Todo comenzó con coqueteos y amagos. PAN y PRI dejaron correr durante meses aquello del divorcio, aunque ninguno parecía demasiado interesado en contratar abogado. Luego aparecieron acercamientos de Alejandro Moreno con gobernadores, gobernadoras y liderazgos estatales. La reconciliación comenzaba a cocinarse.
La separación duró lo que tardaron en aparecer las cuentas electorales. Cuando comenzaron a revisar lo que cada partido podía conseguir por su cuenta, regresaron los coqueteos. Algunos necesitan sobrevivir políticamente, otros buscan un milagrito para el 2027.
Después apareció Vicente Fox. El fin de semana pasado el expresidente panista entró tranquilamente a la sede nacional del PRI, precisamente la casa del partido que prometió sacar del poder cuando recorría México hablando de tepocatas, víboras prietas y otras especies de su zoológico electoral. Pura faramalla.
Ahí estaba Alejandro Moreno para recibirlo. Hubo fotografías, sonrisas y conversaciones sobre democracia, libertades e instituciones. Veintiséis años después de sacar al PRI de Los Pinos, Fox pudo entender que también podía entrar a su casa sin necesidad de tocar demasiado fuerte.
La fotografía tenía algo de reunión familiar, porque Fox prometió perseguir los famosos “peces gordos” del viejo régimen y aquellos peces terminaron nadando tranquilamente durante su sexenio. Ahora las tepocatas dejaron de parecer peligrosas y resultaron bastante buenas para conversar.
Después comenzaron los encuentros en los estados. Algunos públicos, otros discretos y varios suficientemente visibles para que nadie confundiera el mensaje. El prianismo comenzaba a quitarse las máscaras y parecía sentirse bastante cómodo haciéndolo.
En Chihuahua ocurrió ayer, aunque ya se venía tejiendo desde hace unos días. Las dirigencias estatales del PAN y del PRI desayunaron en La Casona para explorar una alianza rumbo a 2027. Llegaron sonrientes, hablaron de seguridad, economía, campo y agua, y dejaron abierta la puerta para sumar otras fuerzas.
Si alguna vez hubo divorcio, aquello confirmó que solamente se habían ido de vacaciones por separado. Ahora regresaron descansados, sonrientes y dispuestos a reconstruir el hogar político. Por supuesto, todavía aseguran que no están repartiendo candidaturas.
Dicen los que dicen saber, que la candidatura a la alcaldía de Chihuahua o la de Juárez quedaría para el tricolor. Supuestamente, de ese tamaño habría sido la negociación de Moreno con el panismo chihuahuense. No sabemos si hubo acuerdo, apartado o hasta sistema de puntos. Vaya usted a saber.
La expresión de moda es “bloque plural”. Suena bastante mejor que alianza de partidos necesitados. Primero se acomoda el mantel, luego llegan los invitados y más adelante comenzará la discusión para saber quién se queda con el plato fuerte de 2027.
Así reapareció de manera oficial el prianismo en Chihuahua, esa criatura cuya existencia durante años provocaba indignación entre panistas y priistas. Juraban ser diferentes y presumían historias enfrentadas. Las matemáticas electorales tienen propiedades extraordinarias para curar resentimientos.
También ayudan a recuperar la memoria selectiva, porque el PRI, lo que queda de ese partido, necesita conservar los espacios que todavía mantiene y el PAN sabe que existen elecciones donde caminar solo puede resultar bastante complicado. Juntos esperan encontrar los votos que separados comienzan a escasear. Pero podría ser al revés.
El problema es que juntar dos marcas desgastadas tampoco garantiza fabricar una nueva. El prianismo ya pasó por las urnas y conserva una popularidad comparable con la de un pescado olvidado varios días bajo el sol. Cambiarle el envoltorio difícilmente elimina el aroma.
Pueden llamarlo bloque ciudadano, alianza democrática, frente plural o colocarle cualquier etiqueta recién salida del departamento de mercadotecnia. El electorado ya conoce a los protagonistas y también conserva memoria sobre sus gobiernos.
Fox representa perfectamente este regreso. El hombre que llegó a la Presidencia prometiendo terminar con el viejo régimen terminó sentado en la sede del PRI buscando coincidencias con aquellos a quienes convirtió en símbolo de todo lo que México debía dejar atrás.
Y en Chihuahua la función apenas comienza. PAN y PRI ya tomaron café, aparecieron las primeras fotografías y hasta Movimiento Ciudadano figura entre los posibles invitados. Todavía falta saber quién encabezará la mesa cuando llegue el momento de repartir lugares.
Por ahora las máscaras quedaron guardadas. Los viejos adversarios vuelven a encontrarse sonrientes, algunos para evitar desaparecer y otros porque las derrotas anticipadas producen extrañas reconciliaciones. El prianismo está nuevamente reunido. Nunca estuvo realmente divorciado.

