos angelitos?
—Al padre de Elijah.
—¡En serio!
—Lo mantuvieron seis días en un sótano y lo maltrataron salvajemente.
—¡Hijo de su!… Ese Elijah era un cabrón bien hecho.
—Él sostiene que lo obligaron a participar… que es una víctima más. Pero está idiota, porque él puso a su padre en charola de plata. Y además participó en los hechos, porque fue el chofer de la Van que usaron para sacar a su padre de la casa.
—De veras que es de película lo que me está contando.
—Terrible experiencia para los padres de Elijah… Su madre está devastada.
—¡Y quién no!… Pero quiero detalles.
—Estoy temblando, vecino… Esto no se lo he platicado a nadie.
—Vecina, si se siente mal, aquí le paramos.
—Platicarle de eso me hace recordar esos días tan difíciles por los que tuvimos que pasar la madre de Elijah y yo, ya que a las dos nos consideraron sospechosas de la desaparición del padre… pero los rufianes pidieron un millón de dólares y los detectives se dieron cuenta de que se trataba de un secuestro.
—¿Y a Elijah nunca lo consideraron sospechoso?
—No… porque tenía una coartada… se suponía que estaba de viaje en Nuevo Orleans… A las únicas que nos interrogaron fue a nosotras.
—Qué mal rollo.
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