El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que la isla mantiene una posición de diálogo con Estados Unidos, aunque condicionada al respeto a su soberanía e independencia. “Cuba está dispuesta a conversar sobre cualquier tema sin presiones ni precondiciones”, dijo el mandatario ante medios locales e internacionales, en un momento en que las relaciones entre ambos países están marcadas por tensiones crecientes y sanciones económicas.
Las palabras de Díaz-Canel se dieron en un escenario de presión energética y económica. La isla no ha recibido petróleo importado desde diciembre debido a restricciones y sanciones que han afectado su capacidad de importar combustible, un golpe que ha intensificado apagones y provocado desabastecimiento en sectores clave como transporte, salud y producción agrícola.
En su alocución, el presidente cubano defendió que Cuba es “un país de paz” y rechazó cualquier vinculación con actos terroristas o fuerzas militares extranjeras en su territorio, salvo la base que Estados Unidos mantiene según su perspectiva. Afirmó que la isla no se encuentra en estado de guerra, aunque enfatizó que su Gobierno ha tomado medidas de preparación ante posibles nuevos escenarios.
Díaz-Canel también habló del impacto prolongado del bloqueo económico que Cuba sufre desde hace décadas, destacando la falta de acceso estable a energía y las carencias estructurales que enfrentan los ciudadanos. Dijo que el país está adoptando medidas para afrontar un desabastecimiento agudo de combustible, parte de un plan oficial que implicará esfuerzos coordinados y racionamientos temporales para sostener funciones esenciales del Estado.
El presidente subrayó que, pese a las dificultades, Cuba ha recibido expresiones de apoyo de la comunidad internacional y ha explorado alianzas con actores extranjeros dispuestos a colaborar en diferentes ámbitos, incluyendo energías renovables y desarrollo tecnológico. Mencionó que fuentes renovables aportan una parte del suministro energético insular, aunque la falta de combustible sigue condicionando el funcionamiento cotidiano.
En cuanto a las tensiones regionales, Díaz-Canel tocó el tema de Venezuela, señalando que la detención del presidente y de su esposa por fuerzas estadounidenses constituye una injusticia en su visión y reflejo de las políticas de presión de Washington. Planteó que ese episodio afecta no solo a Cuba sino a las relaciones hemisféricas en general, en un contexto donde los vínculos entre La Habana y Caracas han sido históricos.

