El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum cayó bastante mal en ciertas oficinas, redacciones y chats de la oposición. Mientras la presidenta presumía números sobre salarios, programas sociales, educación, vivienda e infraestructura, en la comentocracia opositora comenzó el deporte nacional de los últimos años: explicar que todo está mal, incluso cuando los números se empeñan en arruinarles el argumento.
Los datos presentados les sacaron ronchas. Sheinbaum reportó una reducción de 200 mil millones de pesos en gasto corriente respecto de 2024 y una recaudación que en 2025 alcanzó seis billones 46 mil millones de pesos, 487 mil millones más que el año anterior. Además, señaló que los maestros recibieron aumentos salariales de 10 por ciento en 2025 y 9 por ciento en 2026. Mal momento para quienes llevan años anunciando todos los días el apocalipsis económico.
También apareció esa palabra que provoca urticaria entre quienes todavía sueñan con los salarios de otros tiempos: bienestar. El gobierno destina un billón de pesos a programas sociales; 13 millones 788 mil adultos mayores reciben pensión y otros millones de mexicanos acceden a apoyos para mujeres, personas con discapacidad, jóvenes y familias. Y el salario mínimo, recordó Sheinbaum, acumula un incremento de 154 por ciento durante los gobiernos de la 4T.
En educación tampoco faltó material para echarle sal a la herida opositora. El informe habla de 156 mil nuevos lugares en educación superior, millones de becas para estudiantes y recursos entregados a más de 73 mil planteles para mejorar instalaciones. En vivienda, cinco millones de familias salieron de créditos considerados impagables y ya hay 278 mil viviendas en construcción.
Como era previsible, la reacción favorable que generó el mensaje entre simpatizantes de Sheinbaum en redes sociales no hizo precisamente felices a sus adversarios. Ahí siguen Ricardo Salinas Pliego y Alejandro Moreno, convertidos en referentes de una oposición que parece dedicar más energía al pleito cotidiano que a construir una alternativa electoral. Uno pone los tuits, el otro las conferencias y entre ambos todavía falta lo más importante, que es convencer a una mayoría.
La gran bronca del PRIAN y de la derecha rancia que lo acompaña ya no es solamente Claudia. Su problema es que continúan hablando con nostalgia de un México electoral que dejó de existir. Cada elección esperan el gran despertar ciudadano que los devolverá triunfalmente a Palacio Nacional y cada mañana revisan el calendario para comprobar que todavía no ocurrió.
Tampoco parece demasiado rentable apostar las fichas a que la derecha estadounidense venga algún día a resolverles la tarea. Sheinbaum dedicó precisamente parte de su informe a marcar distancia frente a cualquier subordinación y sostuvo que la relación con Estados Unidos debe descansar en soberanía, respeto mutuo, responsabilidad compartida y cooperación sin sometimiento. Los gobiernos se ganan con votos mexicanos, pequeño detalle que algunos opositores parecen olvidar mientras miran demasiado hacia Washington.
Y ahí está quizá la peor noticia para el bloque opositor prianista. Mientras el gobierno pueda colocar sobre la mesa salarios, pensiones, becas, vivienda, carreteras, trenes y programas sociales, responder únicamente con enojo será una estrategia bastante pobre.
El odio puede producir muchos retuits, pero todavía no aparece en ninguna boleta electoral. Si el PRIAN insiste en sustituir proyecto por rabia y propuesta por nostalgia, no necesitará que la 4T lo mande al basurero de la historia. Encontrará solito el camino.

