Entre el desgaste emocional y el movimiento consciente:
la actividad física como estrategia de autocuidado en la docencia
(Un análisis del burnout docente
desde el marco normativo y la evidencia neurocientífica)
Exerce corpus, non ut robustum tantum sit, sed ut obsequens animo (1).
Séneca (Epístolas morales, XV, 2)
La labor docente ha sido históricamente concebida como una vocación sostenida por la entrega, la paciencia y el compromiso con la formación de otros. Sin embargo, detrás de esta imagen idealizada se esconde una realidad cada vez más compleja: la carga emocional y el desgaste psicológico que enfrentan las y los docentes en el ejercicio cotidiano de su profesión. La escuela no solo es un espacio de transmisión de conocimientos, sino también un escenario donde convergen conflictos sociales, demandas institucionales, expectativas familiares y necesidades emocionales del alumnado, lo que coloca al profesorado en una posición de constante tensión y sobreexigencia.
En las últimas décadas estas presiones se han intensificado de manera notable. El aumento de responsabilidades administrativas, la evaluación permanente del desempeño, la precarización laboral en algunos contextos y la adaptación forzada a cambios tecnológicos y pedagógicos acelerados han erosionado progresivamente el bienestar psicológico del gremio docente. Como consecuencia, fenómenos como el síndrome de burnout han dejado de ser casos aislados para convertirse en una problemática recurrente, caracterizada por agotamiento emocional, despersonalización y disminución del sentido de logro profesional.
Comprender el impacto de este desgaste no solo es fundamental para la salud mental de quienes enseñan, sino también para la calidad de los procesos educativos en su conjunto. Analizar la carga emocional del trabajo docente y el incremento del burnout permite visibilizar una problemática frecuentemente normalizada y abre la puerta a la reflexión sobre la urgencia de generar condiciones laborales, institucionales y humanas más sostenibles para quienes sostienen la educación día a día.
La docencia es una profesión marcada por una alta implicación emocional. Más allá de las funciones pedagógicas formales, las y los docentes asumen cotidianamente roles de acompañamiento, contención y mediación frente a problemáticas sociales, familiares y emocionales del alumnado. Esta realidad convierte al aula en un espacio donde convergen no solo procesos cognitivos, sino también demandas afectivas constantes que, en ausencia de condiciones laborales favorables, pueden traducirse en sobrecarga emocional y desgaste psicológico.
Diversos estudios han señalado que las profesiones orientadas al servicio y al cuidado —como la docencia— presentan una mayor vulnerabilidad al estrés laboral crónico (Maslach & Leiter, 2016). En el contexto mexicano, esta situación se ve agravada por factores estructurales como grupos numerosos, cargas administrativas excesivas, presión por resultados evaluativos y la difuminación de los límites entre la vida laboral y personal, especialmente tras los cambios acelerados en los modelos educativos de los últimos años.
El síndrome de burnout ha sido definido como una respuesta prolongada a estresores emocionales e interpersonales crónicos en el trabajo, que se manifiesta en tres dimensiones principales: agotamiento emocional, despersonalización y disminución del sentido de realización personal (Maslach, Schaufeli & Leiter, 2001). En el ámbito educativo, el burnout no solo afecta la salud mental del profesorado, sino que también repercute en la calidad de la enseñanza, el clima escolar y la permanencia en la profesión.
Datos recientes indican que entre el 35 % y el 45 % del personal docente en México reporta niveles altos de estrés laboral, con síntomas asociados como fatiga persistente, trastornos del sueño, ansiedad y síntomas depresivos (Rodríguez-Pérez et al., 2023). Investigaciones realizadas en educación básica señalan que una proporción significativa del magisterio presenta al menos una de las dimensiones del burnout en niveles elevados, siendo el agotamiento emocional la más frecuente (García-Arroyo & Osca, 2021). Estas cifras evidencian que el burnout docente ha dejado de ser un fenómeno individual para consolidarse como un problema de salud ocupacional.
En respuesta al reconocimiento del impacto del trabajo en la salud mental, en México se promulgó la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, cuyo objetivo es identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, así como promover entornos organizacionales favorables (STPS, 2018). La norma contempla factores como carga excesiva de trabajo, falta de control sobre las tareas, jornadas prolongadas, liderazgo negativo y la interferencia trabajo–familia.
Si bien la NOM-035 representa un avance significativo en materia de salud laboral, su aplicación en el sector educativo ha sido objeto de análisis crítico. Diversos autores señalan que los instrumentos estandarizados de evaluación no siempre capturan la complejidad del trabajo docente, particularmente aquellas tareas invisibilizadas que se realizan fuera del horario escolar, como planeación, evaluación, atención a madres y padres de familia y trabajo emocional no reconocido (Juárez-García et al., 2020). En este sentido, el cumplimiento formal de la norma no garantiza por sí mismo una reducción efectiva del desgaste psicológico del profesorado.
