Fernanda Garza Díaz es una artista gráfica juarense, socia de Politeca, un lugar en la curva de San Lorenzo que opera como galería de arte, y venta de diversos artículos, varios de ellos, hechos por artesanos fronterizos.
Actualmente está enfocada en el retrato figurativo, con un interés particular en captar la expresión más que los rasgos físicos de las personas, una línea que ha trabajado durante los últimos seis años.
Su acercamiento al retrato está profundamente ligado a una experiencia personal, la muerte de su padre en 2019. A partir de entonces ha desarrollado una insistencia casi obsesiva por reproducir su expresión. Lo ha pintado en múltiples ocasiones, alrededor de siete, incluso en exposiciones donde quienes lo conocieron logran reconocerlo; sin embargo, para ella la imagen aún no es suficiente. La búsqueda permanece abierta, como si en ese gesto inacabado se jugara algo más que una representación.
Su vínculo con el arte se gestó desde la infancia, en un entorno familiar donde la pintura, la fotografía y la danza formaban parte de la vida cotidiana. En medio de esa dinámica, y frente a una personalidad inquieta, encontró en la pintura un espacio para concentrarse y ordenar el mundo. Con el paso del tiempo, y pese a no continuar con estudios formales tras casarse a temprana edad, su relación con el arte no se interrumpió. Se sostuvo como una práctica constante, más cercana a una necesidad que a una decisión, una forma natural de estar y entender su propia experiencia.

Garza Díaz explica a Poetripiados que el arte no es un elemento ajeno, sino una condición inherente a la experiencia humana. Señala que está presente en múltiples formas cotidianas como la música, el cine, la televisión o la pintura, aun cuando muchas veces no se le reconozca ni se le otorgue el valor que merece.
Desde su perspectiva, en contextos como el de Ciudad Juárez, el arte adquiere un papel aún más significativo. Lo entiende como un canal de desfogue frente a la carga emocional que atraviesa la ciudad, marcada por la violencia y la tristeza. En ese sentido, considera que la creación artística permite encauzar esas tensiones y transformarlas en expresión.
La Politeca
La Politeca, donde realiza su trabajo artístico, no nació como un proyecto planificado, sino como una respuesta casi instintiva en medio de la incertidumbre. Garza Díaz relata que, junto a su socia Pam, decidió abrir el espacio en septiembre de 2020, en plena pandemia, cuando la actividad económica estaba detenida y las reglas obligaban incluso a ocultarse para poder trabajar. En esos primeros días, el lugar operaba de forma improvisada, atendiendo a través de una ventana, como una pequeña tienda de paso.

El origen del espacio está ligado también a una historia personal. El lugar que hoy ocupa la Politeca era el taller de carpintería de su padre, fallecido en 2019. Con la llegada de la pandemia, Garza Díaz vio en ese sitio, convertido entonces en una bodega de objetos acumulados, una posibilidad.

Comenzó a limpiarlo y acondicionarlo con la intención inicial de tener un espacio digno para entregar su trabajo. Al mismo tiempo, su socia se había quedado sin empleo y, casi de manera fortuita, empezaron a reunir mobiliario y piezas. La idea de abrir surgió de esa suma de circunstancias. En cuestión de dos meses, sin una planeación formal, el espacio ya estaba en funcionamiento.

Contra lo que podría suponerse, la respuesta del público fue inmediata.
“Mira, todo fue en el contexto de aislamiento de la pandemia, porque creo que se generó una necesidad de contacto humano. La gente venía no solo a comprar, sino a conversar, a permanecer. Las ventas eran simbólicas, a veces mínimas, pero constantes, y comenzó a funcionar como un espacio de convivencia”, recuerda la artista gráfica.

