Prácticamente ya no quedan dudas dentro de Morena estatal sobre quién tiene más arrastre popular, más territorio recorrido y mayor capacidad para reunir voluntades políticas y sociales. Ayer, en la Plaza de la Mexicanidad, Cruz Pérez Cuéllar volvió a demostrar que el liderazgo más sólido de la Cuarta Transformación en la frontera sigue pasando por él.
Mientras más de 40 mil personas abarrotaban la plaza para respaldar a la presidenta Claudia Sheinbaum, el crucismo exhibió nuevamente una maquinaria territorial que hoy parece imposible de igualar dentro del morenismo estatal. De acuerdo con organizadores y observaciones realizadas durante el evento, cerca del 70 por ciento de los asistentes provenían directa o indirectamente de la estructura política y social vinculada al alcalde juarense.
La diferencia frente a otros grupos internos fue brutal, particularmente para el movimiento cercano a la senadora con licencia Andrea Chávez, cuya presencia terminó siendo mucho menor a la que sus operadores y redes sociales intentan proyectar todos los días. Según estimaciones de los propios asistentes y organizadores, los grupos afines a la senadora no lograron movilizar ni al 10 por ciento de la concentración.
Y eso, políticamente, pesa muchísimo más de lo que algunos quieren admitir. Sabemos que las candidaturas en Morena no solamente se construyen desde las entrevistas, TikTok o posicionamientos mediáticos. También se construyen en la calle, bajo el sol, movilizando gente, generando estructura y manteniendo cercanía territorial con colonias, liderazgos y sectores populares.
Ayer fue evidente que Cruz Pérez Cuéllar no solo tiene presencia institucional como alcalde, sino una base política real que lo acompaña y lo respalda en territorio. Familias completas llegaron desde distintos puntos de la ciudad, muchas de ellas identificándose abiertamente con el crucismo mediante sombrillas, cachuchas y cartulinas guindas. La escena fue imposible de ignorar.
El prianismo que no soporta la 4T
En Chihuahua capital se reunió este fin de semana una especie de museo político del viejo panismo mexicano. Vicente Fox y Felipe Calderón reaparecieron para arropar a María Eugenia Campos en un acto que exhibió la normalización de la intervención extranjera y la calumnia en México. Solo faltó Alejandro Moreno, “Alito”, para completar la fotografía de lo peor del PRIANismo nacional.
Entre discursos y aplausos, se defendió a una gobernadora señalada por permitir la presencia de agentes de la CIA en territorio chihuahuense. Y mientras eso ocurre, el panismo insiste en vender la idea de que la participación extranjera en asuntos internos del país es necesaria para combatir al crimen, aunque eso implique pasar por encima de la Constitución mexicana. El discurso de ligar a Morena con el crimen organizado es porque no tienen otra forma de meterse en el imaginario del pueblo.
Desde hace meses, sectores conservadores han comenzado a pedir a gritos presión internacional, supervisión extranjera y operaciones externas disfrazadas de cooperación. Lo hacen porque perdieron el control político del país y porque no soportan que la Cuarta Transformación continúe conservando respaldo popular pese a las campañas mediáticas y digitales impulsadas desde la derecha. Esa es la verdad.
Felipe Calderón apareció nuevamente hablando de criminales y patriotismo, como si su sexenio no hubiera dejado una guerra fallida y un país sumido en violencia. Se olvidó, por cierto, de mencionar a Genaro García Luna, el exjefe federal de la policía, ahora preso por narcotráfico en Estados Unidos.
Vicente Fox, por su parte, salió del retiro político únicamente para atacar a Morena y denunciar una supuesta persecución contra María Eugenia. Son los mismos personajes que durante décadas gobernaron México mientras crecían la corrupción, la desigualdad y la inseguridad. Los mexicanos no lo olvidan.
La guerra digital contra la soberanía
Ayer la presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente: México enfrenta una nueva forma de intervención política impulsada desde sectores conservadores nacionales e internacionales que buscan debilitar a la Cuarta Transformación mediante campañas digitales, desinformación y manipulación en redes sociales.
La mandataria advirtió que los ataques ya no siempre llegan mediante golpes de Estado o presiones militares, sino a través de algoritmos, cuentas falsas, robots y operaciones mediáticas capaces de moldear la percepción pública. Y basta mirar las redes sociales para entender que algo de eso ya ocurre todos los días.
Sheinbaum señaló que detrás de esas campañas existen intereses que nunca aceptaron que México recuperara soberanía política y capacidad de decisión propia. Sectores acostumbrados a un país subordinado que hoy reaccionan con furia ante cualquier intento de independencia nacional.
La presidenta insistió en que la soberanía no solo se defiende en las fronteras, sino también en la información. Que no se nos olvide que quien controla la narrativa pública tiene capacidad para influir políticamente, erosionar gobiernos y fabricar percepciones artificiales sobre la realidad del país.
El llamado de Sheinbaum a salir a las plazas públicas e informar directamente a la gente deja claro que la disputa ya no es solamente electoral. También es una batalla por la verdad, la información y la defensa de la soberanía mexicana frente a intereses que jamás han aceptado el cambio político del país.