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) se plantea como un modelo educativo orientado a la equidad, la inclusión, el humanismo y la formación integral del alumnado, reconociendo al docente como agente central del proceso educativo (SEP, 2019). No obstante, distintos análisis han advertido una brecha entre los principios normativos de la NEM y las condiciones reales de trabajo del magisterio.
La implementación del modelo ha implicado nuevas exigencias pedagógicas, administrativas y formativas que, en muchos casos, no han sido acompañadas de procesos suficientes de capacitación, apoyo institucional o reducción de cargas laborales (Mejoredu, 2022). Esta situación genera una paradoja: mientras el discurso oficial enfatiza el bienestar y la revalorización docente, en la práctica se incrementa la presión sobre el profesorado, intensificando los factores de riesgo psicosocial previamente existentes.
El análisis conjunto del burnout, la NOM-035-STPS-2018 y la NEM permite identificar que el desgaste psicológico docente no puede comprenderse únicamente desde la responsabilidad individual. Se trata de un fenómeno estructural y multifactorial, atravesado por condiciones organizacionales, políticas educativas y marcos normativos que, aunque bien intencionados, resultan insuficientes si no se traducen en prácticas concretas de cuidado institucional.
Reconocer esta problemática desde una perspectiva crítica abre la posibilidad de transitar hacia estrategias integrales de autocuidado docente, entendidas no como una solución individualista al estrés, sino como una práctica consciente que dialoga con el contexto laboral, los límites profesionales y la salud mental. Desde este punto, se vuelve pertinente proponer acciones de autocuidado que permitan a las y los docentes fortalecer su bienestar emocional sin desvincularlo de las condiciones estructurales que lo afectan.
En el contexto de creciente desgaste psicológico del profesorado, el autocuidado ha sido frecuentemente reducido a prácticas individuales descontextualizadas, lo que conlleva el riesgo de trasladar la responsabilidad del bienestar exclusivamente al docente. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, el autocuidado docente puede comprenderse como una estrategia consciente de regulación emocional y preservación de la salud mental que dialoga con las condiciones laborales, sin sustituir la responsabilidad institucional, pero tampoco negando la agencia personal.
En este sentido, el autocuidado no debe entenderse como una solución aislada al burnout, sino como una herramienta preventiva y restaurativa capaz de fortalecer la resiliencia emocional del profesorado frente a contextos organizacionales demandantes, como los descritos en el marco de la NOM-035-STPS-2018 y en la implementación de la Nueva Escuela Mexicana.
La evidencia científica contemporánea ha demostrado que el ejercicio físico regular no solo impacta en la salud corporal, sino que constituye un factor clave para la salud mental y el equilibrio emocional. Estudios publicados en Frontiers in Behavioral Neuroscience señalan que la actividad física constante puede incrementar hasta en un 30 % la neurogénesis en el hipocampo, región fundamental para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional (Erickson et al., 2011; Stillman et al., 2016).
Este fenómeno se encuentra mediado por la liberación del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína esencial para la neuroplasticidad, la supervivencia neuronal y la creación de nuevas conexiones sinápticas. Niveles elevados de BDNF se asocian con una mayor capacidad del cerebro para adaptarse a situaciones de estrés, aprender de la experiencia y recuperarse de estados emocionales adversos (Cotman & Berchtold, 2002).
Desde la perspectiva del desgaste docente, estos hallazgos resultan especialmente relevantes, ya que el estrés laboral crónico —característico del burnout— se ha asociado con una reducción en la plasticidad cerebral y un deterioro en los procesos de regulación emocional.
El ejercicio físico regular también cumple una función reguladora sobre los sistemas neuroendocrinos vinculados al estrés. Diversas investigaciones han documentado que la actividad física moderada reduce los niveles basales de cortisol —hormona estrechamente relacionada con la respuesta al estrés crónico— al tiempo que favorece la liberación de endorfinas, neurotransmisores asociados al bienestar subjetivo, la disminución del dolor y la mejora del estado de ánimo (Dishman et al., 2006).
En el caso del profesorado, esta regulación fisiológica tiene implicaciones directas en la resiliencia emocional, entendida como la capacidad de afrontar demandas laborales intensas sin experimentar un deterioro significativo en la salud mental. La práctica sistemática de ejercicio se vincula con menores niveles de ansiedad, depresión y agotamiento emocional, dimensiones centrales del síndrome de burnout (Gerber et al., 2013).
La evidencia sugiere que los beneficios del ejercicio físico pueden potenciarse cuando se combinan con prácticas de atención plena, como la meditación o la respiración consciente. Estas prácticas contribuyen a mejorar la autorregulación emocional, disminuir la rumiación cognitiva y fortalecer la conciencia corporal, aspectos particularmente relevantes en contextos de alta carga emocional como la docencia (Kabat-Zinn, 2013).
