Conforme pasan los días, las asambleas informativas y las encuestas internas de Morena, Cruz Pérez Cuéllar parece ampliar cada vez más su ventaja sobre Andrea Chávez. La más reciente medición de CE Research volvió a colocar al alcalde con licencia al frente de las preferencias y, más importante aún, mostró que la distancia entre ambos ya no es marginal, sino de doble dígito.
Dicen los que dicen saber que no es lo mismo crecer un punto que ampliar una ventaja elección tras elección. Ese comportamiento suele revelar hacia dónde se están moviendo las estructuras y las bases. Esta semana Cruz estuvo en Chihuahua capital, donde reunió a más de 300 fundadores, consejeros, legisladores y militantes de Morena durante el encuentro “Unidos por la Transformación”.
Reunir a los fundadores del movimiento tiene un peso político importante. Son quienes conocen la historia de Morena desde sus primeros años y quienes suelen influir en las decisiones territoriales del partido. El equipo de la senadora con licencia intentó desacreditar en redes sociales la importancia del evento, pero le fue imposible, ante el cúmulo de reacciones a favor del Pérez Cuéllar.
El mensaje que predominó fue la unidad. Más allá de los discursos, el encuentro dejó ver que Cruz busca consolidar una red política construida desde las bases y no únicamente desde las figuras nacionales.
Después vino Guachochi. Ahí el discurso cambió de escenario, pero no de fondo. La Sierra Tarahumara fue presentada como una región que merece mayor atención y donde la coordinación entre Federación y Estado resulta indispensable para cerrar décadas de rezago.

El recorrido tampoco estuvo exento de contraste político. Pérez Cuéllar cuestionó el manejo de los recursos del Gobierno del Estado y señaló que mientras existen carencias en salud, continúan destinándose recursos a la promoción política.
En paralelo, lanzó críticas contra el alcalde capitalino Marco Bonilla, el niño sonrics, como le dicen en redes, por el crédito solicitado para el proyecto Poniente 5. Su argumento fue centrado en que si el dinero público se hubiera administrado con mayor eficiencia, el Municipio de la capital del estado no tendría necesidad de endeudarse.
Ese posicionamiento también forma parte de la narrativa rumbo a 2027. Cruz intenta proyectarse como un perfil que combina experiencia administrativa con cercanía territorial, mientras confronta las decisiones de los gobiernos prianistas, que cada ve están peor.
Las encuestas, por supuesto, no definen candidaturas. Falta tiempo y el proceso interno apenas comienza a tomar forma. Sin embargo, sí muestran estados de ánimo dentro de la militancia y ayudan a entender hacia dónde soplan los vientos.
Lo que también empieza a observarse es una disminución del voto indeciso. Cuando los militantes comienzan a tomar partido, las posibilidades de remontar una diferencia amplia suelen reducirse, especialmente cuando quien encabeza mantiene actividad permanente en el territorio.
Por ahora, el tablero favorece a Cruz Pérez Cuéllar. La combinación entre una ventaja creciente en las mediciones, el respaldo de fundadores históricos, las asambleas informativas en municipios como Guachochi y un discurso enfocado en la unidad parecen estar consolidando una candidatura que, hace apenas unos meses, todavía se veía mucho más competida.
La JMAS y el culto a la obra inconclusa
A la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) parece que solo le hacía falta un recorrido del alcalde Héctor Rafael Ortiz Orpinel para enterarse de lo que los vecinos llevan denunciando desde hace tiempo. Aguas negras, alcantarillas abiertas y excavaciones olvidadas volvieron a exhibir el abandono en el que permanecen varias zonas de Riberas del Bravo. Como si nadie hubiera levantado antes un solo reporte.
Lo curioso es que la dependencia siempre tiene tiempo para presumir grandes proyectos, conferencias y anuncios. Pero cuando se trata de tapar una alcantarilla o resolver un drenaje desbordado, la urgencia desaparece con una rapidez sorprendente. Al parecer, las aguas negras no figuran en la agenda de las prioridades.
Durante el recorrido del programa “Juárez Amanece Limpio”, Ortiz Orpinel escuchó de primera mano las denuncias de los habitantes. En la etapa 2 de Riberas del Bravo encontró un dique lleno de aguas residuales y, en la etapa 9, otro punto con agua estancada frente a una estancia infantil y muy cerca de una escuela. Problemas que, según los vecinos, llevan demasiado tiempo esperando atención.
Las excavaciones abandonadas también merecen reconocimiento. Una vez que aparece la retroexcavadora, comienza una especie de concurso para adivinar cuántos días, semanas o meses permanecerá abierto el hoyo. Los vecinos ya no preguntan cuándo empezarán los trabajos; preguntan cuándo terminarán.
Y las alcantarillas sin tapa son otro clásico del repertorio. ¡Están por todas partes! No solo representan un riesgo para automovilistas y peatones, sino que se han convertido en parte del paisaje urbano. Casi podrían incluirse en los recorridos turísticos: “A la derecha podrán observar una obra inconclusa de la JMAS, perfectamente conservada desde hace varias semanas”.
En medio de todo este abandono de la JMAS, los juarenses siguen pagando por un servicio que debería responder con eficiencia y oportunidad. La infraestructura hidráulica no puede administrarse a base de comunicados y buenas intenciones.
Juárez necesita una JMAS que repare fugas antes de que se conviertan en lagunas, que cierre zanjas antes de que se vuelvan permanentes y que recuerde que su verdadera obra no está en las conferencias de prensa, sino en las calles donde miles de familias esperan, desde hace demasiado tiempo, que alguien finalmente abra la llave… pero de la responsabilidad.

