Durante años, las ilustraciones de José Agustín Ramírez Bermúdez para Drácula vivieron guardadas en un arcón. Como el conde en su ataúd, esperaban. Un proyecto juvenil en Patria Cultural, una colección de clásicos que nunca llegó, más de cincuenta dibujos hechos a ciegas, por puro amor al vampiro. Luego la editorial fue absorbida, él renunció, y las imágenes se quedaron ahí, con esa vaga esperanza que solo tienen los sueños que se niegan a morir.
Alfaguara acaba de abrir el arcón: 619 páginas, epílogo e ilustraciones de José Agustín, 2025. Es la historia de una obsesión que atravesó años, crisis y esa melancolía que el propio artista menciona en su texto de cierre: “Solo he podido escribir esto para retornar a los recuerdos de este querido libro mágico y misterioso, una obsesión concebida antes de mi melancolía crónica y de las rupturas amorosas que me devastaron”.
Después de sumergirnos en sus imágenes y en las palabras de su epílogo, conversamos con José Agustín sobre el origen de este proyecto, sus obsesiones creativas, la sombra de Stoker y la luz que finalmente encontró en el camino. Esto es lo que nos contó.
El origen del proyecto
–En tu epílogo cuentas que estas ilustraciones nacieron cuando trabajabas en Patria Cultural y te propusiste ilustrar una colección de clásicos juveniles. ¿Por qué Drácula entre todas las opciones? ¿Qué tenía esa novela para ti en ese momento?
Elegí Drácula porque era uno de mis primeros amores literarios, de las primeras novelas que leí por mi propio gusto y fue amor a primera leída, me hechizó del mismo modo que, supongo, ha hechizado a miles de lectores. Así que, cuando tuve la oportunidad de volver a ella, y de que, incluso, me pagaran por leerla y hacer unas imágenes, no lo pensé dos veces.

Cuando un libro te marca de muy joven, o te enseña el placer de la lectura, uno vuelve a él para buscar ese rush del primer hit, de lo nuevo y a la vez familiar, esa energía vital que despertó en nosotros la primera vez que lo descubrimos, y además la memoria requiere de releer al menos un par de veces una obra muy querida, si uno espera realmente recordarla en su vida adulta, y yo vuelvo con gusto a este book, como a un sueño o pesadilla recurrente.

-El proyecto se canceló, la editorial fue absorbida, tú renunciaste. ¿Pasaste por la tentación de destruir esos dibujos o dejarlos perder? ¿Qué los salvó del olvido?
No me pasó por la mente quemarlos, era joven y no tenía una idea tan kafkiana de ese trabajo, y al menos me pagaron por las ilustraciones, en Patria, aunque no se publicaron. No me parecían geniales, y por eso eliminamos alrededor de la mitad de mis dibujos en esta reedición con Alfaguara, pero algunas se salvaron. Un placer nostálgico me obligó a guardarlos y tal vez la peregrina esperanza de que algún día pudieran ver la luz del día, y durante años las estuve manoseando y retocando con el Photoshop, en versiones más efectistas, pero en Alfaguara prefirieron las originales, que mis versiones a color digitalizadas y retocadas con la compu, por cuestiones técnicas no tenían la resolución adecuada, además yo tampoco estaba muy seguro de mis colores, así que mejor en blanco y negro, coincidimos (salvo mi portada de profundo carmesí). Al final si no hubiera guardado los originales, no se hubiera podido hacer esta edición.
-¿Cómo fue el momento en que Alfaguara te contactó? ¿Todavía tenías las imágenes a la mano o tuviste que buscar en el arcón?
Heredé alguna de la obsesión compulsiva con la que mi padre cuidaba sus colecciones y archivos, así que sabía donde estaban, de hecho yo se los propuse, después de que las editoras me habían invitado para hacer una reedición conmemorativa de La panza del Tepozteco, la novela infantil de mi padre, que yo ilustré de chavito, y para la cual querían nuevas imágenes, esa edición salió muy bien, y me llamaron para ilustrar otro libro de cuentos de horror, luego se me ocurrió proponerles mi Drácula, y tuvieron la amabilidad de considerar mis imágenes y un pequeño ensayo al respecto de esta obra y su autor, y se decidieron por esta edición, aprovechando que Drácula ya no tiene derechos de autor por haber sido escrita hace más de 150 años, fueron tan buena onda de acceder a mi propuesta indecorosa y lanzarnos a competir con las otra 1001 ediciones de este clásico gótico que circulan en español y el idioma que usted guste.

