En Chihuahua a veces suceden cosas extraordinarias, increíbles. Por ejemplo, agentes de la CIA visitan el estado, recorren instalaciones oficiales, participan en operaciones de seguridad y la gobernadora María Eugenia Campos parece vivir en una dimensión administrativa donde nadie le avisa nada, ni siquiera un whats con un mensajito como “ya están aquí nuestros hermanos estadounidenses”. Fue una especie de turismo de inteligencia con todo incluido, menos el conocimiento de la jefa.
Los testimonios presentados en la audiencia de César Jáuregui hablan de visitas estadounidenses desde octubre de 2025. Más de 40 elementos de la Fiscalía habrían declarado sobre esa relación. Si todo ocurrió a espaldas de Campos, habría que investigar también quién escondió semejante cantidad de gente detrás de las cortinas.
Los temibles visitantes gabachos (especializados en la injerencia y el golpeteo contra gobiernos no alineados), según las declaraciones, llegaron en octubre, enero y abril. Hubo reservaciones de hotel, vehículos y registros de GPS. Una clandestinidad bastante organizada, con hospedaje y transporte. James Bond habría terminado solicitando viáticos en la Secretaría de Hacienda estatal.
María Eugenia Campos ha viajado a Estados Unidos y presume la coordinación con autoridades de aquel país. La cooperación internacional forma parte de su discurso político, y lo curioso sería que esa relación alcanzara únicamente para las fotografías oficiales, pero insuficiente para enterarse de lo que hacían agentes extranjeros en Chihuahua. Increíble.
Los testimonios también mencionan capacitación táctica en Florida y señalan que agentes extranjeros habrían recibido armas en instalaciones de la Fiscalía. De confirmarse, aquello habría rebasado las cortesías diplomáticas. Una cosa es recibir visitantes y otra entregarles equipo para salir a trabajar.
La gobernadora ha reconocido las investigaciones y fue citada como testigo. Hasta ahora, eso no demuestra responsabilidad penal, pero cuesta imaginar que una operación de semejante magnitud circulara por oficinas, hoteles y corporaciones sin despertar siquiera una pregunta en Palacio de Gobierno. Tal vez la agenda estaba demasiado ocupada. A lo mejor.
César Jáuregui tiene ahora una oportunidad excepcional para explicar cómo funcionaba esa coordinación. Quién autorizaba, quién recibía informes y quién daba instrucciones. Sus declaraciones podrían aclarar si la gobernadora estaba enterada. Después de todo, la memoria suele mejorar considerablemente cuando aparecen las órdenes de aprehensión. ¿O no?
Pero Jáuregui parece más interesado en cambiar el tema que en aclarar esas preguntas. Así lo hizo luego de su detención. Ahora resulta que los narcotraficantes se carcajean de su arresto, cuando lo que se cuestiona es la presunta intervención irregular de la CIA en Chihuahua. Nadie está defendiendo los narcolaboratorios ni cuestionando su desmantelamiento. Tampoco se vale tergiversar los hechos o intentar confundir a la ciudadanía para defenderse.
Quizá habrá que recordarle al exfiscal y a los jefes de la FGE de ahora, que la CIA tiene un largo historial de intervenciones y golpes de Estado en América Latina. Por eso importa saber quién autorizó su presencia y qué hacía en Chihuahua. Él sabe bien cómo se tejió la participación del gobierno estadounidense en Chihuahua, sin autorización de la Federación.
Si las pruebas demuestran que María Eugenia conoció, autorizó o encubrió actos ilegales, deberá responder ante la justicia. El cargo de gobernadora no incluye una cláusula de inocencia perpetua. Aunque, por supuesto, las responsabilidades tendrán que acreditarse en tribunales.
La FGR tiene que esclarecer quién permitió operar a los agentes estadounidenses y por qué, según su investigación, se informó tarde a la Federación. Chihuahua merece una explicación menos fantástica que la teoría de una Fiscalía autónoma hasta para organizar excursiones de la CIA, corporación como otras estadounidenses, cercana al panismo mexicano en decadencia. Porque si María Eugenia no sabía nada, gobernaba muy poco. Y si sabía, tendrá bastante que explicar.
Queda claro, entonces, que por el bien de México, la incursión de la CIA en Chihuahua sin autorización federal debe tener consecuencias legales, recaigan estas sobre el exfiscal o sobre la propia gobernadora.
Jáuregui se salva de la prisión preventiva
Jáuregui consiguió lo que su defensa buscaba. El juez Alberto Simental determinó anoche que el exfiscal de Chihuahua enfrentará su proceso penal en libertad, pese a la insistencia del Ministerio Público para mantenerlo tras las rejas. Una primera victoria judicial en un expediente que todavía tiene bastante camino por recorrer.
La Fiscalía argumentó que sus antiguos cargos públicos y sus presuntas relaciones con agentes extranjeros representaban un riesgo de fuga. Una preocupación comprensible para los acusadores, aunque insuficiente para convencer al juez de que el exfuncionario debía permanecer encarcelado.
