La política panista de la derecha ha entrado en una etapa peligrosa en Chihuahua. Lo que está haciendo la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, representa un intento por confundir a la opinión pública en medio de un escándalo que toca directamente la soberanía nacional. Se trata de jugar con fuego frente a un país que conoce demasiado bien las consecuencias de permitir la intervención de intereses extranjeros en asuntos internos.
Nadie la está investigando por “desmantelar un narcolaboratorio”. Esa narrativa funciona como una cortina de humo tan burda que resulta insultante para la inteligencia pública. El Gobierno federal ha destruido miles de laboratorios clandestinos en todo el país sin necesidad de abrirle las puertas a agentes extranjeros. El problema verdadero se encuentra en la presencia de agentes de la CIA en territorio mexicano.
Ahí es donde Chihuahua dejó de ser únicamente un estado fronterizo y se convirtió en un asunto de seguridad nacional. La presencia de agentes de la CIA participando en acciones operativas sin transparencia plena y sin informar formalmente al Gobierno federal representa una violación gravísima al marco constitucional mexicano. Se trata de una fractura institucional que toca uno de los nervios más delicados del Estado mexicano, la soberanía.
La Constitución no deja espacio para justificaciones mediáticas. Ningún gobierno estatal tiene facultades para actuar como una cancillería paralela ni para establecer mecanismos de intervención extranjera al margen de la Federación. Mucho menos cuando se trata de organismos de inteligencia estadounidenses cuya historia en América Latina está marcada por operaciones oscuras, espionaje y desestabilización política.
Por eso la reacción de Morena fue tan contundente. La dirigente nacional, Ariadna Montiel Reyes, respondió desde la lógica de un gobierno que entiende la dimensión del problema. También desmontó la narrativa oficial de Palacio de Gobierno en Chihuahua. Aquí no se discute un decomiso. Se discute una posible violación a la soberanía nacional. A la gobernadora se le debe juzgar.
La gravedad del caso incluso podría configurar una causal suficiente para la separación del cargo. Cuando un gobernador rebasa los límites constitucionales y compromete la seguridad nacional, el asunto entra en el terreno de las responsabilidades de Estado. La ley mexicana contempla consecuencias severas cuando funcionarios públicos facilitan injerencias extranjeras sin autorización.
Lo más contradictorio ocurrió durante la ceremonia de la Batalla de Puebla. Mientras se hablaba de patriotismo, defensa territorial y honor militar, la propia gobernadora intentaba justificar un episodio que pone en duda el respeto a la integridad nacional. Resultó imposible no advertir la ironía. Honores a la bandera en el templete y sospechas de intervención extranjera flotando en el ambiente político.
La historia mexicana tiene demasiadas heridas abiertas con Estados Unidos para tomar este asunto a la ligera. Chihuahua no puede convertirse en laboratorio político de operaciones extranjeras maquilladas como cooperación. Mucho menos bajo un gobierno que ahora pretende engañar a la opinión pública reduciendo todo a una simple lucha contra el narcotráfico.
Sheinbaum le recuerda a la derecha de qué lado está la Patria
Y siguiendo en el tema de la soberanía nacional que los prianistas no entienden qué es, el discurso firme de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ayer en Puebla fue una respuesta directa a quienes desde la derecha mexicana han comenzado a normalizar la intervención extranjera como herramienta política. En un momento donde el debate sobre la injerencia estadounidense vuelve a encenderse, las palabras de la mandataria tuvieron destinatarios muy claros.
“A quienes reviven la Conquista como salvación, les decimos, están destinados a la derrota”. Sheinbaum recalcó que existe un sector conservador que mira hacia el exterior cada vez que pierde respaldo popular dentro del país. Lo hicieron históricamente durante las invasiones extranjeras y lo siguen haciendo ahora, celebrando presiones mediáticas, discursos intervencionistas y hasta operaciones extranjeras disfrazadas de cooperación.
La presidenta también lanzó otra frase cargada de memoria histórica. “Nunca olvidemos que nuestra historia está marcada por la resistencia frente a las invasiones extranjeras y también por las traiciones internas de quienes desde el conservadurismo han apostado por someter al pueblo y entregar a la Patria”.