-Dices que los dibujos son “una reliquia que apenas recuerdo y no hacen justicia a mis visiones pesadillescas”. ¿Qué ves hoy en ellos que ya no está en ti? ¿Reconoces a ese joven que fuiste?
Reconozco mi pasión por el género vampírico y el horror tanto escrito como en el cine, al cual he vuelto felizmente después de terminar una relación en la que mi ex no era muy fan de películas de horror, jaja, pero aún creo que mis imágenes no son dignas de los mal viajes que imaginé al leerla, y es por eso que no me atrevía a que acompañaran el texto como ilustraciones en su sentido clásico, entre las páginas de la novela, si no que las pusimos antes de la novela, como un acompañamiento o curiosidad, para entrar en la atmósfera narrativa de las imágenes y un aperitivo para las fantasías oscuras ocultas en el libro. La oscuridad sigue en mi y me acompañará siempre supongo, pero escribir este ensayo o epílogo fue como una especie de exorcismo personal, que creo me ayudó a superar los traumas juveniles que me llevaron a hacerme cómplice de Stoker, admirador del Conde Drácula, y fiel pupilo del profesor Van Helsing.

Sobre el proceso creativo
-¿Cuántas ilustraciones llegaste a hacer en ese tiempo? ¿Todas las que aparecen en el libro son de entonces o hiciste algunas nuevas?
Eran cincuenta, en un principio, pero varias eran viñetas muy literales que no me gustaron, ni el estilo ni la realización, así que para afuera. La única que recuerdo que la hice algunos años después, después de ver un documental al respecto, es la del símbolo del dragón, como escudo de los Dracul, pues es mi versión de una escultura rumana que me pareció un escudo perfecto para Vlad y familia, el célebre genocida y miembro de La Órden del Dragón, como su padre antes de que él.

-Trabajaste sin saber si algún día verían la luz. ¿Esa incertidumbre se cuela de alguna manera en las imágenes?
Cuando las hice creí que sí se iba a hacer el libro, la verdad ojalá hubiera sido más ambicioso, pero no tenía más maestro que mi intuición y una técnica precaria, de cómic en el mejor de los casos. Acaso se nota la incertidumbre de que aún no tenía un estilo más definido, como ahora creo tener un poco más claro, y no sabía si algún día encontraría ese estilo. Quería agregar unas imágenes nuevas pero anduve metido en muchos problemas románticos y demás duelos desde que murió mi padre y me separé de esa chica. Eso me impidió pintar entonces, pero al menos pude hacer el ensayito. Algún día espero volver a este gran libro y volver a enfrentarme al demonio y buscar plasmar mis visiones con la mente clara y pinceles seguros.

-Hablas del vampirismo como un “vicio” que te ha acompañado “con deseos e impulsos creativos”. ¿Hay algo de autobiográfico en estas ilustraciones?
En las imágenes lo único autobiográfico es la flagrante evidencia de que amaba el cómic, sobre todo lo subterráneo, los artistas de la revista Heavy Metal o Metal Hurlant, las novelas gráficas de autores europeos como Moebius, Manara o Serpieri, cuya influencia trataba de invocar, imitándolos cínicamente y con menos talento, claro. Lo que sí es muy autobiográfico es lo que escribo, no he podido ni querido evitarlo, como memorias con periodismo cultural, o algo así. Me sirve para invocar el espíritu creativo de mi padre.
-En “El símbolo de nuestra maldad”, el título habla de “nuestra” maldad. ¿Buscaste que el vampiro funcionara como un espejo del espectador?
Siento que el vampiro funciona como un espejo oscuro de nuestros peores defectos, nuestros bajos instintos, del lado más negativo de la humanidad. Como trato de explicar ahí, se ha convertido en un mito moderno, un arquetipo del mal, así lo diseñó Stoker, para oponerse radicalmente a todo lo que se considera el bien. Un equivalente a los ángeles, pero en su versión maligna, legiones infernales, generales, emisarios y heraldos del mismísimo Lucifer, nuestros peores temores y vicios en un solo campeón oscuro.
La novela y sus interpretaciones
¿Investigaste el contexto de Stoker, su relación con Irving, la represión victoriana, las lecturas homoeróticas, o trabajaste más desde la intuición?
Sí hice alguna investigación, volvía a mis fuentes bibliográficas y me chuté documentales, artículos y reportajes sobre la vida y obra de Bram Stoker, surfeando en la red, para la parte más documental, pero para lo que fue abrir y cerrar el texto, revisitando mi pasado y al fantasma de mi padre, fue más intuición, aunque incluir el texto de José Agustín fue una alegre coincidencia, pues encontré su artículo mientras escribía esto y me sumergía cual buzo en los archivos de su estudio.
-En los borradores originales, Stoker imaginó a un conde que no podía ser retratado. Tú lo retrataste. ¿Fuiste consciente de esa paradoja?
De hecho Stoker hace una descripción bastante detallada del conde en la novela, y se dice se inspiró bastante en su patrón, Henry Irving, un famoso actor que lo hizo su secretario particular y director de su teatro. Pero no me basé tanto en esa descripción como en mi joven imaginación. Y aunque efectivamente los vampiros no tienen reflejo, nada impide hacerles un retrato, así sea a luz de velas, nadie nos los prohíbe, como se le hace a la realeza infame a la que perteneció nuestro querido conde Drácula.

