—Vecina… ¿es cierto que a las bonitas y muy atractivas, físicamente, los hombres casi no se les acercan o les sacan la vuelta?
—Su esposa también es muy bonita… usted ha de saber.
—Nunca le he preguntado.
—Lo que yo puedo decirle es que, en cuestiones de amor, no somos tan populares… como que nos tienen miedo o piensan que ya tenemos nuestro príncipe azul.
—No le creo… usted en la uni, en la cafetería de Austin y en la barra que atendía en el lago, ha de haber tenido legiones de pretendientes.
—Sí los tenía, pero eran puro vejestorio.
—¿Sugar daddys?
—Sí… puro gringo mañoso con harta lana… pero casi nadie de mi edad.
—Tiene algo de razón.
—¿Usted cómo consiguió a su esposa? Si se puede saber.
—Fíjese que no recuerdo muy bien… son de esas cosas que se me borraron de la memoria por culpa de la embolia. Tengo vagos recuerdos que a veces creo que los inventé yo.
—¿Ya cuánto tienen de casados? Porque están casados con todas las de la ley… ¿o viven en pecado?
—No… hasta por la iglesia nos casamos. Hay muchas fotos.
—Sí las he visto en su Facebook… las pone en su muro en su aniversario… y ella parece una muñeca, bien jovencita… la agarró pollita.
—Por lo que veo, me tiene bien checadito.
—Pues sí… lo tuve que investigar… antes de confiarle mi amistad y mis secretos.
—Lo que sí recuerdo es que cuando conocí a mi esposa, yo estaba casado… la vi y ¡zas!… quedé aturdido… deslumbrado. Sentí, no mariposas en el estómago, eran tigres por todo el interior de mi cuerpo.
—Fue amor a primera vista.
—Creo que sí.
—¿Y cómo se animó a hablarle? Si ella era una chavalita… está muy bonita… y usted estaba casado. No tenía posibilidades.
—Oiga, vecina… estábamos hablando de usted… de su belleza… de que es una joven atractiva… no me la cambie.
—Estábamos hablando de las mujeres bonitas y su mala suerte para el amor.
—Así como usted, según cree… mire, esto lo leí en Google:
“¿La vida es más fácil si eres bonita? Acoso. Seguramente a la mayoría nos gustan los halagos; sin embargo, el acoso aparece cuando los halagos, miradas y comentarios positivos son tan numerosos que resultan incómodos o sugerentes.
Informalidad. Se manifiesta cuando la mujer siente que no es tomada en serio, sobre todo al oír comentarios como: ‘para qué trabajar si eres bonita, puedes conseguir un esposo’.
Presión. Cuando las personas consideran a una mujer bella, tienden a fijarse más en los cambios que presenta y la crítica se vuelve aún más cruel, por ejemplo, al hacer referencia al peso.
¿Miedo a las mujeres bellas? Un estudio realizado por la Universidad de Valencia indica que las mujeres bellas resultan más estresantes para los hombres, debido a que las consideran ‘fuera de su alcance’ y se preocupan más por la manera de conquistarlas”.
—Vecino… para usted soy bonita, pero para otros no.
—Discúlpeme, vecina, la que es bella, es bella.

