La presentación de Marco Bonilla como el hombre del PRIAN para disputar la gubernatura de Chihuahua en 2027 resultó bastante gris. El pasado sábado, el alcalde de la capital llegó a Ciudad Juárez dispuesto a mostrar músculo político, pero terminó exhibiendo la anemia que padece Acción Nacional en materia de convocatoria en esta frontera.
De entrada, eligieron la zona peatonal de la avenida 16 de Septiembre, junto a la Catedral, un espacio donde reunir a dos o tres mil personas permite aparentar una concentración mucho mayor. Los organizadores hablaron de 15 mil asistentes, una cifra que probablemente ni ellos mismos creían. Protección Civil Municipal calculó apenas cuatro mil, con todo y la afluencia habitual de visitantes que registra el Centro Histórico los fines de semana.
Para completar el cuadro, hubo reportes de numerosos policías estatales vestidos de civil entre los asistentes, algunos durante su día franco y otros presuntamente en horario laboral. También circularon versiones de agentes ministeriales que habrían sido obligados a acudir.
La presencia de Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, y de la gobernadora María Eugenia Campos tampoco consiguió convertir aquella concentración en la demostración de fuerza que esperaban. Bonilla fue presentado prácticamente como el futuro candidato panista, aunque todavía falten los procedimientos electorales correspondientes.
Y como el PAN tiene muchos sueños, ahora Bonilla salió con el cuento de las boletas planchadas. Asegura que en las elecciones de 2024 hubo 120 mil papeletas con esas características en Ciudad Juárez y que, al impedirlas en 2027, su partido recuperará competitividad.
Se trata de una afirmación que exige pruebas documentales y resoluciones de las autoridades electorales. Mientras no las presente, parece un pretexto bastante cómodo para explicar sus derrotas.
Resulta verdaderamente curioso que el alcalde de Chihuahua con licencia encuentre en unas supuestas boletas sin dobleces la explicación de la enorme distancia electoral entre Morena y Acción Nacional en esta frontera. Según su razonamiento, bastaría con vigilar mejor las urnas para que aparezcan, casi por generación espontánea, los miles de votos que hoy no consigue su partido. Qué maravilla de estrategia electoral.
Bonilla también anunció que permanecerá buena parte del tiempo en Juárez y que promoverá foros sobre seguridad, calles dignas, oportunidades para jóvenes y desarrollo económico. Temas importantes, desde luego, aunque sería conveniente comenzar por explicar los resultados del gobierno estatal en esta ciudad. La gobernadora Campos lleva años administrando Chihuahua y el PAN tendrá que responder por ese desempeño cuando pida nuevamente el voto.
Por ahora, el arranque de Bonilla dejó una explanada ocupada apenas en una tercera parte, denuncias de presunto acarreo policiaco y una nueva teoría sobre las boletas electorales. El PRIAN puede organizar ceremonias, repartir nombramientos y anunciar multitudes de 15 mil personas. Lo complicado será convencer a los juarenses de que merece regresar al poder municipal y ganar una gubernatura que pretende disputar con discursos y excusas.
La doble moral prianista
Algo que llamó la atención durante el evento del PRIAN, el pasado sábado en Ciudad Juárez, fue la presencia de mujeres con vestuario de espectáculo, bastante ligero, sobre una plataforma móvil utilizada durante la concentración. La fotografía muestra a una de ellas con un conjunto negro de dos piezas y un llamativo adorno de plumas rojas. Hasta ahí, nada extraordinario. Cada quien tiene derecho a vestirse como quiera.

Lo curioso es que semejante espectáculo apareciera en una actividad política de Acción Nacional, un partido que durante décadas ha presumido su defensa de la familia, las buenas costumbres y los valores tradicionales. Resulta que, cuando se trata de animar una concentración, hasta las plumas rojas encuentran acomodo en el discurso de la moral panista. Vaya flexibilidad ideológica.
Recordemos que el PAN tiene una larga historia de posiciones conservadoras frente a temas como el aborto, la educación sexual y los derechos reproductivos. Sus sectores más tradicionales han defendido una visión de la familia y de la sexualidad sustentada en principios religiosos. Sin embargo, cuando conviene atraer miradas en un acto partidista, parece que el reglamento de las buenas costumbres se toma el fin de semana libre.
Otro ejemplo está en el matrimonio igualitario, al que distintos dirigentes y legisladores panistas se opusieron durante años con argumentos relacionados con la familia tradicional. También han existido resistencias dentro del partido a políticas de educación sexual integral. De ahí que resulte particularmente llamativo el contraste entre ese historial de posturas moralistas y la utilización de una estética provocativa en sus propios espectáculos políticos.
La contradicción también alcanza al discurso sobre la dignidad de las mujeres. Mientras Acción Nacional presume su compromiso con ellas, la utilización de bailarinas como parte del atractivo visual de una concentración abre una pregunta sobre el papel que los organizadores decidieron asignarles.
Y todo esto ocurrió durante la presentación de Marco Bonilla como coordinador estatal de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad. Con semejante nombre, uno habría imaginado una ceremonia de solemnidad casi parroquial. Pero ahí estaban las plumas rojas, los atuendos de espectáculo y una plataforma móvil que parecía haber llegado de otra celebración. La patria y la familia tuvieron, por lo visto, su momento de cabaret.
Al final, las mujeres que participaron en el evento tienen pleno derecho a trabajar, bailar y vestir como les plazca. Quienes merecen el cuestionamiento son los dirigentes de un partido que suele repartir lecciones de moral mientras adapta sus principios a las necesidades del espectáculo político. En el PAN de Chihuahua, hasta la moral parece tener vestuario para cada ocasión.

