Aunque en la dirigencia panista digan que la salida de Alejandro Jiménez no les afecta, la renuncia debió doler hasta el tuétano. Daniela Álvarez ya había anunciado el procedimiento para expulsarlo y el regidor terminó ganándole la carrera. La presidenta estatal afirmó después que Jiménez les “ahorró” el proceso.
Esa es la versión oficial; políticamente, la secuencia fue otra: primero anunciaron que lo echarían y, antes de que pudieran hacerlo, él entregó su renuncia. Les salió el tiro por la culata, como se dice.
Fue algo parecido a esa novia que lleva varios días diciéndoles a sus amigas que terminará con el novio. Prepara el discurso, ensaya el momento, imagina hasta la cara que pondrá el susodicho y, cuando finalmente llega la hora, él aparece primero y dice que la relación se acabó. Uno podrá asegurar después que “de todos modos iba a dejarlo”, pero el madrazo emocional fue otro.
Jiménez tampoco salió silenciosamente. En la carta recibida por el Comité Municipal sostuvo que ya no encontraba “ni racionalidad ni rumbo” en la dirigencia estatal y cuestionó sus formas, métodos y conducción. También dejó asentado que renunciaba al partido, pero no a sus convicciones. El documento fue recibido formalmente ayer lunes y posteriormente difundido por el propio edil.
En términos políticos, aquello fue un marrazo que llegó cuando Acción Nacional todavía acomodaba la escenografía para la expulsión. El pleito había escalado después de que Jiménez acudiera al informe de Claudia Sheinbaum en la Plaza de la Mexicanidad. Álvarez consideró su conducta incompatible con la oposición que esperaba el PAN; Jiménez respondió que asistió en su carácter institucional como regidor.
La bronca para Acción Nacional es que el episodio ocurre cuando su presencia electoral en Juárez viene reduciéndose. En 2021, Cruz Pérez Cuéllar obtuvo 213 mil 073 votos para la alcaldía, mientras el panista Javier González Mocken alcanzó 119 mil 950. La diferencia fue superior a 93 mil sufragios.
En 2024, Pérez Cuéllar volvió a ganar la Presidencia Municipal con 354 mil 422 votos, equivalentes al 59.52 por ciento de la votación. Rogelio Loya Luna, candidato de la alianza PAN-PRI-PRD, obtuvo 111 mil 185 sufragios, apenas el 18.67 por ciento. La diferencia fue de 243 mil 237 votos, es decir, Pérez Cuéllar consiguió más de tres veces los sufragios de su principal adversario.
Ahora la situación tiene otra carga simbólica, porque Jiménez era el único regidor identificado formalmente con Acción Nacional en el actual Ayuntamiento y, tras su renuncia, continuará como regidor ciudadano. La propia Daniela Álvarez reconoció que el PAN queda sin representación partidista formal entre los regidores. Después de décadas de presencia panista en el Cabildo juarense, quedarse sin una sola voz con las siglas azules difícilmente parece un detalle menor.
El PAN puede discutir si Jiménez era suficientemente opositor, si debía acudir al informe presidencial o si votar determinados asuntos municipales violentaba la línea partidista. Es una discusión interna legítima, pero la verdad es que el partido que pretendía exhibir autoridad expulsando a su único regidor terminó viendo cómo ese mismo regidor se marchaba por su propio pie. Hasta para correr a alguien hay que llegar primero.
Y así quedó el PAN juarense, preparando una expulsión que ya no podrá ejecutar y mirando hacia 2027 con una tarea bastante más complicada que organizar protestas, ondear banderas en los cruceros o acumular selfies. Jiménez tomó, como escribió citando a Carlos Castillo Peraza, “la ruta en solitario”. El PAN también se quedó bastante solo en el Cabildo, aunque esa ruta seguramente ya no estaba contemplada en el itinerario.
Guillermo Ortiz y la memoria corta del neoliberalismo
El foro no podía ser otro. Nexos, una revista que perdió privilegios publicitarios con la llegada de la 4T, abrió sus páginas a Guillermo Ortiz Martínez, exsecretario de Hacienda y exgobernador del Banco de México, quien lanzó una dura crítica contra el actual modelo económico. Ortiz pregunta si los mexicanos están mejor que en 2018, aunque reconoce que millones que estaban en pobreza mejoraron su situación.
Ortiz habla de informalidad, problemas de salud, extorsión y bajo crecimiento. Son asuntos reales. Lo discutible es utilizarlos para minimizar la reducción de la pobreza. Según el INEGI, en 2024 había 38.5 millones de mexicanos en pobreza multidimensional, 8.3 millones menos que apenas dos años antes.
También cuestiona que el bienestar dependa de transferencias sociales. Pero el cambio de los últimos años incluye otros factores, como la recuperación del salario mínimo y del ingreso laboral. Durante décadas se prometió que el crecimiento terminaría beneficiando a quienes estaban abajo. Para millones de mexicanos, esa espera se hizo demasiado larga.
Y aquí aparece el pasado que Ortiz no puede borrar. Fue secretario de Hacienda durante la crisis económica de mediados de los noventa. Hacienda respondió a su artículo recordando que en aquellos años millones de mexicanos cayeron en la pobreza, mientras el país enfrentaba devaluación, inflación y desempleo. El crítico de hoy también tiene cuentas que explicar como funcionario de ayer.
México mantiene problemas en salud, seguridad, informalidad y crecimiento. Nadie gana ocultándolos. Pero tampoco resulta serio analizar a la 4T pasando rápidamente sobre la caída de la pobreza y la recuperación salarial. Ortiz pregunta si los mexicanos viven mejor. Quizá habría que empezar preguntando a quienes durante décadas esperaron que aquel viejo modelo económico se acordara de ellos.