Con el tiempo, el proyecto fue ampliando su alcance. Inició como una tienda de concepto que ofrecía espacios a emprendedores y artesanos, con un énfasis en producción local. Posteriormente, comenzaron las exhibiciones. La primera surgió cuando la artista Verónica Rico propuso montar una muestra en el exterior. A partir de ahí, las actividades se multiplicaron: exposiciones colectivas, intervenciones en la calle y encuentros que atraían a transeúntes y comunidad.
La evolución continuó con la organización de eventos más amplios, como el Politeca Fest en 2021, donde participaron artistas como Óscar Medrano, además de presentaciones musicales y colaboraciones con distintos colectivos. El crecimiento fue “como en cadena”, describe Garza Díaz, construido a partir de vínculos, oportunidades y experimentación.
Actualmente, el proyecto atraviesa una nueva etapa. Tras haber funcionado como un espacio híbrido entre taller, tienda y foro, la Politeca busca consolidarse formalmente como galería, con una curaduría más definida y un espacio intervenido para ese propósito. Sin perder su origen comunitario, el lugar avanza hacia una estructura más clara dentro del circuito cultural local.
¿Qué proyectos inmediatos tiene la galería y qué tipo de experiencias buscan ofrecer al público?
Ahorita el próximo evento que vamos a tener es el 18 de abril. Van a participar varios artistas, todavía no tengo todos los nombres confirmados, pero creo que vienen Bandido, Cristina Gardea, el maestro Mortis, el maestro Moreno, el profe Choa y la maestra Geo, entre otros. En total serían como ocho. La idea es hacer una obra en vivo, en un lienzo grande, de unos tres metros de largo por metro y medio de ancho, y que todos trabajen juntos frente al público.

¿Cómo podrá participar la gente y en qué etapa se encuentra la organización del evento?
Puede venir quien quiera, es abierto al público en general, la intención es que la gente vea cómo trabajan los artistas en tiempo real. Todavía no tenemos definido el horario porque estamos afinando detalles, de hecho mañana vienen para eso. Ahorita estamos en marchas forzadas tratando de terminar el taller y dejar listo el espacio para poder recibir el evento.
Más allá de lo social, ¿qué papel tiene el arte en tu vida personal, especialmente frente a procesos como el duelo?
Para mí es una compulsión. No lo veo como algo bonito o decorativo, es más una necesidad. Si no pinto un día, siento que no hice nada, aunque haya estado ocupada todo el tiempo. Siempre traigo conmigo mis colores y mis acuarelas, porque lo necesito. Es algo que tengo que hacer, no es opcional. Y sí, también hay partes de mi vida que se van reflejando en lo que pinto.
¿Cómo percibes el panorama artístico en Ciudad Juárez?
Siento que hay mucho potencial, pero falta apoyo. No hay suficientes espacios abiertos ni lugares de formación. El problema es que el apoyo que existe, tanto municipal como estatal, está muy centralizado.
También pasa que las becas o apoyos muchas veces se quedan entre los mismos grupos. He visto casos, por ejemplo, de artistas que señalan que no hay condiciones equitativas, y sí, a veces parece que todo se mueve entre conocidos. Eso viene desde la raíz, desde cómo está organizada la política cultural y también desde los propios círculos artísticos.
A mí me ha tocado ver dinámicas así y no me parecen. Incluso cuando me han invitado a participar, les digo que sí puedo apoyar en proyectos, pero no me interesa involucrarme en ese tipo de prácticas.
En los últimos años han surgido muchas galerías independientes en Juárez. ¿A qué atribuyes este fenómeno?
Creo que en gran parte es una moda. En Juárez pasa mucho eso, abre un espacio y luego todos quieren hacer lo mismo. Lo vimos después de 2020, cuando se reactivó la economía y empezaron a surgir tiendas de concepto por todos lados, prácticamente en cada calle.
Pero esto no es una carrera de tiempo, es de permanencia. Yo le decía a Pam que muchas de esas iban a cerrar en pocos años, y así ha pasado. Al final, lo difícil no es abrir, es mantenerse.
En nuestro caso, hemos tratado de sostenernos en nuestros principios. Claro que ha sido complicado, hay momentos en que necesitas ingresos y llegan propuestas que podrían resolverlo, pero no van con lo que queremos. Preferimos decir que no y seguir fieles a la idea original, aunque cueste más trabajo.
¿Es posible sostenerse económicamente del arte desde un espacio como este?
Sí se puede vivir del arte, pero no desde la idea romántica de estar aislado solo pintando. Hay que buscarle. Implica adaptarse, hacer distintos tipos de trabajo y entender que no siempre vas a crear únicamente lo que te gusta.

