La crisis interna del PAN en Chihuahua terminó por explotar. Ya se veía venir. Lo que comenzó como una disputa por la candidatura a la alcaldía de la capital ahora se ha convertido en un enfrentamiento entre antiguos aliados, con acusaciones de por medio y una gobernadora que parece decidida a tomar distancia de quien fuera uno de sus funcionarios más importantes y cercanos.
María Eugenia Campos aprovechó una entrevista con Latinus para señalar al exfiscal César Jáuregui por actuaciones relacionadas con la participación de agentes estadounidenses en el desmantelamiento de un narcolaboratorio. La mandataria aseguró que hubo decisiones tomadas sin informarle y reprobó esa supuesta conducta. Vaya manera de despedir a un antiguo colaborador.
“Se actuó por la libre por parte del exfiscal, por parte de otras personas al interior de la Fiscalía General del Estado, y eso no se puede perdonar”, digo Campos.
La gobernadora también sostuvo que las consecuencias políticas de aquel episodio recayeron sobre ella, al colocarla en una confrontación con el Gobierno federal. La verdad que esa desencuentro viene de tiempo atrás, ya lo hemos tratado en este espacio. Su explicación parece encaminada a deslindarse de las decisiones de la Fiscalía, aunque resulta difícil separar completamente a una administración de las actuaciones de uno de sus principales funcionarios.
El asunto tiene dos vertientes, veamos por qué. Por un lado, la investigación de la Fiscalía General de la República; por otro, las indagatorias de la propia Fiscalía estatal. Esta última despierta especial interés político porque pertenece a la estructura institucional del gobierno encabezado por Campos, circunstancia que obliga a extremar la transparencia para evitar sospechas de utilización electoral.
Y es que la coincidencia resulta demasiado oportuna para pasar inadvertida, porque Jáuregui busca la candidatura panista a la presidencia municipal de Chihuahua y, justo cuando intenta fortalecer su proyecto, aparecen públicamente los reproches de quien hasta hace poco era su principal respaldo político.
El rompimiento entre Campos y Jáuregui es evidente. Las declaraciones de la mandataria permiten interpretar que el exfiscal ha dejado de ser una opción de su preferencia para la alcaldía. Naturalmente, nadie lo admite en esos términos. En política siempre resulta más elegante hablar de instituciones, responsabilidades y procedimientos.
Jáuregui respondió con un video en el que defendió su actuación frente al crimen organizado y aseguró que volvería a tomar las mismas decisiones. También rechazó haber cometido algún delito y expresó su disposición a enfrentar las consecuencias legales si las autoridades determinan alguna responsabilidad.
Sin embargo, su mensaje tuvo una segunda lectura, claramente dirigida hacia el interior del PAN. “A mí no me van a doblar”, advirtió, mientras denunciaba presiones políticas y rechazaba acuerdos realizados a espaldas de quienes integran su proyecto. La respuesta fue firme, aunque cuidadosamente calculada para evitar una ruptura todavía mayor.
El exfiscal sabe que se encuentra contra la pared. Una confrontación abierta con la gobernadora podría complicar (más) sus aspiraciones, mientras que guardar silencio equivaldría a dejar sin respuesta señalamientos que afectan su imagen. Por eso decidió defenderse y, al mismo tiempo, reivindicar su pertenencia al panismo chihuahuense.
¿Resulta creíble que María Eugenia Campos desconociera la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua? ¿Cómo explicar los presuntos encuentros de estos con altos mandos de la Fiscalía sin que ella se enterara? ¿Tenía Jáuregui tanto poder para negociar por su cuenta la participación de agentes extranjeros? ¿Nadie le informó de las posibles consecuencias diplomáticas? ¿O el desconocimiento resulta ahora políticamente conveniente?
Todo este enfrentamiento representa más combustible político para Morena. Su coordinador estatal, Cruz Pérez Cuéllar, seguramente observa con atención una crisis que podría convertirse en una oportunidad para fortalecer su posición rumbo a la disputa por Chihuahua. Mientras el PAN consume energías en sus diferencias internas, sus adversarios encuentran nuevos argumentos para cuestionar su capacidad de gobierno.
Además, algunas encuestadoras han colocado a Pérez Cuéllar con ventaja en las preferencias electorales. A ello se suma la polémica por esta medición interna del PAN que, según ha trascendido, habría sido revelada involuntariamente por su dirigente nacional, Jorge Romero.
La situación resulta especialmente difícil para el panismo porque las disputas internas pueden terminar ampliando las ventajas que sus adversarios ya registran en determinadas mediciones. Pérez Cuéllar podría aprovechar políticamente esa coyuntura, mientras Campos y Jáuregui protagonizan una confrontación que amenaza con desgastar al partido antes de que comience formalmente la competencia electoral.
Mientras tanto, el PAN de Chihuahua ofrece un espectáculo poco alentador para sus militantes. La gobernadora cuestiona a su antiguo fiscal, el exfiscal se declara dispuesto a resistir y Morena encuentra un escenario favorable para intentar ampliar su ventaja. Todo esto ocurre mientras el partido intenta presentarse como una alternativa de orden y unidad. Una tarea complicada cuando la principal oposición parece encontrarse dentro de su propia casa.
El panismo chihuahuense ha repetido hasta el cansancio que el peor enemigo de Morena es el propio Morena. Sin embargo, ahora parece que esa sentencia describe mejor lo que ocurre dentro del PAN.

