Cruz Pérez Cuéllar cerró en Cuauhtémoc una etapa que comenzó como encomienda partidista y terminó convertida en una demostración de músculo territorial. Las asambleas informativas llevaron al juarense por buena parte de Chihuahua, escuchando a militantes y ciudadanos mientras colocaba sobre la mesa una idea central: la 4T quiere gobernar el estado en 2027.
El cierre tiene también una carga política, porque Cuauhtémoc está lejos de ser territorio cómodo para Morena, ya que ahí gobierna el prianismo, y precisamente por eso sirve para medir hasta dónde puede extenderse un proyecto que durante años tuvo en Juárez uno de sus principales bastiones. Cruz buscó salir de esa frontera electoral y presentarse como una opción para todo Chihuahua.
Y están los números, que ya conoce bien el morenismo estatal y nacional. La mayoría de las encuestas recientes sobre la disputa interna han colocado a Cruz por encima de Andrea Chávez, con diferencias que rondan los 10 puntos. Las encuestas no entregan nombramientos, pero sí permiten observar tendencias, y el alcalde con licencia llega a los días decisivos con una ventaja que políticamente pesa.
Junto a los números está el debilitamiento de Adán Augusto, el padrino político de la morenista. Sin aquel poderoso padrinazgo y con Cruz Pérez Cuéllar arriba en las preferencias, tendría que ocurrir un vuelco enorme para revivir sus posibilidades. Prácticamente no hay manera para Chávez.
Uno de los planteamientos más constantes que Cruz ha mantenido durante sus recorridos tiene que ver con la relación con la Federación. Insiste en que Chihuahua pierde cuando su Gobierno estatal convierte el enfrentamiento con Palacio Nacional en una práctica de un día sí y el otro también. Su propuesta es mantener una coordinación permanente con la presidenta Claudia Sheinbaum para gestionar recursos, programas sociales e infraestructura que lleguen a los municipios.
El acompañamiento mostrado en Cuauhtémoc tampoco fue casual. Lupita Pérez, consejera estatal de Morena, habló de la cercanía con la ciudadanía; Mayte Vargas, diputada federal, puso la mirada en la siguiente etapa rumbo a 2027; Herminia Gómez, diputada local, destacó el respaldo de Cruz a las causas sociales, y María Antonieta Pérez, diputada local, llamó a mantener la unidad.
María Antonieta, igual que lo ha hecho Pérez Cuéllar en estos meses, también cargó contra la administración de Maru Campos y cuestionó su desempeño con señalamientos sobre frivolidad, despilfarro e incapacidad para gobernar. Es una muestra del discurso con el que Morena pretende contrastar proyectos rumbo a 2027: seguridad, finanzas, infraestructura, programas sociales y una relación distinta con el Gobierno Federal estarán inevitablemente en la discusión.
Si Morena confirma en los próximos días que será el coordinador, deberá convertir la ventaja interna en unidad y abrir espacio a quienes respaldaron otros proyectos. Dicen los que dicen saber, que ganar una encuesta partidista puede colocar el nombre en la boleta política; construir una mayoría capaz de llevar la 4T al Gobierno de Chihuahua será una tarea mucho mayor.
El bienestar llegó para quedarse
Ya que andamos en terrenos guindas, Claudia Sheinbaum puso ayer sobre la mesa una palabra que ayuda a entender buena parte de la lógica política de la 4T: bienestar. No como concepto de campaña solamente, sino como la idea de que gobernar debe traducirse en condiciones concretas para vivir mejor.
Para la Cuarta Transformación, el bienestar parte de considerar derechos lo que durante décadas estuvo condicionado por el ingreso de cada familia. Salud, alimentación, educación y una vejez con cierta seguridad económica forman parte de esa visión. Ahí está una de las claves del proyecto iniciado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por Sheinbaum.
Los programas sociales son quizá su expresión más visible, ya que las pensiones para adultos mayores, becas y apoyos dirigidos a distintos sectores construyeron además una relación diferente entre el Estado y millones de mexicanos. Sheinbaum lo resumió con una frase poderosa: los programas del Bienestar son “el amor convertido en política y en acciones de gobierno”.
Y ahí aparece también la distancia ideológica con la vieja receta de dejar prácticamente todo al mercado. La 4T sostiene que el Gobierno debe intervenir cuando alguien se queda atrás. Subir salarios, desarrollar infraestructura y distribuir recursos mediante programas sociales forman parte de una misma política que busca llevar una porción mayor del crecimiento hacia abajo.
Por eso resulta políticamente tan costoso que Vicente Fox vuelva a descalificar a quienes reciben estos apoyos. Llamar flojos a beneficiarios, particularmente cuando se habla de adultos mayores, facilita a Morena recordar por qué convirtió las pensiones en uno de sus principales símbolos. Sheinbaum respondió reivindicándolos como personas que trabajaron durante décadas y merecen reconocimiento.
El bienestar se ha convertido así en algo más grande que un conjunto de programas: es una de las principales identidades políticas de la 4T y probablemente seguirá siendo su terreno más fuerte. Morena entendió que detrás de cada pensión, beca o apoyo existe una familia que mide al Gobierno por aquello que cambia en su vida cotidiana. Es altamente posioble que mientras esa fórmula conserve respaldo social, el guinda seguirá teniendo mucho terreno por recorrer.