La escena de las vampiras con Jonathan Harker es una de las más eróticas y perturbadoras. ¿La ilustraste? ¿Cómo resolviste el equilibrio entre deseo y terror?
Sí hice un intento de la escena de las vampiras, no era tan mala aunque igual algo pobre, pero esa no la eliminé yo, sino las editoras, pues censuraron un par, también otra del ataque de las vampiras a Van Helsing y Mina, donde asesinan a asus caballos, por considerarlas muy eróticas o violentas. No quisieron que fuera para adultos, es una novela para un público infantil y juvenil, según esto.
La muerte de Lucy a manos de Arthur ha sido leída como una “violación en grupo”. Tienes dos ilustraciones sobre ella: “Salvando el alma de Lucy Westenra” y “La despedida de Lucy Westenra”. ¿Cómo abordaste esa escena?
Eliminé una imagen al respecto de la esa escena, donde le clavan la estaca, no me gustaba. Y sí es una parte muy machina del libro, pero a la vez Lucy encarna la libertad sexual femenina y su total rechazo a las convenciones sociales victorianas, que tanto aterraba a los hombres, o aún aterra a muchos, supongo. Drácula tiene varios detalles muy feministas para su época, sin proponérselo ni esforzarse demasiado, no puedo saber si Baram sabía cuan provocador sería su libro en su tiempo y aún hoy en día.

Mina Harker bebe la sangre de Drácula pero también ayuda a destruirlo. Tu ilustración “La invasión de Mina Harker” captura ese momento. ¿La ves como víctima, heroína o algo más complejo?
Bebe su sangre, pero la salvan al destruir al vampiro antes de que se convierta. En la novela Mina es claramente una damisela en peligro, nada más, para ser salvada por los caballeros cristianos, todo el supuesto romance con Drácula fue inventado por la película de Coppola, como he dicho, tratando de hacer a los personajes más complejos que simplemente una lucha frontal del bien contra el mal. Se le ha pervertido para hacerla más compleja, adulta y moderna. De pronto se convierte más en heroína, cuando los guía en la persecución de vuelta a Transilvania, pero es Van Helsing quien la salva y guía a su redención, pero se ha vuelto más cómplice o amante atormentada, y esposa de Harker al mismo tiempo, pero inevitablemente enamorada de Drácula, no como antes se diría, que estaba hechizada, bajo el poder maligno del invasor, que hipnotiza a sus víctimas y las hace desear la sed del vampiro.
–El final de la novela es ambiguo: el hijo de Mina y Jonathan lleva la sangre del conde. ¿El monstruo fue derrotado o solo se desplazó? ¿Tus ilustraciones recogen esa ambigüedad?
No, la verdad no hice una ilustración sobre eso. No había pensado en ese final alternativo, estilo el Bebé de Rosemary de Polanski, jaja, en la novela se supone que el bien ha vencido.
Sobre el título y la voz escrita
-“El lado luminoso del camino”: ¿por qué “luminoso” en una historia tan oscura? ¿Qué luz encontraste en Drácula?
Lo titulé El Lado Luminoso del Camino porque no pensé que estas imágenes vieran la luz jamás, pero lo hicieron, y es la luz la que vence al vampiro, y yo busco vencer al vampiro dentro de mí, esa es la oscuridad sobre la que trato de echar algo de luz, mi noche interior, hacer lugar para algo de Luz Interna diría mi jefe, a quién le encantaba la revista MAD, y a mi tambor, había una sección llamada The lighter side of Life, que es decir el lado ligero y menos azotado. Así mismo, es una referencia a la genial película de David Lynch, Lost Highway, que en este lado del río se tradujo como Por el lado oscuro del Camino… Todo eso.

