Mientras el gusano barrenador encendía las alertas en Chihuahua y ponía en riesgo uno de los sectores más importantes de la economía estatal, la respuesta más visible no llegó desde Palacio de Gobierno. Llegó desde Ciudad Juárez, donde el alcalde interino Héctor Ortiz Orpinel encabezó una reunión binacional que reunió a autoridades de México y Estados Unidos para diseñar una estrategia común.
No fue un encuentro protocolario. A la mesa acudieron representantes de Texas, Nuevo México, autoridades fronterizas, especialistas sanitarios, líderes ganaderos y funcionarios de ambos países para discutir mecanismos de prevención, vigilancia, intercambio de información y la eventual reapertura del mercado estadounidense al ganado mexicano.
En ese escenario también apareció Cruz Pérez Cuéllar. El alcalde con licencia, que busca la candidatura de Morena al Gobierno de Chihuahua, no dejó pasar la oportunidad de involucrarse en un tema que hoy preocupa a miles de productores. Después resumió el encuentro en sus redes sociales como un esfuerzo para fortalecer la coordinación y defender los intereses de Chihuahua.
El contraste político resulta inevitable. Mientras otros aspirantes guindas siguen concentrados en la disputa electoral, Cruz decidió colocarse en una mesa donde se discutía un problema real, con consecuencias económicas inmediatas para el estado. Es un movimiento, claro está, que también lo coloca en este tema como en otros, un paso delante de su competidora interna, Andrea Chávez.
Pero la comparación no termina ahí. Tampoco Marco Bonilla, el principal aspirante del PAN, ni la gobernadora María Eugenia Campos encabezaron un esfuerzo de esta naturaleza. La coordinación binacional terminó impulsándose desde Juárez, una ciudad que entiende mejor que nadie que los problemas de la frontera difícilmente se resuelven desde un escritorio en la capital.
Ortiz Orpinel también dejó un mensaje importante al plantear que Chihuahua debe ser evaluado de manera independiente respecto al resto del país para evitar que decisiones nacionales perjudiquen injustamente a los productores del estado. Es una postura que responde directamente a las preocupaciones del sector ganadero y busca abrir una ruta distinta para la movilización y exportación del ganado.
La fotografía de una mesa binacional para enfrentar el gusano barrenador, con autoridades de ambos lados de la frontera y con la participación de Cruz Pérez Cuéllar y Héctor Ortiz Orpinel, proyecta liderazgo en un momento donde Chihuahua necesita soluciones. A veces, un paso adelante en la gestión pública vale más que muchos kilómetros recorridos en campaña.
Del héroe de la alternancia al huachicol
Durante décadas, Ernesto Ruffo Appel fue presentado como una especie de reliquia moral del panismo. El primer gobernador de oposición, el hombre que, según el propio blanquiazul, abrió la puerta de la alternancia democrática y representó la honestidad en el servicio público. Hoy, ese relato enfrenta su mayor terremoto.
La Fiscalía General de la República (FGR) sostiene que Ruffo no era un personaje periférico, sino uno de los presuntos operadores de la mayor red de contrabando de combustible detectada hasta ahora en México. Una estructura que, de acuerdo con las investigaciones, habría evadido más de cuatro mil millones de pesos en impuestos mediante el llamado huachicol fiscal.

No se trat, pues, de un robo de combustible en una toma clandestina escondida entre los matorrales. La acusación describe una organización internacional que utilizaba carros tanque ferroviarios, empresas y complejas operaciones comerciales para introducir hidrocarburos al país sin pagar lo que correspondía al fisco. Es el crimen organizado vestido de traje y corbata.
La dimensión política del caso resulta todavía más devastadora. Ruffo no fue un militante cualquiera. Fue alcalde, gobernador, diputado federal, senador y colaborador del gobierno de Vicente Fox. Acción Nacional lo convirtió durante años en un emblema de transparencia, liderazgo y compromiso con la ciudadanía. Hoy ese mismo símbolo aparece esposado por presuntos delitos de delincuencia organizada y contrabando.
La ironía es tremenda, brutal. Mientras millones de mexicanos pagan impuestos para sostener hospitales, carreteras, escuelas y programas públicos, la investigación sostiene que una red de esta magnitud habría desviado miles de millones de pesos hacia intereses privados. Es algo increíble, no solo para el panismo, sino para el resto de los partidos políticos. Un aviso.
El golpe para el PAN trasciende a un solo personaje, porque cuando uno de los pilares históricos del partido es señalado como presunto integrante de la mayor red de huachicol fiscal descubierta hasta ahora, el discurso de superioridad moral comienza a resquebrajarse por su propia base.
Por supuesto, Ruffo conserva la presunción de inocencia y será un juez quien determine su responsabilidad penal. Pero en el terreno político el daño ya está hecho. La fotografía del primer gobernador panista detenido por presunta delincuencia organizada difícilmente desaparecerá de la memoria colectiva.
Quizá el mayor problema para Acción Nacional no sea defender a Ernesto Ruffo. El verdadero desafío será explicar cómo uno de sus máximos referentes, presentado durante décadas como ejemplo de honestidad y buen gobierno, terminó convertido en el rostro de un escándalo, enb un malandro de alta gama, que podría redefinir para siempre la historia contemporánea del panismo mexicano.

