En la vieja escuela del panismo siempre hubo especialistas en vender humo. Lo novedoso sería que ahora también se dedicaran a fabricarlo. Si las acusaciones llegan a comprobarse, no estaríamos frente a una estrategia política ingeniosa, sino frente a uno de los episodios más miserables de la disputa por el poder.
No sería la primera vez que alrededor del relleno sanitario aparecen sospechas en tiempos de disputa política. La memoria de Juárez alcanza para recordar que en administraciones anteriores también hubo episodios similares justamente cuando el calendario electoral comenzaba a calentarse. ¿Quién gana cuando arden las llantas y pierde la ciudad?
Luego del incendio del basurero la madrugada de ayer, el alcalde con licencia, Cruz Pérez Cuéllar, anunció que acudirá a la Fiscalía para presentar denuncias contra la diputada Xóchitl Contreras y el PAN. Como ocurre casi siempre, llegaron primero las negaciones que las explicaciones.
Pero ahora les tocará hablar a los peritajes y a las investigaciones. Mientras tanto, queda un testimonio que no debería perderse entre el ruido político: un guardia del relleno declaró haber visto a varias personas correr por el lugar cuando el fuego comenzaba a extenderse. A veces los detalles más discretos terminan contando la historia completa.
Resulta curioso que algunos personajes exijan pruebas con una indignación casi teatral, como si jamás hubiéramos conocidos las campañas de guerra sucia de los conservadores. En este país hemos visto montajes, rumores convertidos en estrategia y hasta teorías que se venden como verdad absoluta. La desmemoria suele ser la mejor aliada del cinismo.
No deja de llamar la atención que la diputada panista exija hoy un certificado de pureza política. Hace apenas unos meses, Pérez Cuéllar presentó documentación sobre familiares de Xóchitl Contreras que ocupaban cargos en el Gobierno del Estado. Eran dos de sus hijos, y hasta su esposo. Aquella explicación nunca terminó de convencer a todos.
La diputada Xóchitl Contreras podrá rechazar las acusaciones, pero después de las denuncias, la palabra la tendrán las investigaciones ministeriales, aunque también son panistas. Si los elementos anunciados también por el Gobierno Municipal se sostienen jurídicamente, las consecuencias deberán ser ejemplares. Cuando está de por medio el aire que respira una ciudad, ningún interés partidista puede quedar por encima del derecho de la población a vivir en un ambiente sano.
Carlos Ortiz, representante de la gobernadora y conocido en el Pueblito Mexicano como “El mil muecas”, salió a decir que todo era “politiquería”. Hay ironías que se escriben solas. Escuchar esa palabra de boca de uno de los operadores políticos más visibles del maruquismo resulta, cuando menos, pintoresco.
Quienes durante años han convertido la confrontación en una herramienta cotidiana de la disputa pública ahora se escandalizan porque alguien habla de política. En Chihuahua, al parecer, la politiquería siempre la hacen los otros. No tienen vergüenza.
Solo faltó que la gobernadora María Eugenia Campos saliera a fijar una postura. No ocurrió. Tal vez en Palacio había asuntos internos más urgentes que atender tras la inesperada salida de una de sus colaboradoras más cercanas. La mandataria tiene todavía el corazón roto.

