Volveremos a ver la historia de una pareja amorosa que se divorcia y vuelve a casarse por los intereses familiares, digna de un episodio más chafa que los de La Rosa de Guadalupe. El regreso del PRI y el PAN tiene que darse, al menos, por la ventaja que lleva Morena rumbo a la gubernatura de Chihuahua. Ahora veremos al prianismo amoroso nuevamente unido para intentar llevar a Marco Bonilla al Gobierno del Estado.
El romance ya comenzó a reconstruirse con velas y champaña. Alejandro Domínguez, dirigente estatal del PRI, reconoció que el tricolor está abierto a dialogar con Acción Nacional. Bonilla también adelantó que buscará un frente amplio con PRI y Movimiento Ciudadano. Como en todo reencuentro sentimental, primero dicen que apenas están platicando y después descubrimos que hasta los preparativos de la boda llevan adelantados.
La reconciliación tiene una explicación bastante menos romántica. Morena aparece competitivo rumbo a la gubernatura y PAN y PRI saben perfectamente lo que significaría llegar separados. El PRI necesita una alianza para conservar relevancia y el PAN necesita sumar todos los votos posibles para impedir que el partido guinda alcance por primera vez el Gobierno de Chihuahua.
Lo divertido es que los invitados azules todavía no parecen muy emocionados con la boda. Durante el Consejo Estatal del PAN, solamente nueve de los 53 consejeros presentes levantaron la mano cuando la gobernadora María Eugenia Campos preguntó quién estaba de acuerdo con una eventual alianza con el PRI. Un termómetro bastante frío para un romance que desde las dirigencias pretenden recalentar.
Ahí estará uno de los problemas para Marco Bonilla. No bastará conseguir que Alejandro Domínguez diga que sí. También tendrá que convencer a una militancia panista que durante décadas compitió contra el PRI y que ahora deberá aceptar nuevamente que aquel adversario histórico puede convertirse, por conveniencia electoral, en compañero de campaña.
El PRI tampoco pretende llegar como simple invitado. Domínguez ya dejó claro que hará valer “la necesidad que tienen ellos de nosotros”. Traducido del lenguaje del amor al lenguaje de la política, habrá que negociar candidaturas, posiciones y espacios. Nadie vuelve con su expareja únicamente porque extraña las fotografías familiares.
Así que preparen las palomitas, porque la novela se pondrá buena. PAN y PRI pueden pasar de otro divorcio anunciado a una nueva reconciliación electoral porque Morena amenaza con alterar el mapa político de Chihuahua. Falta saber si los panistas aceptarán el matrimonio y cuánto pedirá el PRI por volver al altar. Veremos qué sucede.
¿Duelo de mujeres por la alcaldía de Ciudad Juárez?
Todo apunta a que habrá duelo entre mujeres por la alcaldía de Ciudad Juárez, por un lado Mayra Chávez, actual delegada de Bienestar en Chihuahua, iría por Morena; por el otro, la figura que parece tomar mayor fuerza es Austria Galindo, quien representaría al bloque opositor. Si ambas terminan en la boleta, la batalla tendría rostro femenino.
Chávez arrancaría con una ventaja política enorme si utilizamos como referencia la última elección municipal. El 2 de junio de 2024, Cruz Pérez Cuéllar obtuvo 354 mil 422 votos, equivalentes al 59.52 por ciento; Rogelio Loya, candidato del PAN-PRI-PRD, consiguió apenas 111 mil 185. La diferencia fue de 243 mil 237 sufragios: prácticamente un tres a uno.
Ese antecedente no significa que los votos puedan heredarse automáticamente. Sin embargo, Morena llegaría con una estructura territorial construida durante los gobiernos de Pérez Cuéllar y con la presencia que representan los programas federales de Bienestar. Mayra conoce precisamente esa segunda maquinaria desde dentro y eso puede convertirse en una ventaja importante.
Austria Galindo tendría enfrente el reto de reconstruir a una oposición que quedó muy lejos en 2024. El PAN conserva estructuras y electores en Juárez, pero para competir realmente necesitaría recuperar cientos de miles de votos, movilizar a quienes se abstuvieron y evitar que una eventual alianza con el PRI termine generando más rechazo que suma. Parece imposible la tarea.
Para Morena habría además un incentivo adicional: convertir la elección municipal en el gran motor electoral de Cruz Pérez Cuéllar si finalmente aparece como candidato a gobernador. Juárez concentra tal cantidad de electores que una ventaja contundente en la frontera podría compensar resultados adversos de Morena en otras regiones del estado.
Por eso, si Mayra Chávez consiguiera superar la barrera de los 400 mil votos —algo que hoy debe plantearse como escenario y no como hecho asegurado—, no solamente estaría construyendo una victoria municipal histórica. Una movilización de ese tamaño podría convertirse también en el principal tanque de oxígeno electoral para Cruz Pérez Cuéllar en una eventual disputa por la gubernatura.

