Durante la elección de la nueva dirigencia nacional de Morena, el relevo formal dio paso a una dinámica política que también se expresó en redes sociales, donde continúa perfilándose el posicionamiento rumbo a 2027 en Chihuahua.
Las publicaciones mostraron una estrategia de cercanía y lectura del nuevo equilibrio interno, con mensajes dirigidos a la dirigencia encabezada por Ariadna Montiel, a las estructuras locales y a la militancia, evidenciando quién tiene interlocución y quién busca colocarse en la ruta de las decisiones.
En ese contexto, la visibilidad y la proximidad con el centro del poder partidista se han convertido en capital político inmediato, y Chihuahua ya se perfila como un tablero en movimiento donde la contienda comenzó antes de los tiempos oficiales.
Mientras se desarrollaba el relevo, comenzaron a circular mensajes, imágenes y señales —nada ingenuas— de quienes luchan por la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación rumbo a 2027. Dos nombres, inevitablemente, se colocaron en el centro: el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, y la senadora con licencia Andrea Chávez.
El contraste fue evidente. Cruz Pérez Cuéllar no solo estuvo presente, sino que dejó constancia visual de cercanía con la nueva dirigente nacional, Ariadna Montiel. Fotografías juntos, sonrisas compartidas y un detalle que en política pesa: selfies tomadas por la propia Montiel. Ese tipo de imagen tiene significado. Habla de proximidad, de confianza y de un mensaje que se transmite sin necesidad de palabras.


Del otro lado, la narrativa fue distinta. Andrea Chávez apareció en imágenes con militantes, en tomas abiertas, y apenas una fotografía lejana de Montiel. Presencia hubo, pero la señal política fue otra. Menos directa, menos íntima, más distante.


Luego, en un momento en que el morenismo comienza a dejar atrás la nostalgia por el expresidente Andrés Manuel López Obrador para respaldar con mayor fuerza a la actual presidenta Claudia Sheinbaum, a la senadora se le ocurrió publicar un mensaje que desató más de una conversación de café en los pasillos de la política chihuahuense:
“Reencontrase con las compañeras y compañeros consejeros de todo el país es alimento para el alma y energía para el corazón. Para un obradorista de verdad, no hay nada mejor que otro obradorista”, escribió en su cuenta oficial de Facebook, junto a militantes del movimiento. Algunos indicaban ayer dentro del morenismo que debió haber nombrado a Sheinbaum.
Y aquí es donde la lectura se vuelve inevitable. Porque más allá de simpatías o estructuras, hay un dato central: Montiel concentrará buena parte del poder en la definición de candidaturas rumbo a 2027. No solo por el cargo, sino por el momento que vive el partido. La dirigencia nacional será el filtro, el equilibrio y, en muchos casos, la última palabra.
En ese tablero, las formas importan, y por supuesto que las cercanías cuentan. Las imágenes construyen narrativa. Lo ocurrido en redes durante la elección de la dirigencia no define el futuro, pero sí deja pistas. Pistas sobre quién está construyendo puentes, quién busca marcar territorio y quién todavía operar en otra lógica.
Cruz Pérez Cuéllar volvió a imponerse a Andrea Chávez, incluso en el número de reacciones generadas por el evento de ayer, donde Ariadna Montiel asumió la presidencia nacional de Morena.
¿Cómo lidiar con los dados cargados de Brighite Granados?
La llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena, el partido con más afiliados, mejor estructura y con más poder en México, representa un intento por reordenar el movimiento y corregir prácticas internas que comenzaban a generar desgaste.
En varios estados ya se percibían señales rumbo a 2027. Las encuestas, diseñadas como método de selección interna, comenzaron a ser cuestionadas por la influencia de grupos locales y decisiones poco claras. Cuando eso ocurre, el problema alcanza la credibilidad del partido y su relación con la militancia.
Montiel planteó un criterio directo: la corrupción no tiene cabida. También estableció que cualquier señalamiento con sustento debe ser atendido, incluso si se trata de perfiles que hayan ganado procesos internos. La honestidad, dijo, no admite excepciones. El mensaje apunta a ordenar la vida interna del partido y fortalecer su legitimidad.
El impacto de esa postura se sentirá en los estados. En Chihuahua, la dirigencia encabezada por Brighite Granados enfrenta cuestionamientos internos sobre la conducción del partido y los procesos de selección. Las inconformidades han sido constantes y forman parte de la dinámica local.
La nueva dirigencia nacional deberá revisar el funcionamiento de las estructuras estatales. El objetivo es alinear los procesos con los principios que el partido ha sostenido desde su origen, especialmente en lo relacionado con la transparencia y la participación.
El reto consiste en establecer reglas claras, fortalecer los mecanismos internos y responder a las inquietudes de la militancia. Morena se encuentra en una etapa clave de organización rumbo a los próximos procesos electorales, y las decisiones que se tomen ahora tendrán efectos en su desempeño futuro.
El mensaje desde la dirigencia nacional ya fue planteado. Ahora corresponde a las estructuras locales ajustarse a esa línea y atender los señalamientos que han surgido en distintos estados, como Chihuahua, para elegir a su candidatos o candidatas a la gubernatura.