–El epílogo tiene una voz muy personal, casi confesional. ¿Fue más difícil escribir que dibujar?
Es algo confesional, supongo, si uno busca redención hay que arrepentirse. Pero no, fue más difícil volver a pintar o dibujar, de hecho no he podido pintar casi nada en dos años, sólo pude escribir eso, pa que te miento o pa que más que la pura verdad, estoy regresando de entre los muertos gracias a este libro, un poco, renaciendo de entre cenizas de drogas y alquimia.
-Dices que estas ilustraciones son anteriores a tu “melancolía crónica” y a tus “rupturas amorosas”. ¿Qué le dirías hoy a ese joven que fuiste?
Le digo a mi niño interior que órale kabrón siga dibujando y escribiendo como cuando lo hacía por el puro gusto, el amor al arte sin ninguna ilusión ni expectativa, por el placer de hacerlo, como los morros, y que se atreva a escribir todo lo que hemos vivido desde entonces.

-Agradeces a tus editoras y “a quienes se atrevan a acompañarme en este sendero”. ¿Qué tipo de lector imaginas para este libro?
Amantes de los clásicos, niñas y jóvenes probablemente. Espero que la tribu de los darketos y demás amantes del género del terror, la fantasía y las artes negras, vuelvan a esta raíz de la leyenda, el manantial de nuestra sangre negra, y se enfrenten al demonio dentro de todas y todos nosotros.
Sobre la memoria y la infancia
-Has hablado de tus “visiones pesadillescas” y de tu fascinación temprana por Drácula. ¿Cómo llegó esa historia a tu vida? ¿Fue un descubrimiento personal o una lectura compartida en familia?
Por ahí lo cuento. He platicado siempre que mi padre nos leía toda clase de libros cuando mis hermanos y yo éramos niños. Algunas de esas lecturas podían ir ya hacia ese lado, como el Señor de los anillos, El Asno de oro de Apuleyo, cuentos de los hermanos Grimm que se ponían bastante aterradores, pero ese género lo reservó mi padre más para nuestra adolescencia, cuando ya leíamos por nosotros mismos. En su colección de literatura universal estaban toda clase de libros clásicos como Frankenstein, Lovecraft, Poe, El Golem de Meyrink y muchos más, King desde luego, pero no era una obsesión con el horror sino con la buena literatura, fuera de géneros como la ciencia ficción fantasía, novela negra o contracultura, mitologías o poesía, ensayo, todo estaba presente en su educación, como un prisma de artes y ciencias, de todo el mundo o cualquier época.
Sobre el futuro
-Después de esta experiencia de rescatar un proyecto antiguo, ¿te quedaron ganas de volver a Drácula? ¿Harías nuevas ilustraciones hoy, con otra mirada?
Sí, como te decía, si hay tiempo, quisiera regresar a esa vieja aventura alguna vez, con nuevas armas.
–¿Hay otros clásicos del terror que te gustaría ilustrar? ¿O prefieres caminos propios?
Tengo algunas ideas propias de textos míos ilustrados, unas crónicas periodísticas al estilo Gonzo, con ondas de rock de las cuales ya he hecho varios retratos de músicos, que es lo que más me importa poner en marcha y en orden, en eso ando. También me gustaría ilustrar otras obras clásicas de literatura, se me antoja Moby Dick porque amo las pinturas marinas, los monstruos y naufragios. Pero en fin, ya debe haber algunas geniales, si creo que puedo aportar algo o mi estilo lo merece, lo voy a intentar.

-Finalmente: ¿qué significa para ti que este libro exista? No solo como objeto publicado, sino como la materialización de un sueño que “hacía mucho daba por perdido”.
Me significó, como te digo, un poco de exorcismo, de llama para volver a encender la vieja fogata de los cuentacuentos, para animarme a seguir escribiendo y pintando, la esperanza de ver que las obras tienen vida propia. Me sirvió para darme cuenta que las relaciones van y vienen, las pulsiones de muerte, sumisión o dominación terminan o se pueden domar, pero el anhelo de crear arte permanece y siempre revive, si uno se aferra, renace hasta en donde uno menos lo espera, como en mí caso.

*******
Ficha técnica
· Título: Drácula
· Autor: Bram Stoker
· Epílogo e ilustraciones: José Agustín Ramírez Bermúdez
· Sello: Alfaguara (Penguin Random House)
· ISBN: 978-607-3867115
· Páginas: 619
· Género: Literatura clásica / Terror gótico
· Publicación: 2025


