En el PAN de Chihuahua ya nadie parece escuchar el silbato. La guerra por la candidatura a la alcaldía de la capital dejó de ser un asunto de pasillos para convertirse en un espectáculo cotidiano de filtraciones, memes, apodos y golpes bajos. Mientras tanto, la dirigente estatal, Daniela Álvarez, intenta poner orden en una fiesta donde cada quien ya llevó su propia bocina.
La gota que derramó el vaso, fue gracias a la directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud, Fernanda Martínez, que publicó un mensaje en redes de respaldo al secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña, acompañado de un señalamiento que cayó como una bomba dentro del blanquiazul.
“Hoy vemos a muchos que dicen ser panistas, pero que no viven los valores del PAN, podrías tener 60 años militando, pero ¿representas realmente los valores del PAN y de Chihuahua si nunca fuiste capaz de poner primero a tu propia familia?”, escribió. Antes había afirmado que quien no es capaz de “respetar, cuidar y serle fiel a su propia familia, no es capaz de cuidar un municipio”, además de sostener que el liderazgo verdadero “empieza en casa, no en los escándalos”. ¿Qué sabrá sobre una infidelidad tan escandalosa?
Aunque la funcionaria no reveló a quién dirigía sus palabras, entre la militancia panista el mensaje fue interpretado de inmediato como un dardo con destinatario conocido. En medio de la creciente guerra interna por las candidaturas rumbo a 2027, la publicación terminó por avivar aún más las tensiones dentro del PAN y confirmó que la contienda ya se libra no solo en reuniones privadas, sino también a través de mensajes públicos y redes sociales.
Ayer, demasiado tarde, Daniela Álvarez pidió a los suspirantes dejar de lado los señalamientos personales. El problema es que el pleito ya había agarrado vuelo y el tepache llevaba rato regado. Hace unos días aseguraba que Morena estaba metiendo cizaña en el PAN; hoy esa teoría parece innecesaria. Los propios panistas producen suficiente guerra sucia como para no requerir ayuda externa.
La lista de suspirantes hasta hoy se encuentra así: César Jáuregui, Manque Granados, Jorge Soto, Carlos Olson, Alfredo Chávez, Santiago de la Peña, Alan Falomir y Rafael Loera. Todos quieren llegar, pero ninguno parece dispuesto a esperar.
Especial atención merece Santiago de la Peña. Algunos panistas de hueso colorado, en términos mundialistas, esperaban que el secretario general de Gobierno actuara como el árbitro encargado de mantener el equilibrio político. Sin embargo, hoy lo ven jugando el partido con la camiseta bien puesta. Incluso hay quienes, entre café y café, bromean diciendo que cada vez que come en el Shangri-La arrecian las filtraciones y la guerra sucia dentro del PAN.
Cada vez más panistas piensan que Daniela Álvarez ya no transmite la imagen de una dirigente capaz de imponer orden. Su liderazgo luce rebasado por los grupos internos, incapaz de contener una confrontación que apenas comienza y que difícilmente terminará pronto.
Mientras el PAN dedica tiempo a resolver quién elimina a quién dentro de su propia casa, Morena observa desde la otra banqueta. No necesita intervenir demasiado cuando sus adversarios se desgastan solos. Cada día que pasa, la guerra interna representa una oportunidad para quienes hoy encabezan las preferencias rumbo a la sucesión de María Eugenia Campos.
Cuando comparecer depende del color del partido
Ahora el PAN le pide a Morena en el Congreso que reciba al alcalde Marco Bonilla para explicar la vialidad Poniente 5. Hablan de apertura, de escuchar argumentos y de construir consensos. Da la impresión de que la palabra “comparecencia” cambia de significado según quién ocupe el micrófono. Cuando las preguntas apuntan hacia casa, el diálogo suele pedir vacaciones.
Parece que ya se les olvidó a los blanquiazules que cuando legisladores solicitaron que la gobernadora María Eugenia Campos compareciera para responder sobre los señalamientos relacionados con la llamada “CIA”, el PAN y el PRI, que son lo mismo, cerraron filas para impedirlo. En aquel momento no hubo llamados al consenso ni discursos sobre el valor de escuchar todas las voces. La mayoría legislativa bastó para bajar la cortina.
Ahora Alfredo Chávez pide a Morena que tenga “valor civil” para recibir a Bonilla. Dicen los que dicen saber que el valor civil no puede exigirse únicamente al adversario. También implica permitir que los propios funcionarios respondan ante el Congreso cuando existen asuntos de interés público que merecen ser aclarados.
Nadie cuestiona que un alcalde explique una obra pública. Eso forma parte de la rendición de cuentas. Lo que resulta difícil de sostener es que quienes bloquearon la comparecencia de la gobernadora ahora pretendan dar lecciones de transparencia y diálogo institucional.
El PAN tiene derecho a defender los proyectos de Marco Bonilla. Lo que no puede hacer es pedir apertura para unos mientras mantiene cerrada la puerta para otros. La credibilidad del discurso democrático empieza por aplicar las mismas reglas a los propios antes que a los adversarios.
Desmentir a la gobernadora en 2 minutos
Ayer, la gobernadora fue a Guachochi con un discurso basado en mentiras. Pero el coordinador de los diputados de Morena, Cuauhtémoc Estrada, tardó apenas dos minutos en desmentirla con un video. Campos aseguró que el Gobierno Federal les prometía bienestar a los habitantes, cuando —según afirmó— en realidad solo les llevaba muerte.
Pues resulta que de sus 50 mil habitantes, alrededor de 34 mil reciben algún programa social federal. Adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad representan, dijo, una inversión anual cercana a los 900 millones de pesos que llegan de manera directa a quienes más lo necesitan.
El legislador comparó esa inversión social con los 77 millones de pesos que, según señaló, el Gobierno del Estado destina a publicidad oficial. Dos modelos de gobierno, dos formas distintas de entender el uso del presupuesto y una comparación que dejó a la gobernadora sin mucho margen para sostener su narrativa.

