Lo ocurrido en Parral durante el fin de semana dejó una imagen que merece leerse con calma. Detrás de la música, de la Cabalgata Villista y del entusiasmo de miles de asistentes apareció un hecho político que empezó a tomar forma hace algunas semanas: todo indica que el sur del estado empieza a cerrar filas en torno a Cruz Pérez Cuéllar y a reconocerlo como la figura más fuerte de Morena rumbo a la gubernatura.
Dicen los que dicen saber que las postales que dejó la Cabalgata Villista y el evento realizado al término del recorrido muestran algo más profundo que una concentración multitudinaria. Miles de asistentes, alcaldes en funciones, exalcaldes y liderazgos regionales acompañaron al alcalde con licencia de Ciudad Juárez en una demostración política que difícilmente pasa desapercibida.
En situaciones como la competencia interna de Morena, las percepciones suelen consolidarse antes que las decisiones formales. En distintos municipios ya comienza a hablarse de Cruz Pérez Cuéllar no como un aspirante más, sino como el virtual abanderado de Morena para la elección de 2027. Esa idea crece conforme se suman respaldos y se fortalecen las estructuras territoriales.
También ha influido la forma en que el alcalde con licencia ha decidido intervenir en los temas que dominan la conversación pública. Sus posicionamientos recientes han encontrado eco entre quienes consideran que la administración estatal ha incurrido en excesos que merecen ser señalados.
Cuando María Eugenia Campos ha utilizado sus redes oficiales para confrontar al Gobierno Federal o al movimiento de la Cuarta Transformación, Cruz ha respondido con llamados para que la gobernadora concentre sus esfuerzos en atender los problemas de Chihuahua y recorra los municipios que, según él, permanecen en el abandono. Lo ha hecho bien y ha sido apoyado en el mundo de Facebook.
Ese tipo de mensajes ha reforzado la percepción de un liderazgo que busca colocarse por encima de la disputa cotidiana. Sus declaraciones han girado en torno a la necesidad de resultados, de coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum y de una mayor presencia institucional en las distintas regiones del estado.
No es casual que ese discurso encuentre eco en el sur. Allí estuvieron alcaldes como Faylo Payán, Juan José García y Jesús Grado, además de liderazgos regionales como Otto Valles, Octavio Borunda y César Peña. Su presencia envía una señal política que difícilmente puede minimizarse. Alejandro, el hermano de Cruz, ha jugado un papel determinante en este crecimiento registrado en las últimas semanas.

Cada respaldo que se suma fortalece la impresión de que Cruz Pérez Cuéllar ha logrado construir un proyecto con alcance estatal. Juárez sigue siendo su principal bastión, pero los acontecimientos de Parral muestran que el mapa político comienza a extenderse hacia otras regiones de Chihuahua.
Morena todavía deberá cumplir sus procesos internos. Sin embargo, las definiciones políticas también se construyen en el territorio, en los encuentros con la gente y en la capacidad de reunir liderazgos alrededor de un mismo proyecto. Cruz ya tiene el norte, el noroeste y el sur, y en el centro del estado también está muy fuerte.
Quizá todavía falten los tiempos oficiales, pero las imágenes suelen adelantarse a los anuncios. Y las que dejó el sur del estado parecen decir lo mismo: para un número creciente de chihuahuenses, Cruz Pérez Cuéllar ya es identificado como el candidato más sólido de Morena para disputar la gubernatura.
Trump festeja el Mundial mientras bombardea Irán
Mientras España y Argentina disputaban una final que mantuvo al mundo pendiente hasta la prórroga, Estados Unidos bombardeaba objetivos en Irán. La escena resultó inevitablemente contradictoria, porque el país anfitrión del torneo celebraba el deporte que une naciones, mientras su gobierno ejecutaba una nueva operación militar en Medio Oriente.
En el palco de honor aparecía Donald Trump junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, el primer ministro canadiense Mark Carney y otros invitados. Horas después de una jornada marcada por la tensión internacional, el mandatario estadounidense sonreía entre aplausos, trofeos y cámaras, como si el futbol pudiera borrar el estruendo de las bombas.
Resulta difícil conciliar el papel de anfitrión de la Copa del Mundo con el de jefe de un gobierno que, al mismo tiempo, recurre a la fuerza militar. El futbol existe porque reúne a pueblos distintos bajo las mismas reglas; la guerra hace exactamente lo contrario.
El caso de Irán vuelve a colocar sobre la mesa esa tensión. La selección iraní llegó al Mundial representando a millones de personas que aman el deporte como cualquier otra afición. Los conflictos entre gobiernos nunca borran esa realidad humana, aunque las decisiones políticas terminen proyectando su sombra sobre quienes no participan en ellas.
Trump ha construido buena parte de su liderazgo alrededor de una política exterior de fuerza. Para sus críticos, el episodio confirma una visión del poder en la que el espectáculo y la confrontación pueden convivir sin conflicto. Pero las imágenes del Mundial también recuerdan otra posibilidad, que el deporte siga siendo uno de los pocos espacios capaces de reunir al mundo incluso cuando la política insiste en dividirlo.

