El alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar continúa haciendo lo que mejor le funciona políticamente: recorrer el estado y seguir consolidado su estructura. Este fin de semana volvió a notarse. El aspirante a coordinar la defensa de la transformación se metió a la región centro-sur, territorio históricamente identificado con voto panista, y salió bastante cómodo.
Aldama, Saucillo, Meoqui y Delicias no fueron visitas discretas ni reuniones de café con diez personas. Hubo convocatoria, operación y, sobre todo, un mensaje político muy claro: Cruz ya dejó de ser únicamente un fenómeno fronterizo.
Lo interesante es que mientras algunos sectores de Morena siguen obsesionados con la disputa interna alrededor de Andrea Chávez, Pérez Cuéllar continúa acumulando algo mucho más útil en política: presencia territorial.
Es más que claro que las campañas modernas no solamente se ganan en redes sociales o en entrevistas nacionales. También se ganan saludando liderazgos locales, construyendo relaciones regionales y aprendiendo a moverse en plazas donde antes Morena apenas respiraba.
Y ahí está justamente la señal que sigue llamando la atención. Cruz no fue a zonas cómodas. Se metió a municipios gobernados o influenciados por el PAN y aun así logró eventos nutridos, buena recepción y una operación territorial bastante visible. Eso explica por qué cada vez más personajes de distintos grupos políticos comienzan a acercarse discretamente a su proyecto.

La fotografía de Delicias terminó siendo particularmente simbólica. Ahí apareció el exalcalde Eliseo Compeán, personaje ligado durante años al panismo estata. En política nadie se sube a un presídium por accidente. Mucho menos en tiempos donde todos empiezan a acomodarse rumbo a la sucesión.
Mientras tanto, Andrea Chávez sigue teniendo presencia mediática, respaldo nacional y capacidad discursiva. Pero en política estatal las estructuras pesan, las regiones cuentan y la operación territorial sigue definiendo elecciones. Y en ese terreno, Cruz parece estar ampliando ventaja poco a poco, sin demasiados aspavientos y con una estrategia bastante clara de penetración fuera de Juárez.
La gobernadora haciéndose la víctima… otra vez
La escena parecía cuidadosamente calculada. La gobernadora María Eugenia Campos Galván recibiendo personalmente el citatorio de la Fiscalía General de la República en los pasillos de Palacio de Gobierno, rodeada de abogados, funcionarios y cámaras.
Todo acompañado por un discurso donde prácticamente se presentó como víctima de una agresión institucional contra Chihuahua. Como si acudir a declarar en calidad de testigo fuera equivalente a una invasión extranjera o al colapso de la democracia estatal.
Pero el problema de dramatizar demasiado la política es que la realidad termina desinflando el espectáculo. Lo ocurrido no fue un acto fuera de la ley ni una persecución clandestina. Fue un procedimiento ministerial derivado de investigaciones abiertas por un operativo ocurrido en Morelos.

Así de simple. La propia Fiscalía explicó que los citatorios forman parte de diligencias legales y, guste o no, nadie está por encima de comparecer cuando una autoridad federal lo solicita dentro de una investigación.
El discurso del “doble rasero” también se le cayó bastante rápido. Campos insistió en que al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, no lo habían citado. Poco después se confirmó que también fue notificado por la FGR. Ahí terminó de derrumbarse la narrativa de persecución selectiva que el panismo estatal intentó empujar desde el primer minuto.
Durante la entrega del citatorio soltó la frase extraña sobre “dañar a Chihuahua”. Como si citar a declarar a una gobernadora fuera un ataque contra los habitantes del estado. Lo verdaderamente delicado sería que las instituciones dejaran de investigar únicamente porque se trata de figuras políticas.
En cualquier democracia mínimamente funcional, rendir cuentas debería asumirse como parte natural del ejercicio público y no como una tragedia épica transmitida desde Palacio.
En redes sociales la reacción fue bastante distinta a la esperada por el equipo estatal. Lejos de generarse una ola masiva de indignación, buena parte de los comentarios respaldaron que la mandataria acudiera a declarar.
Muchos ciudadanos simplemente consideran lógico que cualquier funcionario involucrado indirectamente en hechos bajo investigación explique lo que sabe de la presunta violación a la soberanía nacional con el asunto de la CIA en Chihuahua. Nada más. Nada menos.

