El miedo azul ya ni siquiera se esfuerza por pasar desapercibido. En algunos círculos del PAN crece lapreocupación por las reglas electorales. Qué casualidad. Durante años parecían confiar plenamente en la voluntad popular, pero ahora, en témimos futboleros, algunos actúan como ese equipo que pide revisar el reglamento justo cuando descubre que va perdiendo en el marcador.
Este fin de semana volvió a ocurrir. Mientras Cruz recorría la capital del estado reuniéndose con estructuras territoriales, comités vecinales y simpatizantes, reapareció desde el PAN el discurso sobre la famosa reforma electoral que obligaría a postular una mujer a la gubernatura. La coincidencia es tan precisa que ya parece disciplina olímpica.
Y uno de sus principales promotores vino a Juárez precisamente a hablar de eso. Marco Bonilla, el precandidato de la derecha, insiste en que primero deben conocerse las reglas antes de solicitar licencias. Curiosa preocupación. Durante años los panistas nunca mostraron tanta pasión por las reglas cuando las condiciones les favorecían. Ahora parecen obsesionados con ellas.
Sabemos ya, que la reforma nace bajo sospecha política. Nadie cuestiona la importancia de la paridad ni el derecho de las mujeres a ocupar los más altos cargos públicos. Lo que genera dudas es la sincronía casi perfecta entre la propuesta y el crecimiento político de Cruz Pérez Cuéllar en prácticamente todas las mediciones conocidas.
Bonilla incluso habló en entrevistas de una gran alianza opositora porque, según dice, Morena es un régimen. Es el miedo azul, pues. Traducido al lenguaje electoral, el mensaje parece más sencillo: si no alcanza con el PAN, habrá que sumar todo lo que se pueda. Cuando las coaliciones se vuelven una necesidad existencial suele ser porque los números propios ya no alcanzan para dormir tranquilos. Volver al prianismo, la cuna del conservadurismo.
La realidad es que ninguna reforma elimina liderazgos, trabajo territorial o posicionamiento ciudadano. Las reglas pueden modificarse sobre el papel, pero los votos siguen estando en las calles. Y mientras algunos siguen diseñando mecanismos para frenar adversarios, Cruz continúa haciendo lo que más preocupa a sus críticos: caminar el estado y crecer políticamente. Eso explica mucho mejor la reforma que cualquier discurso sobre principios democráticos.
Jáuregui parece inmune a la vergüenza
Habla César Jáuregui Moreno de amenazas para Chihuahua. Habla de centralismo, de riesgos para el federalismo y de la necesidad de cerrar filas. Lo curioso es que, al escucharlo, uno recuerda inevitablemente aquella Fiscalía que dirigió y donde ocurrió un escándalo tan grande que ni el mejor detector de amenazas pareció advertirlo a tiempo.
El sábado pareció que ya estaba en campaña durante la charla con su amigo panista César Jáuregui Robles “El arte de gobernar”, un evento de los muchos que se planearon en estas semanas que duró el CIAgate. Que no se nos olvide que hace unos días reapareció para decir que siempre sí quiere gobernar la ciudad de Chihuahua.
Pero mientras el político advierte sobre los peligros que amenazan a Chihuahua y convoca a cerrar filas, sigue pendiente una explicación convincente sobre aquel episodio que convirtió a la Fiscalía en una novela de espionaje involuntaria.
Una cosa es alertar sobre tormentas futuras y otra muy distinta explicar por qué nadie vio el elefante que caminaba por la oficina mientras se suponía que alguien estaba a cargo. Antes de hablar de los peligros que vienen de fuera, tendría que explicar con claridad los que ocurrieron dentro de la institución que encabezaba.
En el asunto de la presunta intervención de agentes de la CIA solo existen dos posibilidades. No hay una tercera. O sabía lo que ocurría, o no lo sabía. Si lo sabía, la situación es gravísima. Significaría aceptar que una agencia extranjera operó en territorio mexicano bajo su conocimiento, algo incompatible con la soberanía nacional y con las responsabilidades que tenía como fiscal.
Y si no lo sabía, la explicación tampoco resulta tranquilizadora. Porque entonces estaríamos frente a un fiscal que desconocía movimientos de enorme relevancia dentro de la institución bajo su mando. Un fiscal distraído de las tareas fundamentales de supervisión mientras dedicaba buena parte de su tiempo a la grilla, a las conferencias, a las declaraciones y a la construcción de proyectos políticos personales.
Por eso resulta difícil aceptar la idea de que el tema es “intrascendente”, como ahora intenta plantearlo. Intrascendente no fue. Tan trascendente fue que terminó costándole el cargo y abrió una de las mayores controversias de seguridad en la historia reciente del estado. Que no venga el exfiscal a quererle lavarle el coco a los chihuahuenses.
También llama la atención que quien hoy se presenta como defensor de Chihuahua frente al supuesto centralismo haya guardado tan poca energía para defender la autonomía institucional de la Fiscalía cuando más se necesitaba. La soberanía no se defiende únicamente en discursos políticos de segunda; se defiende todos los días desde las responsabilidades públicas.
La experiencia suele traer madurez, como él mismo afirma. Pero la madurez también implica asumir responsabilidades y no actuar como si el expediente se hubiera redactado solo y luego hubiera desaparecido por arte de magia. Porque en este caso no estamos hablando de una maceta perdida en una oficina gubernamental, sino de un episodio que puso a Chihuahua en el mapa de las violaciones a la soberanía nacional.
Antes de pedir confianza para regresar a la política, quizá convendría ofrecer respuestas más convincentes y menos evasivas. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en ese político tan común en nuestras latitudes: el que recuerda perfectamente las amenazas del mañana, pero sufre una repentina amnesia cuando le preguntan por los problemas que ocurrieron mientras tenía las manos en el volante.
Juárez, el corazón territorial de Morena
Ciudad Juárez ocupa un lugar central en la historia reciente de Morena. Es una de las ciudades donde la Cuarta Transformación ha consolidado una de sus bases más amplias de apoyo ciudadano y donde ha logrado construir una estructura territorial con presencia en prácticamente todos los sectores de la ciudad. Por eso la instalación de su Consejo Municipal tiene una relevancia política particular.
La conformación de este órgano no representa únicamente un trámite interno. Se trata de un paso importante dentro de la estrategia nacional de fortalecimiento organizativo que Morena impulsa en todo el país para consolidar sus estructuras de base y ampliar su capacidad de movilización, con rumbo a las históricas elecciones de 2027.
Que Ciudad Juárez cuente con el Consejo Municipal más grande de México refleja la dimensión política que ha adquirido la frontera para el movimiento. También confirma la importancia que la dirigencia nacional concede a una ciudad que concentra una parte significativa del electorado chihuahuense. Por otra parte, también refleja el trabajo realizado por el presidente Cruz Pérez Cuéllar, al lograr en estos cuatro años de su gobierno una estructura grande y fiel.
Con esto se pretende fortalecer la afiliación, la organización comunitaria y el trabajo territorial en colonias y secciones electorales. Morena apuesta por mantener una presencia permanente entre la ciudadanía y reforzar la comunicación directa con sus bases.
La instalación del consejo ocurre además en un momento relevante para el partido. A medida que se acerca el proceso electoral de 2027, la estructura territorial se convierte en uno de los principales activos para cualquier fuerza política que aspire a competir con éxito.
La reunión celebrada ayer en el gimnasio Josué Neri Santos reunió a cientos de presidentes y secretarios seccionales, quienes tendrán la responsabilidad de coordinar actividades organizativas en distintos puntos de la ciudad y fortalecer el vínculo entre la dirigencia y la militancia.

