Cruz Pérez Cuéllar volvió a ganarle una batalla política a Andrea Chávez. Esta vez ocurrió durante el registro de aspirantes a la Coordinación Estatal en Defensa de la Cuarta Transformación en Chihuahua, realizado en el World Trade Center de la Ciudad de México.
La escena dejó una impresión difícil de ignorar, porque el alcalde juarense con licencia mostró más oficio, más operación y una mejor lectura de los símbolos que suelen definir este tipo de procesos internos.
Llegó al edificio sonriente y acompañado de su esposa, Rubí Enríquez, y de más de un centenar de simpatizantes morenistas. Entre ellos destacaron su hermano Alejandro Pérez Cuéllar, diputado federal; la síndica Ana Estrada; la diputada local Lizzy Guzmán; la legisladora federal Mayté Vargas y varios integrantes de comunidades rarámuris, incluida la mundialmente conocida corredora Lorena Ramírez. Fue una llegada planeada para enviar un mensaje político y visual.
En contraste, a Andrea Chávez no se le vio acompañada por su pareja, Emil Kamar, futuro padre del bebé que espera la senadora con licencia. Tampoco estuvo arropada por figuras relevantes de Morena en Chihuahua. Su arribo lució más discreto y, por momentos, pareció carecer de la coordinación política que suele caracterizar este tipo de eventos.
Las diferencias también fueron evidentes al momento del registro ante la dirigencia nacional. Mientras la transmisión oficial de Morena mostró a Chávez prácticamente ya firmando documentos y recibiendo indicaciones, con Cruz ocurrió algo distinto.
Las cámaras siguieron su recorrido, lo enfocaron caminando de la mano de su esposa y captaron incluso el beso de despedida antes de ingresar al trámite formal. En este tipo de eventos políticos, dicen los que dicen saber, que los detalles cuentan. Y las imágenes también.
Lo que vino después volvió a favorecer al juarense. Hubo porras, muestras de apoyo y un breve mensaje sobre la transformación política y social que, dijo, viene para Chihuahua. Del otro lado, Andrea Chávez atendía preguntas de reporteros sobre la polémica reforma de género impulsada por sectores del PRIAN.
Respondió con visible incomodidad que la iniciativa no era necesaria y, cuando le preguntaron si podría derrotar a Cruz Pérez Cuéllar, se sonrojó y apenas respondió que va adelante en “todas las encuestas”. Poco después cerró la ronda de preguntas para atender una entrevista con Radio Fórmula.
La batalla continuó en las redes sociales, terreno donde tradicionalmente Andrea Chávez ha mostrado fortaleza, aunque con la mayoría de seguidores del interior del país. Sin embargo, esta vez el equipo de Cruz reaccionó con mayor velocidad. Publicó videos más emotivos, mejor editados y centrados en el respaldo social que acompañó al juarense hasta el World Trade Center. El mensaje evidenció más estructura, movilización y mejor músculo político.
Paradójicamente, quien fuera una de las principales responsables de la estrategia de comunicación de Morena en la Cámara de Diputados y en el Senado terminó dejando escapar una oportunidad importante. Sus publicaciones mostraron poco acompañamiento político, escasas muestras de apoyo y ninguna imagen de fuerza colectiva.
Como respuesta, optó por recurrir a un discurso conocido, recordando que se cansó de ser oposición en Chihuahua. Pero en esto asuntos, sobre todo en los procesos internos, el pasado pesa menos que la fotografía del presente. Y en esa fotografía, al menos ayer, Cruz volvió a salir mejor encuadrado.
Cuando pensar por cuenta propia estorba
Las palabras de María Eugenia Campos apenas habían comenzado a circular cuando Marco Bonilla, el precandidato panista que nomás no levanta en las encuestas, ya estaba ahí para respaldarlas. No es algo nuevo. Desde hace tiempo el alcalde de Chihuahua ha asumido el papel de defensor permanente de la gobernadora, incluso cuando las circunstancias invitan más a la reflexión que a la obediencia política.
Lo más llamativo del mensaje de Marco Bonilla es la ausencia de ideas propiasAyer apareció en un video que parece salido de una fábrica de comunicados panistas donde todos repiten las mismas frases, los mismos temores y las mismas acusaciones. Cambian los nombres, pero el discurso permanece intacto.

Bonilla asegura que Morena pone en riesgo al país, la economía y la soberanía. Sin embargo, no desarrolla un solo argumento que sostenga semejante afirmación. Todo descansa en consignas y generalizaciones. Mucho ruido, poca sustancia.
La estrategia tampoco es nueva. Lo sabe bien. En 2006 el PAN repitió hasta el cansancio que López Obrador era un peligro para México. Hoy el eslogan cambió, pero el método sigue siendo idéntico. Ahora intentan convencer a la opinión pública de que Morena es un narcopartido.
Se trata de una acusación enorme. Tan grave que debería estar respaldada por pruebas irrefutables. En cambio, Bonilla opta por las insinuaciones y las etiquetas. Parece más interesado en sembrar sospechas que en presentar evidencias.
También resulta curioso que hable de responder preguntas mientras evita cualquier análisis serio. Su mensaje no busca entender una realidad compleja, lo que quiere es simplificarla al máximo para dividir el mundo entre buenos y malos.
La repetición constante de estas narrativas termina exhibiendo una falta de imaginación política. Cuando no hay propuestas novedosas, algunos dirigentes recurren al miedo. Es una fórmula vieja que ha perdido eficacia, pero que siguen utilizando por inercia.
Al final, el texto deja la impresión de que Bonilla no habla como un líder con voz propia: “Como lo dijo Maru, y que les quede claro: la patria es primero. No su partido”. Si le hubiera puesto “Como lo dijo mi mamá”, todos lo hubieran entendido igual.

