En Palacio de Gobierno “no está el horno para bollos”, pero parece que la gobernadora María Eugenia Campos no lo entiende, no lo quiere entender o de plano le importa un cacahuate la opinión pública sobre su gobierno, mientras el clima político arde y ella actúa como si nada pasara.
Ayer, frente a decenas de reporteros que la esperaban a su llegada para la reunión de la Mesa de Seguridad, la mandataria apareció vestida de azul (de qué otro color podría vestirse), risueña y rascándose la nariz después de cruzar una de las puertas del recinto, como quien llega con prisa pero sin pendientes.
Una reportera le preguntó cómo le había ido en su reunión con el fiscal César Jáuregui y el secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña, en medio del agarrón que traen los dos panistas: el primero en busca de la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua, y el segundo que también la pretendía, pero que ante sus malos números en las encuestas ahora parece buscar otro hueso dentro del ya deteriorado partido azul.
Le preguntó también si tenía un mensaje en específico sobre el asunto con los dos funcionarios estatales, y Campos contestó: “Nos fuimos a tomar un tequilita para que se relajaran de la semana que estuvo un poco tensa”, luego remató que les había aconsejado “rebasar por la derecha”.
No es que nos espante el tequila, en este país hasta las penas se administran en vaso chico, pero mezclarlo con la política tiene su encanto… y su riesgo, porque no es la primera vez y ya hay memoria fotográfica de reuniones donde el caballito no desentona con la agenda pública.

En enero circuló una imagen en la que aparece con un caballito de tequila y a un lado unos limones, acompañada de Óscar Ibáñez, rector de la Universidad Tecnológica de Ciudad Juárez.

Fue en una reunión de trabajo y fue su mismo equipo de trabajo quien publicó la imagen. Usted tiene la última palabra, querida lectora, querido lector, por si quiere ir preparando la siguiente ronda. ¡Salud!
Son rumores, son rumores…
Conforme se acerca el 2027, por muy lejano que se vea en el calendario, en realidad está a la vuelta de la esquina, apenas poco más de ocho meses para que el país vuelva a convertirse en un hervidero político, donde sobrarán las acusaciones, las mentiras y ahora hasta la inteligencia artificial haciendo campaña.
También se observará cómo resurge el viejo romance entre el PAN y el PRI, con esas miradas cómplices entre Jorge Romero Herrera y Alejandro Moreno. Aunque traten de ocultarlo, tarde o temprano nos daremos cuenta.
Mientras eso sucede, ya comenzaron los rumores y el blanco ha sido Morena, el partido más fuerte y también el más observado. Hace unos días empezó a correr como reguero de pólvora la versión de que Luisa María Alcalde y Andy López no se llevaban bien y que estaban por dejar la dirigencia, una historia que suena más a deseo ajeno que a realidad comprobable.
El origen no sorprende, se dio en un medio identificado con el prianismo, El Universal. Uno de sus colaboradores aseguró tener información privilegiada, de esa que suele aparecer cuando hace falta mover la conversación, aunque hasta ahora los números no respaldan esa narrativa y más bien muestran a una dirigencia que, con sus claroscuros, mantiene estructura y operación, aun con la percepción de cierta distancia con la Presidencia.
Alcalde ordenó la casa, 71 mil comités en todo el país, uno por sección electoral, más de 12 millones de afiliados con la campaña “Súmate a Morena”, una maquinaria que no se construye con rumores sino con territorio, además de una militancia donde el 62 por ciento son mujeres y casi dos millones son jóvenes, cifras que explican por qué el partido sigue siendo el más competitivo incluso cuando lo quieren dar por dividido.
A eso se suma el método, encuestas para definir coordinaciones estatales a partir del 22 de junio, es decir, trasladar la decisión a la gente y no a las cúpulas, aunque eso, claro, siempre incomoda a quienes prefieren la política de escritorio y café cargado.
Chihuahua, prueba clave para Luisa María
En Chihuahua, sin embargo, la historia tiene sus matices, porque dentro de Morena estatal se percibe que Brighite Granados ha inclinado la balanza a favor de la senadora Andrea Chávez, presencia constante, respaldos visibles y hasta grabaciones que apuntan en esa dirección.
Ahí es donde entra el verdadero reto de la dirigente nacional, María Luisa Alcalde, porque uno de sus responsabilidades es justamente vigilar que los comités estatales no jueguen cargados, tarea nada sencilla cuando las simpatías pesan más que los estatutos.
Y es que aunque Granados ha cumplido con su papel en días recientes al salir al quite para defender al alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, frente a las calumnias del impresentable Javier Corral Jurado, no será sencillo que la dirigente estatal de Morena mantenga la cabeza fría y garantice la imparcialidad en la elección interna para definir a la coordinación estatal este verano. Habrá que ver cómo se conduce y si logra sostener la unidad del partido.
El verano se acerca y con él la prueba real, mantener la unidad, enfriar las pasiones internas y evitar que la contienda se convierta en un pleito de familia.
¿Distanciadas Sheinbaum y María Luisa Alcalde?
En política, dicen los que dicen saber, a veces lo que no se dice pesa más que cualquier declaración. Y eso fue justo lo que ocurrió cuando la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre el futuro de Luisa María Alcalde al frente de Morena. Su respuesta, breve y sin rodeos —“no, no tengo conocimiento”— dejó más dudas que certezas y, sobre todo, abrió un compás de espera que en tiempos electorales se interpreta como mensaje.
Dejó a todos en ascuas, porque en este sistema donde las señales a veces pesan más que los anuncios, el silencio termina haciendo más ruido que una mañanera. No confirmó la salida, tampoco la descartó, simplemente la dejó flotando… como decisión en pausa o globo político listo para ver hacia dónde sopla el viento.
Eso sí, el elogio no faltó. Sheinbaum habló de Alcalde como parte de una nueva generación, la describió como una mujer trabajadora, con convicción, formada desde las bases del movimiento. Incluso se detuvo en un detalle casi anecdótico, su edad, 38 años.
“Es una mujer extraordinaria, es muy trabajadora, viene del movimiento, es una joven que en su momento hizo ‘Morena Jóvenes’ y con mucha convicción. ¿38 tiene? Entonces sí es milenniall”, dijo la presidenta, que actualmente cuenta con más del 70 por ciento de aprobación entre los mexicanos, de acuerdo con la mayoría de encuestas.
Pero en política los halagos no siempre son garantía de permanencia. A veces son la antesala de los cambios, una forma elegante de reconocer antes de mover piezas. Y en el tablero rumbo al 2027, donde Morena se juega continuidad y control interno, la dirigencia nacional no es cualquier asunto.
Así, entre elogios y un supuesto desconocimiento, la presidenta dejó en suspenso la permanencia de Alcalde. Ni ratificada ni descartada, su continuidad queda sujeta a los tiempos del poder, que rara vez coinciden con los del calendario. Y mientras tanto, en Morena, todos leen entre líneas.

