Siempre he pensado que la cultura y el arte no deben esperar sentados a que alguien los descubra. Deben salir. Caminar las calles. Meterse entre el ruido de los camiones, el humo de los puestos de comida, el bullicio de las escuelas, las cárceles y las conversaciones de quienes viven demasiado ocupados sobreviviendo como para entrar a una galería o asistir a una presentación literaria. El arte tiene que buscar a la gente. Y quienes trabajan por la cultura tendrían que mover todo lo que esté a su alcance para lograrlo.
Por eso resulta importante reconocer lo que representa el Primer Festival del Libro y las Artes de Ciudad Juárez 2026, organizado por el Gobierno municipal, que dará inicio la siguiente semana. Más allá de los nombres invitados, de los talleres o de las conferencias, el verdadero valor de este esfuerzo está en la intención de sacar la cultura de sus espacios tradicionales y colocarla frente a la ciudad, ahí donde la vida ocurre.
No es poca cosa apostar por un festival de esta naturaleza en una frontera históricamente marcada por la violencia, la maquila y la prisa. Durante muchos años, Juárez fue narrada desde el miedo, desde las cifras rojas y las tragedias. Sin embargo, también existe otra ciudad: la que escribe, pinta, canta, fotografía, actúa y crea incluso en medio de las dificultades.
Que el FELIJU tenga como sede principal el Paseo Juan Gabriel y se expanda hacia distintos espacios culturales y comunitarios significa precisamente eso: entender que la cultura no puede encerrarse entre cuatro paredes. Tiene que respirar con la ciudad.
Los activistas culturales suelen cargar una tarea silenciosa y complicada. Gestionan espacios, buscan apoyos, organizan eventos y luchan contra la indiferencia presupuestal y social. Muchas veces trabajan más desde la terquedad que desde los recursos. Por eso este primer gran esfuerzo merece ser reconocido.
Los festivales culturales no sólo acercan libros o conciertos. También ayudan a reconstruir tejido social. Generan comunidad. Hacen que la gente vuelva a encontrarse en espacios públicos desde algo distinto al miedo o la confrontación.
Ojalá este festival sea apenas el inicio. El preámbulo de algo mucho más grande en los próximos años, no sólo para Ciudad Juárez, sino para todo Chihuahua. La frontera necesita más espacios donde las ideas circulen libremente, donde los jóvenes encuentren inspiración y donde el arte deje de verse como un lujo para convertirse en parte esencial de la vida cotidiana.
A veces un libro, una canción o una conversación en un festival pueden parecer pequeñas cosas frente a los grandes problemas del país. Pero son precisamente esas pequeñas cosas las que, poco a poco, ayudan a salvar una ciudad del vacío.
Defender la patria en tiempos de presiones externas
Mientras medio país habla del Mundial y de quién defiende mejor su portería, en México el debate sobre la soberanía nacional se fortalece día con día. Y no es casualidad. Cada vez más mexicanos comienzan a preguntarse quién defiende realmente al país y quién, desde ciertos sectores de la derecha, parece más cómodo aplaudiendo cualquier guiño extranjero con tal de desgastar políticamente al gobierno en turno.
El mensaje de Claudia Sheinbaum durante la conmemoración del Día de la Marina recordó ayer algo fundamental: un país que no defiende su soberanía termina subordinado a intereses ajenos. La presidenta habló de “tiempos de definiciones” y de defender a México frente a intereses externos y campañas promovidas desde el extranjero.
Y ahí es donde ciertas fuerzas conservadoras quedan exhibidas. Particularmente en estados gobernados por el prianismo, como Chihuahua, donde desde hace tiempo algunos actores políticos parecen más cómodos alineándose con agendas extranjeras que defendiendo una postura verdaderamente soberana.
Que no se nos olvide que la historia latinoamericana está llena de ejemplos incómodos. La CIA no es un fantasma inventado por la imaginación popular. Su historial de operaciones encubiertas, espionaje e intervenciones políticas en países con gobiernos incómodos para Washington ha sido documentado durante décadas. Chile, Guatemala, Nicaragua y otros países conocen bien las consecuencias de esas estrategias.
Por eso resulta preocupante la normalización de ciertos discursos que ven la intervención extranjera como una solución política. Hay sectores de la derecha mexicana que, incapaces de construir una oposición sólida desde lo interno, terminan apostando por presiones externas, campañas mediáticas internacionales o narrativas de desestabilización.
La derecha prianista debería tener cuidado, porque cuando se juega con la soberanía de un país, no se afecta únicamente a un gobierno en turno. Se pone en riesgo a toda una nación. La soberanía no pertenece a Morena, al PAN ni al PRI. Le pertenece al pueblo mexicano.
El discurso de Sheinbaum también tuvo un fuerte componente simbólico al realizarse junto a la Marina Armada de México. Las Fuerzas Armadas han adquirido un papel central en la defensa territorial, marítima y estratégica del país en medio de un contexto internacional cada vez más complejo.

