Como borracho de cantina, Carlos Ortiz Villegas, conocido en el Pueblito Mexicano como “El Mil Muecas” y representante del Gobierno del Estado en la Zona Norte, se lanzó al ruedo de las acusaciones sin fundamento contra Morena.
El funcionario estatal llamó “narcopartido” a Morena con la misma seriedad de esas largas parrandas políticas que suelen armarse cuando la gobernadora María Eugenia Campos viene a Juárez. La diferencia es que ahora no estaba entre brindis, sino representando al gobierno estatal.
El problema no es solamente la estridencia de sus comentarios, sino la facilidad con la que ciertos funcionarios descubrieron que en la política contemporánea ya se puede acusar de cualquier cosa sin cargar jamás con la incómoda obligación de probarla.
Llamar públicamente “narcopartido” a una fuerza política entera, desde un cargo oficial y en medio de una crisis nacional, convierte la irresponsabilidad en espectáculo y la ligereza en política pública.
Habría que recordarle a “El Mil Muecas” que no estaba en uno de esos carnavales digitales donde el insulto dura lo mismo que una tendencia en redes sociales. Habló como representante oficial del Gobierno del Estado, aunque a ratos parezca que ciertos panistas como él gobiernan bajo la lógica del escándalo permanente. Ahí tenemos a la senadora Lily Téllez, por ejemplo.
No se vale lanzar acusaciones espectaculares para intentar tapar incendios políticos que ya no controlan. El detalle incómodo es que la investigación federal contra su jefa, por abrirle la puerta a la CIA, sigue avanzando indiferente al ruido, mientras las dudas permanecen ahí, tercas como la realidad.
Ayuso, Maru y la nostalgia colonial
Se necesita tener el kínder trunco en Historia Universal para salir a decir que México no existía antes de la llegada de los españoles. Es una tarugada. Pero así decidió exhibirse otra vez Isabel Díaz Ayuso, una de las figuras favoritas de la derecha extrema española (y de la gobernadora de Chihuahua), que nuevamente confundió arrogancia con conocimiento histórico.
Mientras Ayuso hablaba con esa seguridad imperial de quien cree que la historia comenzó cuando desembarcó el acento castellano, la mayoría de los mexicanos saben que Tenochtitlán ya deslumbraba con su arquitectura, astronomía, comercio y organización social cuando buena parte de Europa todavía sobrevivía entre pestes, guerras santificadas y monarquías dedicadas al deporte extremo de heredarse coronas entre parientes.
Pero ese tipo de declaraciones, igual que las de los panistas en Chihuahua, ya no sorprenden demasiado. La derecha extrema suele hablar de América Latina con el mismo tono colonial de hace siglos: mirando por encima del hombro, simplificando la historia y utilizando cualquier disparate cuando se quedan sin argumentos políticos contra gobiernos de izquierda. Todo lo reducen al “comunismo”, aunque ni sepan explicar qué significa.
Hace apenas unos días quien apareció sonriente junto a Ayuso fue María Eugenia Campos Galván, conocida ya en buena parte del debate político nacional como “La Vende Patrias”. Ahí estaban, disciplinadas frente al ritual contemporáneo de la fotografía política, intercambiando sonrisas, discursos sobre cooperación y entusiasmo diplomático, justo cuando el escándalo por la CIA comenzaba a flotar sobre su gobierno.


Aunque bueno, dicen que Dios las crea y ellas se juntan. Una convencida de que México prácticamente apareció cuando España decidió repartir estampitas coloniales y la otra cargando todavía el incómodo perfume político del escándalo por la CIA en Chihuahua. Dos derechas abrazadas por la nostalgia, el protocolo y esa vieja costumbre conservadora de confundir subordinación con civilización. ¡Salud por eso, señoras!
Una más de Daniela Álvarez
La tenebrosa dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez, volvió a quedar atrapada en esa vieja tradición del panismo contemporáneo donde primero se declara, luego se improvisa y finalmente se intenta recoger el desastre entre comunicados y justificaciones. Y no, esta vez el escándalo no llegó acompañado por el fantasma de la CIA, ni por las investigaciones federales, ni por las múltiples crisis que persiguen al panismo estatal como bolero triste de cantina.
Ahora decidió meterse sola en problemas utilizando expresiones consideradas discriminatorias hacia personas con discapacidad, luego de soltar aquello de “no estaba muda ni manca” como si la sensibilidad política también hubiera entrado en recorte presupuestal dentro del PAN.
La respuesta no tardó en llegar desde el Cabildo fronterizo. Ayer la regidora Dina Salgado, coordinadora de la Comisión de Derechos Humanos y una de las figuras más representativas en materia de inclusión dentro del Ayuntamiento, anunció que presentará una denuncia ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos contra la dirigente panista.

Dina Salgado se comunica mediante lenguaje de señas debido a una discapacidad auditiva y se convirtió en la primera mujer con esta condición en ocupar una regiduría en Ciudad Juárez. Eso terminó haciendo todavía más delicadas las declaraciones de Daniela Álvarez y amplificó el impacto negativo que tuvieron dentro de la discusión pública.
La regidora sostuvo que este tipo de expresiones normalizan discursos ofensivos contra sectores históricamente vulnerables y evidencian una preocupante falta de sensibilidad dentro de una parte del panismo estatal. Además de la denuncia, también exigió una disculpa pública y adelantó que dará aviso a autoridades electorales para revisar posibles medidas correctivas.

Y ahí apareció también Alejandro Acosta, una de las figuras más frescas que actualmente tiene Morena en Juárez y un edil que se ha ganado presencia política a fuerza de trabajo territorial, asistencia constante y cercanía con distintos sectores sociales. Acosta decidió entrarle al tema con ganas y calificó las expresiones de Daniela Álvarez como inhumanas, discriminatorias y profundamente insensibles.
El regidor morenista recordó que personas con discapacidad no solo participan activamente en la vida pública, sino que diariamente rompen barreras dentro del servicio público y la representación política. Por eso puso a Dina Salgado como ejemplo de capacidad, trabajo y dignidad frente a discursos que terminan exhibiendo ignorancia y falta de empatía.
Pero Acosta también aprovechó para colocar sobre la mesa el tema que sigue persiguiendo políticamente al Gobierno estatal: las investigaciones federales por posibles violaciones a la Constitución y a la Ley de Seguridad Nacional derivadas del caso de la CIA en Chihuahua. Según el edil, el PAN intenta desviar la conversación pública mediante ataques, confrontaciones y declaraciones estridentes mientras las irregularidades continúan apareciendo.
Y quizás en todos estos puntos abordados en esta columna, está el verdadero tamaño de la crisis política que enfrenta actualmente el PAN en Chihuahua. Entre acusaciones sin pruebas, discursos discriminatorios y el avance de investigaciones federales, el partido parece cada vez más atrapado entre el desgaste, la confrontación permanente y una dirigencia que como siempre, responde con gritos y escándalos cuando ya no encuentra argumentos sólidos.