Jáuregui ofreció entregar su pasaporte mexicano y su visa estadounidense. Su defensa incluso propuso prisión domiciliaria con brazalete electrónico. Al final, el juez optó por permitirle continuar en libertad, sujeto a medidas cautelares y a la obligación de atender los llamados judiciales. La resolución representa un respiro para el exfiscal, pero está lejos de cerrar el caso.
El PAN en Chihuahua se cae a pedazos
En Chihuahua comienza a circular una sospecha que merece examinarse con cierta malicia política. ¿Y si el PAN estuviera haciendo todo lo posible por entregarle el estado a Morena? Porque entre escándalos judiciales, pleitos internos y dirigentes que confunden la estrategia electoral con una mudanza al PRI, el panismo parece empeñado en demostrar que también se puede perder una elección antes de que comience.
El caso de César Jáuregui llegó para complicar todavía más el panorama. El exfiscal enfrenta acusaciones graves y sus abogados ya hablan de persecución política. La expresión preso político empieza a circular entre sus defensores. Una categoría bastante conveniente, porque permite convertir un expediente judicial en una estampita de mártir, aunque los tribunales todavía tengan mucho que resolver.
Mientras tanto, los panistas de vieja escuela observan con creciente desconfianza la posibilidad de otra alianza con el PRI. Después de tantos años de presentarse como enemigos históricos, ahora deben reconocerse como hermanos de desgracia electoral. El problema es que algunos militantes todavía recuerdan para qué nació Acción Nacional. La dirigencia, aparentemente, prefiere no remover documentos antiguos.
La suma de estos conflictos está dejando al PAN chihuahuense con una peculiar organización interna. Unos defienden al exfiscal, otros desconfían de los priistas y los dirigentes intentan vender unidad donde apenas alcanzan los abrazos para la fotografía. Si la descomposición fuera una disciplina olímpica, el partido ya estaría preparando su viaje a Los Ángeles 2028. Haría un buen papel, con Biblia en mano y manuales de la buena familia.
Como advertimos la semana pasada, este escenario podría terminar beneficiando a Cruz Pérez Cuéllar, coordinador de Morena en Chihuahua, quien ya lleva una ventaja de más de 15 puntos sobre el gris candidato de los conservadores. Cada conflicto panista le despeja un tramo del camino sin necesidad de pronunciar un discurso. Y si a eso le sumanos que el PAN cuenta con un candidato gris, como Marco Bonilla, la cosa se le pondrá peor a los blanquiazules.
Mientras todo eso pasa, el panismo chihuahuense se está cayendo a pedazos y sus dirigentes parecen discutir quién conservará las llaves del edificio.
Cruz suma kilómetros de recorridos, ahora con fundadores de Morena
En medio de todo este desastre del PAN, Cruz sigue recorriendo el estado, tejiendo nuevos amarres. Mientras los panistas enfrentan sus conflictos internos y las consecuencias políticas del caso Jáuregui, Pérez Cuéllar continúa reuniéndose con dirigentes y militantes de Morena. La diferencia de agendas comienza a ser notable. Unos atienden incendios y el otro sigue recorriendo el terreno electoral.
En Parral, el coordinador de la Defensa de la Cuarta Transformación se reunió con integrantes del colectivo Fundadores de Morena, quienes expresaron su respaldo al proyecto y plantearon necesidades del municipio. También sostuvo un encuentro con Leonel Chavira, dirigente municipal del partido, con quien coincidió en la importancia de sumar esfuerzos para que Morena pueda ganar en Parral y Chihuahua el próximo año.
Mariano Cordero señaló que Parral necesita un cambio en la forma de gobernar y mayor apoyo estatal. Habló de generar empleos, atraer industria y fortalecer la ganadería, la agricultura y la minería. Una agenda regional que Pérez Cuéllar deberá considerar si pretende convertir los respaldos políticos en un proyecto de gobierno.
Beatriz Dávila recordó los más de 14 años de lucha de las distintas expresiones de la izquierda y pidió abrir espacios de participación para quienes han trabajado en el movimiento. También propuso formar nuevos cuadros políticos. Jesús Ogaz planteó el problema del transporte y Silvia Holguín destacó la importancia de la educación. Cada quien llevó sus preocupaciones a la mesa, sin necesidad de recurrir al acostumbrado catálogo de promesas electorales.
Pérez Cuéllar insistió en la unidad y en dejar atrás el proceso interno para concentrarse en un proyecto común. La tarea exige reunir a las diferentes corrientes de Morena, una organización donde los acuerdos pueden resultar tan laboriosos como las disputas. Por ahora, el coordinador continúa buscando respaldos y fortaleciendo relaciones con las estructuras municipales.
Y mientras Cruz suma reuniones en distintos puntos del estado, el PAN sigue ocupado con el caso Jáuregui y sus desacuerdos sobre una eventual alianza con el PRI. Semejante panorama podría favorecer al morenista cuando comiencen las campañas. Los panistas todavía pueden recomponerse, aunque parecen haber encontrado una manera muy original de hacer política: trabajar horas extras para facilitarle las cosas al adversario.

