La historia aún no termina de contarse, pero ya dejó al descubierto una grieta en la relación entre el Gobierno de Chihuahua y el Gobierno federal y, sobre todo, en la forma en que se entiende la soberanía nacional. Hoy se darán a conocer más detalles del caso durante la Mañanera del Pueblo, de acuerdo con los expresado por la presidenta en el fin de semana.
Hasta ahora ha predominado la evasiva. La gobernadora María Eugenia Campos Galván ha optado por una comunicación limitada, breve y sin espacio para cuestionamientos, en un tema que rebasa cualquier intento de contenerlo mediáticamente.
Cinco minutos de posicionamiento para un caso que implica la posible violación de la Constitución y de la Ley de Seguridad Nacional resultan insuficientes y evidencian una estrategia de contención política. Pero así ha sido la forma de gobernar de Campos.
En lugar de ofrecer explicaciones de fondo, la reacción fue inmediata pero superficial, con la creación “inmediata” de una unidad especial de investigación que, en el discurso, pretende esclarecer los hechos, pero que en la práctica genera más dudas que certezas.
Esta unidad, encabezada por una estructura subordinada al propio aparato estatal, deja abierta la interrogante sobre la imparcialidad con la que se conducirán las indagatorias, especialmente cuando los señalamientos alcanzan a funcionarios clave dentro de la misma administración, como el fiscal estatal César Jáuregui, que quiere ser alcalde de la capital del estado.
El caso, además, está lejos de ser un hecho aislado, es repetitivo, ya que de acuerdo con un reporte del diario estadounidense Los Angeles Times, agentes de la CIA habrían participado en al menos tres operativos antidrogas en Chihuahua durante 2026, todos en coordinación con autoridades locales.
Esto dibuja un patrón de actuación que, de confirmarse, colocaría al estado en una zona delicada frente al marco legal mexicano y evidencia una práctica reiterada que operó al margen del conocimiento federal, lo que implica posibles responsabilidades institucionales y un cuestionamiento directo sobre los mecanismos de control y supervisión en materia de seguridad.
De no haberse presentado este episodio que detonó la controversia ocurrió en la comunidad de El Pinal, donde murieron dos agentes estadounidenses y dos elementos estatales durante un operativo para desmantelar un laboratorio de drogas sintéticas, lo más seguro es que la CIA hubiera seguido participando con el Gobierno estatal
Lo más grave es que según el propio Gabinete de Seguridad, ninguno de los agentes extranjeros contaba con acreditación formal para participar en actividades operativas en territorio nacional, lo que implica que su presencia no sólo fue irregular, sino abiertamente contraria a la legislación vigente. No tenían permiso, no había registro institucional y tampoco existía conocimiento previo por parte de las instancias federales encargadas de la seguridad nacional.
La pregunta es ¿quién autorizó lo que no podía autorizarse? Porque la legislación mexicana establece con claridad que la participación de agentes extranjeros se limita al intercambio de información, la coordinación institucional y la colaboración técnica, siempre bajo el respeto absoluto a la soberanía nacional. Lo ocurrido en Chihuahua, de confirmarse en todos sus términos, rompe con ese principio.
Mientras tanto, desde el gobierno estatal se insiste en el silencio estratégico, en la promesa de investigaciones internas y en la construcción de una narrativa que busca diluir responsabilidades en procesos administrativos. Sin embargo, en política, cuando las explicaciones no llegan a tiempo, lo que se instala es la sospecha, y cuando la sospecha crece, la confianza se erosiona.
La conferencia de este lunes además de proporcionar detalles se encaminará a definir una postura clara frente a un hecho que toca fibras sensibles del Estado mexicano, particularmente en un momento en que la relación con Estados Unidos exige equilibrio, firmeza y claridad en los límites de la cooperación.
Los panistas como la gobernadora Campos, no entienden que más allá del combate al crimen organizado, más allá de los operativos y los resultados, lo que está en juego es la definición misma de la soberanía y la manera en que se ejerce en la práctica cotidiana del poder.
La línea entre colaborar y ceder no siempre es visible, pero cuando se cruza, las consecuencias no son sólo jurídicas o políticas, sino profundamente simbólicas. Y en este caso, todo indica que esa línea ya fue rebasada, aunque todavía falte que la gobernadora lo admita con todas sus letras.
Pérez Cuéllar teje territorio
El fin de semana, el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, volvió a salir del escritorio para pisar territorio. Su agenda en la capital del estado continuó construyendo presencia y diálogo con varios serctores, para tejer respaldos con miras a convertirse en el titular de la Coordinación en Defensa de la Transformación en Chihuahua.
Uno de los puntos clave fue su visita a la planta de Grupo ARGA, donde puso énfasis en el potencial industrial del estado, destacando la ingeniería mexicana, la inversión local y el papel de Chihuahua en el desarrollo de energías renovables. El mensaje fue que hay que trabajar en e desarrollo, empleo y tecnología como ejes de un proyecto estatal.
Pérez Cuéllar sostuvo encuentros con productores del campo, comerciantes, desarrolladores inmobiliarios y empresarios, en un ejercicio de diálogo que le permitió recoger propuestas y demandas directamente de quienes mueven la economía estatal. Ahí, acompañado por actores como Noé Cabrera, dejó ver que su estrategia pasa por sumar voces diversas bajo una misma narrativa de desarrollo.
En Camargo, el foco estuvo en el campo, donde existe abandono institucional y falta de voluntad política. También, en el Tianguis de la Tarahumara, el alcalde cambió el escenario para acercarse a los sectores populares, reconociendo el esfuerzo cotidiano de los comerciantes.
Así, entre industria, campo y economía informal, Pérez Cuéllar construyó un fin de semana de territorio que apunta a consolidar su perfil como figura estatal en la ruta de la transformación.

