En los últimos años, la UACJ parece haber entendido algo que a veces se pierde entre matrículas, indicadores y ceremonias académicas: una universidad también se construye hacia afuera. Bajo la rectoría de Daniel Alberto Constandse Cortez ha ganado presencia en la vida cotidiana de Ciudad Juárez, con una participación que alcanza la cultura, el arte, la investigación, la vinculación comunitaria y el fortalecimiento de sus propios espacios.
Hay dos aspectos que desde Poetripiados observamos con particular interés. El primero es la inversión en infraestructura utilizando recursos propios. Nuevos espacios y estacionamientos, así como la modernización de instalaciones en el ICB, IIT e ICSA, hablan de una institución que reinvierte parte de lo que genera para mejorar las condiciones donde estudian, investigan y trabajan miles de universitarios.
Eso importa porque una universidad pública sólida necesita salones, laboratorios, bibliotecas y espacios funcionales. El conocimiento requiere infraestructura. En una ciudad que durante décadas ha reclamado mayores inversiones públicas, resulta significativo que su principal universidad encuentre mecanismos para ampliar y modernizar su patrimonio sin esperar que todas las soluciones lleguen desde fuera.
El segundo aspecto nos resulta todavía más cercano: la cultura. La UACJ ha fortalecido una presencia que rebasa sus institutos. El Centro Cultural de las Fronteras se ha convertido en uno de los espacios culturales importantes de Juárez, mientras programas, exposiciones, cine, literatura, música, teatro y actividades comunitarias permiten que la Universidad dialogue directamente con públicos que muchas veces ni siquiera pertenecen a su comunidad estudiantil.
Una ciudad como la nuestra necesita este tipo de instituciones. Durante años hemos discutido sobre violencia, desintegración social y crecimiento urbano sin suficientes espacios de encuentro. Acercar el arte a las colonias, formar públicos y abrir recintos significa ofrecer otras maneras de relacionarnos con la ciudad. La cultura también construye comunidad y genera memoria colectiva.
Pero sería injusto reducir la importancia de la UACJ solamente a infraestructura y cultura. En sus institutos se desarrolla investigación en medicina, ciencias sociales, ingeniería, medio ambiente, tecnología y otras disciplinas. Una universidad fuerte produce conocimiento sobre el territorio donde está asentada y puede ayudar a entender problemas que desde la política o la administración pública muchas veces se observan únicamente desde la coyuntura.
El reto será mantener ese rumbo y profundizarlo. Las universidades públicas deben conservar pensamiento crítico, libertad académica, transparencia y capacidad para cuestionar incluso al poder. Crecer físicamente tiene sentido cuando también crecen la investigación, la producción artística, la calidad educativa y la relación con las comunidades que sostienen a la institución.
Los juarenses tenemos razones para sentirnos orgullosos de nuestra Universidad. La UACJ forma profesionistas, pero su responsabilidad y su influencia llegan mucho más lejos. Cuando una ciudad fronteriza posee una universidad pública sólida, capaz de investigar, crear, construir espacios y llevar cultura hasta las calles, también posee una herramienta formidable para imaginar su propio futuro.
Crecimiento universitario con cuentas claras
Lo anterior conduce inevitablemente a otro asunto que también define la fortaleza de una universidad pública. Construir infraestructura, ampliar la presencia cultural y sostener investigación requiere dinero, pero también explicar cómo se administra. En ese terreno, la UACJ acaba de cumplir nuevamente con un ejercicio que lleva dos décadas realizándose entre las principales universidades públicas del país.
Constandse Cortez acudió ayer a la Cámara de Diputados para presentar los Estados Financieros Auditados correspondientes al ejercicio 2025. Lo acompañó el secretario general de la Universidad, Salvador David Nava Martínez, en un encuentro donde participaron otras 34 instituciones públicas estatales.
El acto puede parecer solamente administrativo, pero tiene una dimensión mayor. Las universidades funcionan con recursos públicos y, por tanto, tienen la obligación de demostrar cómo los utilizan. La autonomía universitaria significa capacidad para gobernarse y ejercer sus funciones académicas con independencia; nunca debería interpretarse como ausencia de rendición de cuentas.
Esto cobra particular importancia cuando hablamos de las inversiones que mencionamos anteriormente. Si la UACJ utiliza recursos propios para mejorar instalaciones y combina éstos con fondos públicos para ampliar infraestructura, resulta indispensable que cada peso pueda rastrearse y que la comunidad conozca qué se hizo con él.
La presentación ocurrió ante las comisiones de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación y de Educación de la Cámara de Diputados. Participaron también rectoras, rectores, legisladores y Luis González Placencia, secretario general ejecutivo de la ANUIES. El ejercicio permite informar sobre recursos destinados a matrícula, programas académicos, infraestructura y condiciones de seguridad para las comunidades universitarias.
Hay además un dato que vale la pena dimensionar. Esta práctica de presentación de estados financieros auditados cumple 20 años consecutivos. La rendición de cuentas deja entonces de ser un acontecimiento aislado para convertirse en una rutina institucional que debe conservarse, fortalecerse y permanecer abierta al escrutinio público.
Dicen los que dicen saber que una universidad fuerte no se mide solamente por los edificios que inaugura, las investigaciones que produce, los artistas que presenta o los estudiantes que forma. También se mide por la confianza que puede construir alrededor de sus decisiones.