Por ejemplo, a mí me han criticado por hacer artesanía, pero incluso artistas como Picasso trabajaron la cerámica, y Diego Rivera producía obras más comerciales. Tiene que haber un equilibrio entre lo artístico y lo que se vende.
En mi caso, tengo piezas más comerciales, como las figuras pequeñas, y también trabajos más personales. Al principio incluso me cuestionaban, pero con el tiempo algunas de esas obras conectan con la gente. En una exposición reciente en El Paso, de diez piezas que presenté, se vendieron ocho. Eso también te muestra que sí hay espacio, pero hay que construirlo.
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Garza Díaz señala que, hasta ahora, ha realizado tres exposiciones individuales. En términos de venta, asegura que le ha ido bien: en su muestra más reciente logró colocar casi toda la obra, mientras que en la anterior vendió 17 piezas de un total cercano a 30.
En cuanto a los precios, explica que varían según el formato. Actualmente trabaja con acuarela, lo que implica piezas más pequeñas y accesibles. Al tratarse de obras en papel y sin enmarcado, sus precios oscilan entre los mil y mil 800 pesos.
Durante la conversación, el ambiente se distiende. Entre indicaciones para una fotografía y risas, Garza Díaz comenta que su incomodidad frente a la cámara viene desde la infancia, cuando su tía solía utilizarla como modelo de manera constante.
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¿Qué consejo darías a quien quiere dedicarse al arte?
Que lo haga si realmente le nace. Si te hace feliz, no hay mucho que dudar. Es algo que le diría a cualquier joven, como se lo dijo también a sus hijos. No es lo mismo dedicarse al arte porque de verdad te mueve, porque tu alma y tu sangre vibran cuando pintas, cantas o bailas, que hacerlo pensando únicamente en una forma de ganar dinero.
Si hay pasión, eso se refleja en el trabajo. Al final la gente lo percibe. Por eso insiste en que el arte tiene que ser honesto, porque cuando lo es, conecta por sí mismo.
¿Dónde creciste y cómo recuerdas tu infancia?
Crecí en la colonia Nogales. Fui una niña muy cercana a mis abuelos, ellos vivían en Tampa, así que pasaba cinco días con ellos y dos con mis papás. De hecho, este lugar era el taller de mi papá, que era carpintero, así que crecí entre tablas, herramientas y papelitos. Siempre estaba haciendo cosas con lo que encontraba. Creo que de ahí viene mi gusto por dibujar y pintar, porque siempre había materiales a la mano.
¿De qué manera influyó esa infancia en lo que haces hoy?
Sí influyó mucho. Desde niña me mantenían ocupada pintando o haciendo cosas creativas. Mis tías y mi mamá siempre estaban enseñándome algo, desde manualidades hasta otras formas de expresión. Probé varias cosas, como la danza, pero no se me daba por la coordinación. También intenté bordar y tejer, pero no tengo paciencia para eso. Entonces fue natural que me quedara con la pintura.

Desde tu experiencia, ¿se puede formar a un niño en el arte?
Creo que sí, pero sin forzarlo. Más que obligarlo, se trata de darle herramientas y libertad. En mi caso, por ejemplo, yo les daba materiales a mis hijos: pinturas, pinceles, papel, tijeras… y los dejaba experimentar. No era corregir si estaba bien o mal, sino dejar que exploraran.
Mi exesposo, que es coreógrafo, quería que mis hijos fueran bailarines, pero yo nunca estuve de acuerdo con imponer eso. Siempre he pensado que si algo les gusta, está bien, y si no, también. Al final, cada quien encuentra su camino. Mis hijos no se dedicaron a la pintura como yo, pero uno está en arquitectura y el otro en diseño digital, y de alguna forma ahí sigue presente lo creativo.
Entonces sí, puedes acercarlos al arte, pero lo importante es darles la libertad de elegir qué hacer con eso.
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Garza Díaz señala que su trabajo puede encontrarse en el espacio que ocupa actualmente la Politeca, ubicado en Valle de Juárez 6445, en la Curva de San Lorenzo, donde se distingue por un mural de gran formato. También menciona que su obra está disponible a través de sus redes sociales, donde se presenta como Pianola Garza.

