Hay personajes que descubren muy pronto que una causa social también puede convertirse en plataforma personal. Aparecen en momentos de inconformidad, adoptan una bandera ciudadana, hablan en nombre de quienes están molestos y terminan colocándose ellos mismos en el centro de aquello que supuestamente defienden.
Son los falsos mesías de la participación pública, dirigentes que comienzan diciendo que buscan transformar una realidad y acaban utilizando el movimiento para conseguir notoriedad, influencia o cercanía con el poder. En Juárez, como en todo el país, hay varios personajes.
La revocación de mandato tampoco está exenta de ese oportunismo. Aquí en la frontera, Jesús Salais Ruedas ha buscado convertirse en uno de sus rostros visibles, pero alrededor de su figura existen cuestionamientos que deberían responderse antes de pretender erigirse como autoridad moral de cualquier movimiento ciudadano.
Dicen los que dicen saber, que quien exige cuentas a los gobernantes debe estar dispuesto a rendir las propias. La credibilidad no se obtiene únicamente organizando actos, enviando mensajes o apareciendo frente a una cámara.
Sobre Salais pesa un pasado oscuro. Fuentes muy confiables nos indican que hace aproximadamente 25 años, quizá un poco más, habría utilizado una identidad estadounidense falsa bajo el nombre de Salvador Guernica y que mediante ella habría recibido durante varios años apoyos públicos, incluidos beneficios alimentarios, hasta ser descubierto. Tuvo que regresar a Juárez. Su historia la conoce toda su familia.
Antes de que fuera descubierto por las autoridades estadounidenses, su misma familia ha reconocido que tuvo una relación con un hombre identificado como Jesús G., conocido como “Tatú”, quien estuvo relacionado con actividades de narcotráfico en la Sierra de Chihuahua con operaciones en Juárez y en El Paso, y que cumplió una condena en El Paso.
Esa conexión le habría representado para Salais un beneficio económico de varios miles de dólares. Cuenta su familia con algo de pena ajena en las reuniones, que por eso Jesús terminó en la cárcel de la vecina ciudad. De eso hay pruebas en el condado de El Paso.
Ahí está precisamente la contradicción que persigue a los falsos mesías sociales. Construyen su capital público reclamando transparencia a los demás, pero tarde o temprano las mismas preguntas terminan frente a su puerta.
¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué intereses existen detrás de sus movimientos? ¿Cómo se financian? ¿Qué relaciones mantuvieron antes de convertirse en activistas? Saláis quiere fiscalizar políticamente a otros mediante la revocación de mandato; resulta razonable entonces que la opinión pública también fiscalice su trayectoria.
La unidad que el padre de Andrea no entendió
No cabe duda de que hay quienes guardan el aguijón para mejores tiempos, pero don José Luis Chávez Viguera parece empeñado en mantenerlo listo. Cuando parecía que la instrucción era bajar la grilla y privilegiar la unidad dentro de Morena, el padre de Andrea Chávez continúa, según conversaciones conocidas por esta columna, participando activamente en algunos grupos de WhatsApp. Será que la unidad funciona mejor cuando viene acompañada de una pequeña dosis de veneno.

Hace unas semanas, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar acudieron a una reunión con la dirigencia de Morena para hablar precisamente de cerrar filas y evitar enfrentamientos internos. Uno supondría que después de semejante mensaje hasta los familiares entenderían la partitura. Pero don José parece tocar de oído y, por lo visto, todavía encuentra tiempo para sus comentarios en esos grupos donde la política chihuahuense hierve diariamente.
Lo divertido es que algunos todavía creen que los grupos de WhatsApp son habitaciones privadas con paredes insonorizadas. No lo son. Poetripiados tiene varias fuentes dentro de esos espacios y las capturas suelen tener una extraordinaria facilidad para salir de paseo. Si realmente llegó la temporada de la unidad, alguien debería avisarle a Chávez Viguera. Quizá el mensaje se perdió entre tantos mensajes.

