Tal pareciera que el Partido Acción Nacional prevé perder las próximas elecciones estatales de 2027 contra Morena y por eso ahora, después de rechazarla durante cinco años, trae entre manos la idea de dotar de autonomía a la Fiscalía General del Estado y elegir a una titular o un titular que permanezca en el cargo nada más y nada menos que ocho años. La vocación autonomista llegó cuando al gobierno panista le quedan poco menos de 400 días.
Ayer se decía en los pasillos del Congreso y en las mesas restauranteras, donde la política y el café se sirven al mismo tiempo, que el PAN busca blindarse ante una posible derrota. Morena aparece arriba de los azules en distintos sondeos y, curiosamente, la autonomía que pudo discutirse durante cinco años adquirió carácter de urgencia cuando comenzó la cuenta regresiva. Qué raro, ¿no?
La propuesta tiene además una peculiaridad. La gobernadora enviaría la terna, el Congreso escogería al fiscal y el elegido permanecería ocho años. Es decir, atravesaría completo el siguiente sexenio y seguiría despachando hasta 2034. Nada mal para una decisión tomada cuando quienes gobiernan empiezan a pensar en quién ocupará Palacio después de 2027.
Las preguntas se acumulan y a este escribidor le surgen tres a bote pronto: ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué ocho años? ¿Por qué permitir que la actual gobernadora proponga a quienes aspiran a encabezar una Fiscalía que pretenden presentar como autónoma?
Quizá el PAN encontró finalmente su vocación por las instituciones autónomas. También puede ser que esté preparando el terreno ante una derrota que hoy aparece como posibilidad seria. Dicen los que dicen saber que dejar un fiscal hasta 2034 significa colocar una pieza de larga duración antes de saber quién gobernará Chihuahua. Y ese movimiento se parece bastante más a un seguro político que a una revelación democrática.
De Juárez al estado, Cruz juega la carta de resultados
Y hablando de Morena, quien hasta ahorita parece estar provocando ese temor entre los panistas es el alcalde con licencia de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, quien ayer hizo un balance de su administración y tiene su principal carta en algunos logros al frente del Gobierno Municipal.
Pérez Cuéllar habló de pavimentación, recarpeteo, parques, la intervención en 700 escuelas y la rehabilitación del puente Carlos Villarreal y de los gimnasios Josué Neri Santos y Enrique «Kiki» Romero. Obras que, según recordó, cargaban décadas de abandono.
Su otro argumento es la seguridad. Recordó que recibió una ciudad ubicada en el quinto lugar entre las más violentas del mundo y que ahora aparece en el sitio 25. Atribuyó esa evolución a la estabilidad de la corporación y a la incorporación de tecnología.
También presumió haber realizado obra pública sin contratar deuda municipal. Ese dato será seguramente uno de los que repetirá durante sus recorridos por Chihuahua, especialmente ahora que comenzó a contrastar administraciones y a mirar hacia el resto del estado.
Pero el centro de su discurso fue Juárez. Pérez Cuéllar sostiene que la frontera no recibe lo que merece. Tiene razón, cuando dice que que muchas de las inversiones que llegan tampoco corresponden con sus necesidades. Es un argumento conocido por generaciones de juarenses, acostumbrados a ver cómo una ciudad que produce buena parte de la riqueza estatal reclama después recursos para atender rezagos acumulados.