Desde una propuesta de autocuidado docente, la integración de movimiento corporal y atención plena no persigue la optimización del rendimiento, sino la protección de la salud mental a largo plazo, permitiendo al profesorado reconectar con su cuerpo como espacio de regulación y no únicamente como instrumento de productividad.
A la luz de la evidencia científica y del marco normativo vigente, el autocuidado docente puede concebirse como una práctica ética y profesional orientada a preservar la capacidad de enseñar sin sacrificar el bienestar psicológico. Reconocer que “mover el cuerpo también es una forma de cuidar la mente” implica resignificar el autocuidado como un acto legítimo de prevención del burnout y no como un lujo o una concesión individual.
Esta propuesta no sustituye la necesidad de transformaciones institucionales profundas; por el contrario, subraya la urgencia de que las políticas educativas y laborales reconozcan el bienestar docente como condición indispensable para una educación de calidad. En este marco, el autocuidado basado en la evidencia científica se presenta como una estrategia complementaria que fortalece al profesorado mientras se avanza hacia condiciones laborales más justas y sostenibles.
El autocuidado individual propuesto se basa en microhábitos, entendidos como acciones breves, accesibles y sostenibles que no incrementan la carga laboral ni exigen condiciones ideales. Este enfoque responde a la evidencia que señala que la constancia, más que la intensidad, es clave para la regulación emocional y la neuroplasticidad.
Microhábitos sugeridos
a) Movimiento corporal consciente (10–20 minutos diarios)
• Caminata ligera, estiramientos o ejercicio aeróbico moderado.
• Objetivo: estimular la liberación de BDNF, reducir cortisol y mejorar el estado de ánimo.
• Enfoque: no competitivo, no estético, no orientado al rendimiento.
b) Pausas de regulación emocional durante la jornada
• Ejercicios breves de respiración (2–3 minutos entre clases).
• Atención consciente a señales corporales de tensión.
• Objetivo: disminuir la activación fisiológica asociada al estrés.
c) Límites simbólicos entre trabajo y vida personal
• Ritual de cierre de la jornada (p. ej., cambiar de ropa, breve caminata, música).
• Reducción progresiva del trabajo fuera de horario cuando sea posible.
• Objetivo: evitar la extensión constante del rol docente.
d) Autocompasión profesional
• Reconocimiento de límites personales sin culpa.
• Sustitución del discurso de autoexigencia por uno de autocuidado ético.
Este nivel responde al mandato de la NOM-035 respecto a la prevención del estrés laboral, sin trasladar la responsabilidad exclusivamente al individuo.
El análisis desarrollado a lo largo de este artículo permite afirmar que la carga emocional y el desgaste psicológico del profesorado constituyen una problemática compleja que no puede ser explicada ni atendida desde enfoques individualistas. El síndrome de burnout en la docencia emerge como resultado de la interacción entre factores personales, organizacionales y estructurales, enmarcados en condiciones laborales que, con frecuencia, normalizan la sobreexigencia y la disponibilidad emocional permanente.
En el contexto mexicano, la NOM-035-STPS-2018 representa un avance significativo al reconocer los factores de riesgo psicosocial como una dimensión legítima de la salud laboral. No obstante, su impacto en el ámbito educativo continúa siendo limitado si no se acompaña de una comprensión profunda de las particularidades del trabajo docente y de acciones institucionales que trasciendan el cumplimiento normativo formal. De manera paralela, la Nueva Escuela Mexicana, aunque propone un enfoque humanista y comunitario, enfrenta el reto de materializar dichos principios en condiciones reales que protejan el bienestar emocional de quienes sostienen el proceso educativo.
Frente a este escenario, la propuesta de autocuidado docente presentada no pretende sustituir las responsabilidades del Estado ni de las instituciones educativas, sino complementarlas desde una perspectiva ética y basada en evidencia científica. El autocuidado, entendido como práctica consciente, relacional y contextualizada, se configura como una herramienta de prevención del desgaste psicológico y de fortalecimiento de la resiliencia emocional, particularmente cuando se articula en niveles individuales, colectivos e institucionales.
Cuestionar el sacrificio docente y asumir el autocuidado imprescindible En este sentido, el presente análisis busca contribuir a la reflexión y a la acción, abriendo la posibilidad de diseñar estrategias sostenibles que permitan construir entornos educativos más humanos, justos y emocionalmente saludables.
[1] Ejercita el cuerpo, no para que sea solo fuerte, sino para que obedezca al espíritu.
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Sobre el autor: Maestro normalista y licenciado en Derecho, con diversos posgrados en áreas del psicoanálisis, psicología clínica, neurociencias, nutrición deportiva, ciencias del deporte y doctorado en educación. Ha sido docente en todos los niveles educativos, así como autor de libros, ensayos, articulista en diversos portales y servidor público.

